Bucaramanga
Miércoles 17 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Un año después del COVID-19: así vivieron los niños santandereanos la pandemia

Nueve niños que viven en Santander comparten su angustia inicial, experiencias y temores un año después de que se reportara la llegada del COVID-19 a nuestro departamento.

Este es el relato de la pandemia de nueve niños que viven en Santander. (Foto: Jaime Moreno/VANGUARDIA).
Este es el relato de la pandemia de nueve niños que viven en Santander. (Foto: Jaime Moreno/VANGUARDIA).

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Publicado por: Fernanda Sandoval

Estudian en diferentes colegios. Tomaban sus vacaciones en familia en diferentes lugares del país. Muchos de ellos tienen abuelos y familiares que registran en las listas de personas con mayor riesgo de contagio y han tenido que pasar días invadidos de miedo pensando en si se están tomando las medidas necesarias en casa.

Pero tienen mucho más que eso en común. También dejaron de ver a sus familiares, de hablar con amigos, de salir al parque a jugar. Dejaron de vivir una infancia plena para guardar en su memoria un año lleno de sentimientos aterradores. Al menos así lo califican algunos expertos. Pero, en palabras de ellos, esta temporada, que no dice cuando acabar, “no fue del todo mala”, y que con la perspicacia y resiliencia aseguran que la convirtieron en un año “lleno de aprendizajes”.

Este es el relato de la pandemia de nueve niños que viven en Santander.

Laura Camila Díaz:

Este año de pandemia lo viví como la mayoría, en casa, con mis padres porque no pude visitar a mis abuelos ni a mis tíos por su salud. Me dediqué a estudiar, a mis clases del colegio, de inglés, de música. Lo más bonito de la cuarentena fue que pude compartir más tiempo con mis papás, antes no lo hacíamos por sus ocupaciones; eso me hizo sentir muy feliz. Algo que también me gustó mucho fue que mis papás me regalaran un perrito, antes no lo considerábamos por las ocupaciones, porque no había tiempo. Ahora se convirtió en mi compañía.

No todo fue bueno. Esa situación inesperada me despertó sentimientos de solidaridad ante lo que atravesaron muchas personas. También hubo tiempo para extrañar al resto de mi familia, mis amigos, los paseos del fin de semana. Pero siempre aterricé y supe que era por el bien de todos.

Definitivamente aprendí mucho. Aprendí a conocerme, a adaptarme al cambio, a ponerme retos, a desenvolverme en el mundo de la virtualidad. Esto me hizo mucho más fuerte.

Laura Juliana Pinzón:

Muchos dirían que el 2020 fue un mal año, pero para mí no. Para mí fue un año diferente, pero en el que nos adaptamos a los cambios y pudimos salir adelante a pesar de todo.

Estuvo lleno de cambios y sorpresas. Por ejemplo, las clases se volvieron virtuales, y utilizamos plataformas para comunicarnos con profesores y compañeros. Cuando queríamos ver a esa personita que tenía lejos, podíamos hacer una videollamada. Aprendimos a usar todas esas herramientas que a fin de cuentas nos sirvieron demasiado. También me encantó que en el tiempo que estuvimos en casa, aprendí a hacer muchas cosas. Intenté muchas recetas, pinté, practiqué canto. Fue algo muy hermoso porque eso me hacía sentir mucho mejor y a distraerme.

Danna Melissa Salazar:

Lo más difícil de este año de pandemia fue no haber podido salir a jugar con mis amigos, no poder ir al parque, no poder seguir practicando el patinaje. Pero de esta pandemia aprendí a valorar más a mi familia, a compartir más con ellos y disfrutarlos más.

Ana Gabriela Suárez:

Durante este año de pandemia me sentí bien, por un lado, porque estuve más tiempo con mi familia, con mi hermana y mi mascota. Pero también me sentí mal porque no podíamos ir al colegio a recibir las clases y, lo más importante, compartir con los compañeros y profesores.

