Varias familias de Floridablanca sufren por esta afectación ambiental. Malos olores y la proliferación de mosquitos impacta negativamente en la salud de los ciudadanos.

Publicado por: ÍNGRID P. ALBIS PÉREZ
No es la primera vez que los habitantes del barrio Molinos Bajos, en Floridablanca, se quejan por los problemas de contaminación que soporta la quebrada Zapamanga.
Del afluente hídrico emanan olores nauseabundos y se ve correr agua sucia, producto de los desagües que allí desembocan, según informan residentes del sector.
Ómar González, presidente de la Junta de Acción Comunal, comentó que el problema ha sido denunciado en reiteradas oportunidades, sin alcanzar una solución definitiva. La situación no es de hace una semana, si no de meses e incluso años.
“Las aguas residuales salen de unos ‘aliviaderos’ que instaló Empas. Quienes viven cerca de la quebrada, son los que más sufren”, precisó el dirigente comunal.
El líder explicó a Vanguardia Liberal que esos ‘aliviaderos’ no son más que unas estructuras o tuberías que se instalaron para que en épocas de intensa lluvia el agua desembocara a la quebrada. Tal decisión obedece a que las alcantarillas superan su capacidad y se rebosan. Sin embargo, la función no está cumplida, porque la salida de agua es permanente con o sin precipitaciones.
No obstante, González comunicó que las fallas en el sistema de alcantarillado también han causado otros perjuicios en el barrio. Por ejemplo, no se han podido pavimentar algunas calles, debido a que las redes que llevan unos 43 años funcionando deben ser renovadas primero. “Ya hicieron los estudios y se dieron cuenta que la tubería está agrietada”, precisó.
La Empresa Pública de Alcantarillado de Santander, Empas, informó que personal del área de conexiones erradas llegó hasta el punto señalado por los florideños.
Se constató que se trata de una falla en la estructura de separación, por lo que de inmediato se remitió el informe al área de Operación de Infraestructura para realizar el arreglo pertinente.
LA PENITENTE
Una situación similar se registra con los habitantes de Arrayanes I y II, Asdeflor, La Trinidad, Zapamanga y Santa Helena, quienes requieren de la canalización de la quebrada La Penitente.
El ‘dolor de cabeza’ allí es la mala disposición de residuos sólidos y el deficiente manejo de aguas negras por parte de barrios subnormales. Desde el 2000, la comunidad gestiona la descontaminación de La Penitente.
La falta de un sistema de alcantarillado en Asdeflor, específicamente, ha conllevado a que las familias que residan allí descarguen las aguas negras directamente sobre la quebrada.














