Nicolás Gómez Ariza, una voz apasionada por la poesía y la oratoria que también encuentra su lugar en la música, el deporte y la tecnología.

Hay niños que descubren desde muy temprano aquello que los apasiona. Nicolás Gómez Ariza, a sus 13 años, parece haber descubierto que puede apasionarse por muchas cosas a la vez. Una de ellas, quizá la más especial, es la palabra. Le encanta hablar, leer, jugar con el lenguaje, recitar poesía y encontrar en la oratoria una manera de expresar lo que piensa y siente. Cuando habla, lo hace con naturalidad, entusiasmo y una sensibilidad que logra captar la atención de quienes lo escuchan.
Su gusto por la expresión oral lo llevó a convertirse en finalista del certamen de declamación de su colegio, La Presentación. Allí tuvo la oportunidad de demostrar que su relación con las palabras va mucho más allá de una afición: ha desarrollado una verdadera habilidad para comunicarse, transmitir emociones y conectar con los demás. En la poesía ha encontrado, además, un espacio para explorar sus sentimientos y darle voz a aquello que lleva dentro.
Pero si algo define a Nicolás es que las palabras son apenas una parte de un universo lleno de curiosidad. Es un niño que encuentra fascinante descubrir cómo funcionan las cosas, aprender algo nuevo o enfrentarse a un reto diferente. Su mundo transcurre entre los libros y los poemas, pero también entre instrumentos musicales, computadores, canchas deportivas y campos de golf.

Nicolás nació en Bogotá, pero ha vivido toda su niñez en Bucaramanga, ciudad en la que ha crecido y desarrollado su vida académica, rodeado del cariño de su familia, sus amigos y sus profesores. Es hijo de Andrés Gómez y Claudia Patricia Ariza, dos reconocidos abogados que han acompañado de cerca cada uno de sus pasos y han visto con orgullo cómo aquel niño inquieto y soñador ha ido descubriendo, explorando y fortaleciendo sus talentos. También es el hermano de Ana Lucía, quien también ha participado en los concursos de oratoria.

La música es otra de sus grandes pasiones. Nicolás toca guitarra y batería. En los instrumentos encuentra una forma diferente de expresarse, de dejar que las emociones también hablen a través de los sonidos. La batería, especialmente, le permite desplegar energía, ritmo y entusiasmo, mientras que la guitarra le ofrece otra manera de acercarse a la música y disfrutarla.
Esta semana tendrá una nueva oportunidad para compartir ese talento durante la noche de talentos de su colegio. Frente a sus compañeros y profesores, volverá a subir al escenario para mostrar una de las facetas que más disfruta. Allí estarán nuevamente esa mezcla de emoción y nervios propia de quien se presenta ante un público, pero también la alegría de hacer aquello que le gusta.
El escenario, sin embargo, no es el único lugar donde Nicolás se siente cómodo. También hace parte del equipo de baloncesto de su colegio, donde disfruta compartir con sus compañeros y vivir el deporte como un espacio de aprendizaje y trabajo en equipo. Y desde los tres años y medio practica golf, una disciplina que lo ha acompañado durante gran parte de su vida y que le ha permitido desarrollar desde muy pequeño valores como la concentración, la paciencia, la disciplina y la constancia.
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En el universo tecnológico, su curiosidad toma otra forma. Nicolás siente una gran fascinación por la informática y la robótica, pero hay un área que despierta especialmente su interés: la programación de videojuegos. Mientras muchos niños disfrutan jugar, él también quiere entender qué hay detrás de la pantalla, cómo se construye un juego y cómo una idea puede convertirse en una experiencia interactiva.
Esa curiosidad lo llevó a aprender programación y ya ha creado dos juegos. Es una muestra de cómo Nicolás no se limita a consumir tecnología, sino que disfruta convertirse en creador y explorar las posibilidades que esta le ofrece. La programación le permite combinar imaginación, lógica y creatividad, tres elementos que parecen estar presentes en buena parte de las cosas que emprende.
Esa facilidad para transitar entre mundos tan diferentes también se refleja en el colegio. Nicolás es un verdadero ‘pilo’ en matemáticas y disfruta los retos que lo obligan a pensar, encontrar soluciones y poner a prueba su ingenio. En él conviven de manera natural la lógica de los números, la creatividad de la programación, la sensibilidad de la poesía, la energía de la música y la disciplina del deporte.

Tal vez por eso resulta difícil definirlo a través de una sola actividad. Nicolás es músico, deportista, programador, amante de la tecnología, lector, poeta y orador. Pero, más allá de todas esas facetas, es un niño profundamente curioso, que disfruta aprender y que todavía está descubriendo hasta dónde pueden llegar sus capacidades.
Entre sus compañeros ha logrado ganarse un espacio especial no solo por sus habilidades, sino también por la manera cercana, espontánea y afectuosa con la que se relaciona con los demás. En sus conversaciones hay entusiasmo, sensibilidad y una ternura que hacen que quienes lo rodean reconozcan en él a un compañero especial.

Creo que lo más bonito de la historia de Nicolás es que, detrás de tantos talentos, sigue estando simplemente un niño de 13 años que disfruta compartir con sus amigos, aprender cosas nuevas y explorar todo aquello que despierta su curiosidad. Puede pasar de recitar un poema a tocar la batería; de programar un videojuego a jugar baloncesto; de resolver un problema de matemáticas a practicar golf.
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Nicolás apenas comienza a escribir su historia y seguramente todavía quedan muchos talentos por descubrir. Por ahora, recorre cada uno de sus caminos con entusiasmo y sin miedo a explorar. Y a lo mejor esa es una de sus mayores virtudes: no sentirse obligado a escoger entre la música, el deporte, la tecnología, las matemáticas o las palabras, sino disfrutar de cada una y descubrir, en todas ellas, una nueva manera de aprender, crear y expresarse.

Porque Nicolás ha encontrado en la palabra una voz para contar lo que siente, en la música un ritmo para expresarse, en el deporte un reto para superarse y en la tecnología un espacio para imaginar y crear. Y con apenas 13 años, esa historia apenas comienza.
