Mariana Oyola:

De la cuarentena me disgustó que a veces no podía estar con algunos familiares y amigos, no los podía ver a la cara ni abrazar. Sin embargo, tuve más tiempo para muchas cosas, para la familia, la oración, para compartir con mis hermanos. Y, siendo sincera, no hubiéramos vivido nada de eso si estuviéramos llevando una vida “normal”.

Melissa Amador Mora:

A raíz de esta pandemia, yo aprendí lo más importante: valorar a la familia. Las personas que tenemos al lado tienen un valor muy especial, sin importar si son los más humildes o los más adinerados. En mi caso, le tomé mucho cariño a las personas que nos ayudan con las labores del apartamento porque ellos han sido muy buena gente con nosotros.

También me he podido divertir con muchas cosas y he pasado mucho tiempo con mi familia. Hemos aprendido a divertirnos con las cosas más simples. Pero aún da mucho temor salir a la calle, sentir que uno se va a contagiar del virus o que va a poner en riesgo la vida de los seres queridos, con un simple abrazo.

Juan Diego Muñoz:

Lo más difícil era ver llegar a mi mamá y no poder saludarla con un gigantesco abrazo y un beso, tener que esperar a que hiciera todo el protocolo, ya que ella es una heroína: es enfermera. Este año de pandemia fue difícil para mí y creo que para todo el mundo. Fue un año en el que en un abrir y cerrar de ojos cambió mi vida. Me llené de miedo al saber que si salíamos podíamos morir contagiados con el virus. Sin duda este ha sido un año difícil, pero también una oportunidad para pensar y valorar lo que tenemos. Estábamos acostumbrados a ir al parque, colegio, viajar en familia y tuvimos que quedarnos encerrados, eso me hizo extrañar todo.

También he aprendido mucho a valorar mi vida, mi familia. Todo lo que Dios nos regala día a día. He aprendido de la tolerancia y el respeto. Y lo que más me ha gustado es que he aprendido muchas cosas nuevas como el estudio en la virtualidad, a ser mucho más responsable e independiente. Ahora puedo ver a mi madre en casa, antes cuando ella descansaba yo estaba en el colegio. Sin duda este ha sido un año difícil, pero también una oportunidad para pensar y valorar lo que tenemos.

Natalia Leal Vesga:

En abril del año pasado, cuando llegó el coronavirus, pasamos por una vivencia no muy agradable para todos nosotros. Nos sentíamos asustados. No podíamos salir al parque ni bibliotecas, el lugar que más extraño al ser mi sitio de lectura favorito, un lugar maravilloso. Me sentí muy triste porque no podíamos hablar con los amigos, ir al colegio. Poco a poco nos tranquilizamos y empezamos con las normas de bioseguridad.

Lo más difícil fue no poder salir, hacer las cosas de antes, dar charlas y conferencias a los niños, ir a los colegios y ferias. Pero a raíz de eso tuve uno de los más grandes aprendizajes, adaptarme a la virtualidad para llegar a todos los niños. También practiqué muchas actividades que nos hicieron compartir tiempo en familia, que nos enseñaron a vivir y disfrutar. Esos ratos de la vida son los esenciales, los más bonitos. Ese año fue una mezcla de emociones. Al principio tristes, a veces alegres, preocupados, asustados. Fue un año inolvidable.

Sofía Mejía:

Primero quiero agradecerle a Dios por permitirnos estar en familia y con salud el día de hoy. Este año fue de muchos cambios, primero sentí mucho miedo de la enfermedad, aprendí a valorar lo que tengo, a dar gracias a Dios por lo que nos regala, a valorar a mi familia, a mi misma, a quererme a valorar los momentos compartidos. Extrañé mucho el colegio, a mis amigos, a mi familia, a mis profesores, y me gustó recibir clases ‘on-line’ porque nos enseñó a ser más independientes, a ser responsables y disciplinados.

Publicado por: Fernanda Sandoval

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