jueves 11 de julio de 2019 - 2:49 PM

‘Pincel sobre lienzo’ para enmendar las heridas de la guerra

Javier Pallares fue víctima de una mina antipersona que le explotó en las manos hace 22 años. Su historia de vida es inspiración para muchos, ha destacado en varias exposiciones con sus bellos cuadros, labor que ahora combina con una bella labor social en el Hogar Jesús de Nazareth, fundación que le tendió la mano cuando llegó a Bucaramanga.

Nacido en San Pablo Bolívar, Javier se crió en los llanos orientales, en una familia de agricultores. Inició desde muy joven la labor en el agro para ayudar a sus padres con los gastos familiares.

Pero al cabo de unos años, en busca de mejores condiciones laborales, salió de la casa de sus padres hacia el sur de Bolívar para trabajar en una finca ganadera. Tenía 22 años, todas las ganas de vivir y salir adelante por sí mismo, pero una tragedia opacó esos sueños.

El 10 de enero de 1999, era un día cotidiano de labores para Javier. Entusiasmado se dispuso a iniciar su jornada de trabajo.

“Ese día en la tarde iba a hacer el encierro de unos animales, y en medio del terreno me encontré el aparato, no sabía que era, lo sujeté y se me hizo raro, me invadió la curiosidad por saber qué era, al moverlo se activó. En el momento no quedé inconsciente, pero luego de tanto derramar sangre perdí el conocimiento”, recuerda Javier.

Con la fuerte explosión, los jornaleros que estaban cerca a la finca se percataron y corrieron a auxiliarlo. Debido a la gravedad de las heridas, fue remitido de inmediato a Cartagena, en donde estuvo más de 3 meses hospitalizado. Lamentablemente, los médicos no pudieron hacer nada por curar sus manos y tuvieron que amputarlas.

Sin manos aprendió a pintar

En medio del duro proceso de aceptar una condición diferente, apareció para Javier una oportunidad que lo haría renacer y sentir que no quedó incapacitado.

“Al principio fue algo muy duro, para adaptarme a no usar las manos y aprender a usar lo que quedaba. Fue un proceso lento, tomó mucho tiempo, yo mismo debí ayudarme, fui consciente de que eso no dependía de nadie más que de mí mismo”, expresa Javier.

La Cruz Roja Internacional le brindó el apoyo con la asistencia de médicos y lo orientó en el debido proceso psicológico. Fue llevado a un seminario de la Casa San Felipe de Neri en Bogotá, donde pudo tomar las clases de artes e inició en la pintura.

Javier cuenta que el arte nació con él, desde niño le gustaba dibujar paisajes, pero nunca se percató de que tenía un dote especial con el pincel y las pinturas. “Aprendí rápidamente las técnicas básicas y el movimiento de los colores, cuando llegué al reconocimiento técnico de la paleta, me emocioné y no paraba de hacer lienzos para llenarlos de colores”, cuenta entusiasmado.

Encontró un hogar

Al término de sus cursos en la Casa San Felipe de Neri, Javier llegó a Bucaramanga buscando una nueva oportunidad lejos del conflicto. Para su buena suerte encontró una fundación que sería su hogar por los próximos 20 años.

“Conocí el Hogar Jesús de Nazareth cuando recién estaba comenzando en el barrio Kennedy. Yo fui la primera víctima por explosión de mina que llegó aquí, la señora Yolanda me acogió y siempre estuvo atenta a colaborarme, me amañé y aquí me quedé”.

Actualmente la Fundación Hogar Jésus de Nazareth, se encuentra ubicada en el barrio García Rovira. Brinda servicios de atención integral a población víctima del conflicto armado, de minas antipersona y también a la población en situación de desplazamiento forzado.

Allí le brindaron a Javier un hogar, comida y familia, con lo que tuvo la oportunidad de continuar su carrera de bellas artes. Desde entonces ha sido la imagen de esta fundación, por estar desde sus inicios y porque ha contribuido al servicio social que esta presta.

“Durante todo ese tiempo he permanecido aquí colaborando pero oficialmente llevo 4 años vinculado a la labor social de la fundación”, comenta.

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“Nos demolieron sueños”

Javier tenía un espacio en la fundación para poder dictar talleres de pintura a los niños de la fundación, pero el salón trasero en el que lo hacía les fue quitado durante la gobernación de Horacio Serpa Uribe.

“Antes teníamos un taller, había oficina de fisioterapia, de salud, pero luego fue demolido para unas oficinas de archivo de la Gobernación, que terminó siendo para ampliarles el parqueadero. Nos demolieron ese sueño”, cuenta Javier.

A pesar de las dificultades, este artista desarrolló su técnica de oleo sobre lienzo, lo que se convirtió en su medio de trabajo. Pinta por encargo para distintas empresas, fundaciones y personas que han admirado su talento y le piden algún retrato especial.

Cuando se dedica a ensayar los colores, lo que más le apasiona pintar son caballos, “me gustan porque transmiten fuerza y libertad”, dice.

Oportunidades valiosas

Javier encontró en la pintura una forma de expresión, de cura y de aceptación en ese difícil proceso de continuar. Sus cuadros adornan las paredes de la fundación que le abrió las puertas y lo acogió durante tantos años, representan el camino y la preparación que ha tenido en el arte.

Pero también ha tenido la oportunidad de ser invitado a exposiciones de colectivos de artistas de la ciudad. En el 2005, participó en una importante subasta que se realizó en el Centro Comercial Cuarta Etapa, y ha participado en distintas campañas de Minas antipersona, donde ha mostrado su arte como resiliencia ante la tragedia.

Sueños por cumplir

Para hablar de sus sueños es un poco tímido y reservado, cuenta que lo que quiere hacer es conocer todo Colombia, “aquí lo tenemos todo, no tenemos nada que envidiar a otros lugares”, afirma.

En cuestiones del amor, Javier dice que ha sido afortunado, pero todo lo que quiere es poder tener su propia casa.

“Después del accidente, formé un hogar, del cual tengo un hijo de 14 años, me separé hace algún tiempo de la mamá, así que solo lo veo algunos fines de semana. Ahora tengo otra relación y me gustaría organizarme, vivir con mi pareja y hacer nuevamente un hogar”.

Javier también tiene como propósito seguir con el legado de Yolanda González, fundadora del Hogar Jesús de Nazareth, quien partió hace dos meses.

“Las familias y niños que viven aquí pensaron que la fundación cerraría y que no tendrían un techo dónde vivir, pero aquí seguimos nosotros firmes en colaborar y prestar todos los servicios, Yolanda quería que siguiéramos progresando para brindar más ayuda a más personas que lo necesiten”

Por eso no le gusta decir que es víctima de una mina antipersona, él tiene la convicción de que todo fue voluntad de Dios y que estuvo destinado a la labor social en la fundación. “Yo atiendo las visitas, les hago el recorrido del hogar, explico la historia, la metodología y la labor que realizamos aquí, colaboro en lo que más pueda y lo hago con todo el cariño y gratitud que le tengo a mi hogar”, finaliza.

Si usted desea apoyar a este artista puede comunicarse con él al número 350 8088213.

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