martes 09 de julio de 2019 - 12:00 AM

El drama de una madre santandereana por proteger a sus hijos de la guerra

Esta es la historia de una madre cabeza de hogar que lucha por evitar que sus dos hijos sean reclutados por el Eln. Ha tenido que pasar por tres desplazamientos forzados para proteger a sus pequeños, la menor padece de cáncer.
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El horror de la guerra en Colombia no ha desaparecido, aún en el país se registran casos de desplazamiento forzado que golpea al interior de las zonas olvidadas por el Estado, donde hay presencia de disidencias de las Farc y otros grupos al margen de la Ley.

El sufrimiento para esta mujer empezó hace 12 años cuando asesinaron a su esposo, acusado de ser ‘auxiliador’ del Eln. El doloroso hecho la hizo entrar en una fuerte depresión lo cual afectó a su bebé que estaba próxima a nacer.

A ella también la sentenciaron y desde entonces ha tenido que vivir con el miedo por amenazas de grupos al margen de la Ley. Su hija desde que nació se enfermó, le diagnosticaron Histiocitosis de las Células de Langerhans, enfermedad que la tuvo durante 4 años en tormentosos tratamientos oncológicos. Ella y su familia vivían en Bucaramanga.

“Tuvimos que desplazarnos en el 2010 por primera vez desde Bucaramanga a Cúcuta, me relacionaron con mi esposo, me señalaron igual que a él, de informante”, cuenta esta mujer. Vanguardia aclara que por seguridad de ella y su familia no se publicará su nombre.

Semanas después, pese a las amenazas, la mujer se vio en la necesidad de retornar a Bucaramanga donde su pequeña hija recibía el tratamiento contra el Cáncer.

Desplazados de nuevo

En medio de estar pendiente día y noche de su hija en la clínica sin descuidar a su otro hijo, surgió nuevamente el temor ya que en una llamada desconocida le dieron 24 horas para irse de la ciudad, por lo que nuevamente tuvo que salir para Cúcuta.

“Me dijeron que por la bebé me lo advertían y me daban ese tiempo de irme, con mucho pavor arranqué sola con mis hijos porque no tengo ningún apoyo familiar, cogí a la niña, el niño tuve que dejarlo con una amiga y mandarlo a recoger después, llegamos a Cúcuta nuevamente a empezar de cero”.

Esta mujer debía mantener siempre bajo perfil, en las noches no se atrevía a salir a la calle ni tampoco se lo permitía a sus hijos, pero aun así, actuando con cautela, el miedo nuevamente volvió a invadir a su familia en el año 2017.

La razón: en Cúcuta volvió a empezar la alteración del orden público. La Red Departamental de Víctimas de Norte de Santander informó sobre las constantes amenazas que se estaban presentando en la zona por grupos armados ilegales.

Esta vez las amenazas eran más crueles y contundentes “ya sus hijos están grandes, su hijo ya nos aguanta el rifle, también nos puede acompañar en las filas como el papá”, recuerda con llanto las advertencias de los hombres.

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Del campo nuevamente a la ciudad

Sin otra alternativa tuvo que migrar de nuevo, en esta ocasión decidió irse para Málaga, Santander. “Allá tenía conocidos que me iban a colaborar para estabilizarnos un poco”, aseguró.

Sin embargo el pasado 2 junio, mientras se encontraban en un paseo de familiar en Tequia, una vereda de San José de Miranda, municipio cercano a Málaga, tres hombres en dos motocicletas los rodearon.

“Nos interceptaron tres hombres en una “y”, me llamaron por mi primer nombre. Yo me hice la loca como que no era conmigo, me angustié porque allá me conocen es por mi segundo nombre. Me dijeron que no me hiciera loca que era conmigo que ellos ya sabían todo de mi negocio”, dijo.

“En ese instante el niño venía atrás, la niña si estaba conmigo, me cogió del brazo fuerte y ellos fijaron su mirada en ella mientras decían que también está bonita. Me entró un frío por todo el cuerpo, quedé muda. Luego me dijeron que no se me hiciera extraño que ellos se llevaran el niño para reclutarlo”, recuerda.

Angustiada por lo que parecía ser una nueva amenaza, la mujer llegó hasta su casa y allí le contó lo ocurrido a una de sus amigas. Sin darse cuenta su hijo de 15 años escuchó todo el relato y a los dos días huyó de la casa.

“Yo rogaba que me llamara, me angustiaba saber de él, puse la denuncia por su desaparición, fueron los momentos más duros en toda mi vida. Finalmente cuando llegué a Bucaramanga por los controles de la niña, se pudo comunicar conmigo”, dijo.

“Mami yo estoy lejos, no me voy a dejar llevar, y si me van a llevar yo sé que me van a matar porque no voy a aceptarlo de ningún modo”. Me contó que se había ido caminando desde Málaga hasta Barranquilla, durante 15 días, estuvo en una playa trabajando en lo que le salía.

Siguen buscando ayuda

Con otra amenaza encima, tuvo que regresarse a Bucaramanga, con cada desplazamiento se ha ido quedando sin nada, por salir de apuros ha tenido que desprenderse de sus bienes materiales y ‘andar’ solamente con lo necesario: la ropa y los papeles de la Fiscalía y la Unidad de Víctimas, que certifican que es desplazada, de esta forma ha podido conseguir refugio y ayuda de algunas fundaciones de la ciudad.

“Antes era más fácil porque los niños no entendían muy bien lo que pasaba, no asimilaban por qué nos movíamos de un lado para otro, pero ahora que ya son conscientes de lo que pasa, viven aturdidos por esta situación. La niña la tuve que llevar a San Camilo, la doctora de Cardiología la remitió porque ella no dejaba de decir que se la llevarían, que igual se iba a morir.

Ante las amenazas y el acoso que ha vivido esta madre, ha pedido constantemente a la Unidad de Víctimas y a la Fiscalía un refugio para ella y sus hijos. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ha atendido su caso y les manifiestan la posibilidad de gestionar un refugio en el exterior, pero deben conseguir el dinero para los pasaportes y los viajes.

“Es una idea que estamos considerando, pero la Unidad Nacional de Protección nos dice que como no somos políticos, líderes sociales o comunales, ni testigos de la Fiscalía, entonces no entramos en el beneficio de protección”, agrega.

La historia de esta madre, es solo un pequeño espejo de la crudeza que soportan familias que aún se ven azotadas por el conflicto y la violencia. Si usted desea colaborar a esta familia puede comunicarse con la fundación que le ha tendido la mano al número 318 393 4241.

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