Aunque aún no se conoce si el exministro de Salud, Alejandro Gaviria Uribe, postulará su nombre en los próximos comicios, varios partidos han ofrecido darle el aval político.

Publicado por: Nelly Vecino Pico
En la carrera presidencial a la Casa de Nariño siguen apareciendo nombres de los posibles candidatos, a tan solo nueve meses de la jornada electoral, para elegir al sucesor del actual presidente Iván Duque Márquez.
Hasta el momento los nombres más sonados son el del senador Gustavo Petro, la senadora María Fernanda Cabal, el exalcalde de Medellín Sergio Fajardo y el de Bucaramanga, Rodolfo Hernández. A esta lista se sumaría en los próximos días el del exministro de Salud y actual rector de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria Uribe.
Aunque el exministro no ha hecho oficial su anuncio, sí ha recibido ofertas de varios partidos políticos, quienes están dispuestas a darle el aval.
Expertos consultados por Vanguardia explican lo que significa que llegue a la contienda política del país el exministro Gaviria y cuál sería el impacto de aceptar el aval de un partido o que se presente por firmas.
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Hugo Fernando Guerrero, analista político, investigador y profesor de la Universidad de La Salle, considera que el nombre de Alejandro Gaviria le da mucho oxígeno a una campaña electoral que está profundamente polarizada y que ha caído en un juego de constantes incriminaciones.
Precisa Guerrero que “una figura del carácter de él no solo por su talante, sino por su experiencia y conocimiento, sería una alternativa muy interesante dentro del panorama político, dentro del deber ser; pero, teniendo en cuenta que el tema de las elecciones en Colombia funciona dentro de situaciones complejas, augurar éxito a un candidato como Gaviria donde el manejo electoral en las regiones se da desde otra perspectiva, sería muy difícil porque creo que es un candidato que sigue siendo muy desconocido en las regiones y que aparte no cuenta con los elementos que normalmente mueve el mapa político en estos escenarios.
Para el abogado y analista político Gerardo Martínez, el nombre de Gaviria cambia el panorama y llena un vacío que se advierte y es del intelectual, del académico, del escritor “porque tenemos el manzanillo, el cacique, el mayordomo, el que lleva la contraria, pero con una llanura mediocre como el paradigma de todos; con una pequeña excepción de Fajardo, que tiene antecedentes de académico, de resto todos terminan siendo mayordomos”.
Tener en la baraja de nombres, explica el abogado, un joven capacitado con gestión administrativa y un poco técnico, es decir, una mezcla de intelectualidad, es el espacio que está por llenar y como su postura no es de compromiso con nadie, eso abre una esperanza.
¿Impactaría más por partido o firmas?
Sobre los apoyos políticos a Gaviria y teniendo en cuenta que el Nuevo Liberalismo ha mostrado su interés, Guerrero considera que podría ser con cualquier partido, pero que lo haga por el Nuevo Liberalismo, ahora que le devolvieron la Personería Jurídica, esto no implica una certificación de independencia de un candidato porque este partido está integrado por personajes políticos que a esta altura de la historia no son considerados una alternativa dentro del espectro político como los hermanos Galán; entonces no sé hasta qué punto ir por el Nuevo Liberalismo pueda facilitarle el ejercicio de tener el aval, pero pueda complicarle la imagen como una propuesta independiente.
Mientras que inscribir su nombre con la recolección de firmas sería una alternativa que no se puede decir si es mejor o peor, pero sería más coherente porque Alejandro Gaviria surgiría como una figura desmarcada de la clase política tradicional.
Por su parte, Martínez considera que Gaviria tiene que entrar sin matrícula definida porque si bien el Nuevo Liberalismo genera alguna esperanza en las generaciones pasadas, no en las nuevas y está por verse cuál es el impacto real en esta población que no tiene la misma nostalgia por la figura de Galán.
Para Martínez, las firmas es la mejor opción por tres razones: es lo que está de moda; da una sensación política de independencia, pluraridad y de amplio espectro, y eso permite decir que no está en la dinámica de la polarización de los partidos.













