Cuatro estudiantes de Suratá y California, Santander, diseñaron robots que se adentran en la oscuridad para proteger la vida de los mineros. Ahora, ellas representarán a Colombia en Olimpiadas de Robótica, que se realizarán en Austria en enero próximo. Esta es la historia:

En la oscuridad de un socavón, donde la luz desaparece entre las paredes de roca y el aire esconde peligros invisibles, dos robots avanzan, exploran, detectan gases potencialmente tóxicos y proporcionan información que podría marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Uno se desplaza sobre orugas, diseñadas para superar las irregularidades del suelo; el otro, un ‘rover’ inspirado en los vehículos de exploración espacial, recorre los túneles con sensores atentos a las condiciones ambientales. No llevan picos ni palas, pero podrían convertirse en aliados fundamentales de quienes descienden cada día a las entrañas de la tierra para buscar el sustento de sus familias.
Estos prototipos nacieron lejos de los grandes laboratorios tecnológicos, en las aulas de Soto Norte, Santander, donde cuatro estudiantes descubrieron que la robótica podía contribuir a resolver uno de los problemas más sensibles de su territorio: la seguridad de los mineros tradicionales.
Saray Mendoza y Yéssica Mariana Toloza, de Suratá, junto con Esmeralda Suárez y María Fernanda Lizcano, de California, transformaron una preocupación cotidiana en un proyecto de innovación que las llevará a representar a Colombia en las Olimpiadas Internacionales de Robótica, previstas del 12 al 16 de enero de 2027 en Viena, Austria.
La historia comenzó durante una clase del Semillero de Robótica, cuando su instructor les propuso identificar una necesidad de sus municipios y buscar una solución desde la ciencia y la tecnología. La respuesta no tardó en aparecer. En Soto Norte, la minería forma parte de la historia, la economía y la vida familiar de numerosas comunidades. Sin embargo, la presencia de gases peligrosos en algunos socavones representa un reto permanente para la salud de quienes trabajan bajo tierra.
Para las jóvenes, no era un problema distante: tenía rostros conocidos, historias cercanas y familias que esperaban el regreso de sus seres queridos al final de cada jornada. A partir de esa inquietud, diseñaron un sistema de exploración minera capaz de ingresar a lugares donde una persona podría exponerse a condiciones peligrosas. La propuesta tomó forma mediante el ensamblaje de componentes electrónicos, la programación y la integración de sensores para identificar gases y medir su concentración. Los datos recopilados permitirían reconocer posibles amenazas antes de que los trabajadores ingresen a zonas comprometidas. De esta manera, la tecnología podría contribuir a evaluar el entorno y tomar decisiones preventivas.
El primero de los prototipos es el robot tipo oruga, bautizado como ‘Absorlent’ y diseñado para recorrer superficies irregulares y adaptarse a las exigencias del terreno subterráneo. Su chasis le permite desplazarse entre piedras, desniveles y espacios estrechos, mientras sus componentes electrónicos recolectan información ambiental.
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El segundo es el ‘rover’, también llamado Roberto, una plataforma móvil inspirada en los vehículos que exploran otros planetas. Equipado con sensores y un sistema de control programado, busca identificar las condiciones del aire y transmitir datos sobre la posible presencia de sustancias peligrosas. Son dos diseños distintos que comparten una misma finalidad: explorar primero para reducir la exposición de las personas al riesgo.
“El profesor, en un día de clase, nos preguntó cuál era uno de los problemas que teníamos en la provincia para buscarle una solución, y coincidimos en el problema de los gases que hay en la minería y que afectan el cuerpo humano”, recuerda Saray Mendoza al explicar el origen de la iniciativa. La estudiante destaca la participación del equipo en la formulación de la idea, el ensamblaje y la programación de los prototipos. Su experiencia demuestra que aprender robótica no consiste solo en conectar piezas o escribir código, sino también en comprender el entorno y aplicar los conocimientos a necesidades reales.
María Fernanda Lizcano, estudiante de California, dice que las cuatro jóvenes trabajaron juntas en el ensamblaje de los robots, las pruebas y el desarrollo del sistema de sensores. Esperan que la información sobre los gases y sus concentraciones contribuya a prevenir accidentes y a alertar a los trabajadores cuando las condiciones de una mina puedan resultar peligrosas.
Aunque los prototipos representan un avance, su aporte a la seguridad dependerá de la validación de las mediciones, la comprobación de su funcionamiento en condiciones reales y su integración con los protocolos de prevención minera.
Para las estudiantes, el primer paso ya está dado: demostrar que una idea surgida en el aula puede contribuir a proteger a su comunidad. Detrás de este logro también hay una apuesta por la educación y las oportunidades para las nuevas generaciones. El Semillero de Robótica del Proyecto Soto Norte de Aris Mining promueve la formación en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), así como el desarrollo de habilidades en programación, electrónica, diseño y resolución de problemas.
Este año el programa reúne a 73 estudiantes de instituciones educativas de California y Suratá, entre ellas el Colegio Integrado San Antonio, la institución Camacho Carreño y Las Mercedes. Desde su creación, en 2023, acerca las herramientas tecnológicas a los jóvenes y estimula su capacidad para transformar las inquietudes de su entorno en proyectos innovadores.
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El camino hacia las Olimpiadas Internacionales de Robótica también ha estado marcado por la perseverancia. En 2024, el equipo del Colegio Integrado San Antonio de California obtuvo el segundo puesto en los Intercolegiados en Robótica, organizado por la Fundación Colegio UIS. Un año después, el semillero ganó en la categoría de Proyectos Escolares de Inngeniate-c, encuentro de semilleros de investigación organizado por la UNAB.
Según Daniel Fernando Melo, instructor del programa, el proceso comenzó con un prototipo tipo oruga y continuó con mejoras en el chasis y la carrocería, hasta desarrollar dos plataformas de exploración: la oruga y el ‘rover’.
Ahora, el horizonte se extiende más allá de los socavones de Soto Norte. En enero de 2027, las cuatro estudiantes viajarán a Viena para participar en un encuentro que reúne a jóvenes de distintos países alrededor de la creatividad, la ciencia y la innovación. Su clasificación en la categoría Mujeres en la Ciencia les permitirá compartir su proyecto y demostrar que las jóvenes de nuestra tierra también pueden desarrollar soluciones tecnológicas de alcance internacional. Llevarán sensores, conocimientos de ingeniería y una convicción compartida: la tecnología cobra mayor sentido cuando responde a las necesidades humanas.
En Soto Norte, provincia con más de 450 años de tradición minera, estos robots abren una conversación sobre el futuro de la actividad y el papel de la educación en la protección de la vida. Desde California y Suratá, Saray, Yéssica Mariana, Esmeralda y María Fernanda demuestran que la curiosidad científica es una herramienta para transformar el territorio.
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Mientras la iniciativa avanza hacia nuevas pruebas y desarrollos, las jóvenes ya lograron convertir la preocupación por sus familias y vecinos en una propuesta que pone la ciencia al servicio de la comunidad. Llevarán esa convicción hasta Austria, con la esperanza de que sus circuitos también ayuden a salvar vidas.

















