Natalia Torres y Kelly Fajardo, dos jóvenes de 21 y 22 años, desafían las normas de género al conducir busetas con destinos nacionales e intermunicipales. Llenas de habilidad y determinación, se destacan en un sector tradicionalmente dominado por hombres.

Natalia Torres conduce una buseta de 15 pasajeros, cubriendo la ruta desde Bucaramanga hasta Barbosa, un trayecto de aproximadamente cinco horas. Su habilidad se mezcla con la experiencia de cómo es la vida de una mujer en un sector dominado mayoritariamente por hombres.
Al llegar al terminal de Bucaramanga, compré mi tiquete de viaje como de costumbre. Sin embargo, algo particular captó mi atención cuando los pasajeros estábamos listos para partir: una joven mujer se subió al asiento del conductor para iniciar el recorrido.
No puedo negar que me sorprendió verla al volante, y no porque tuviera alguna duda de sus capacidades, sino porque en mis cinco años recorriendo esta ruta, siempre había visto a un grupo de hombres al frente de esta tarea.
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La curiosidad creció tanto que finalmente decidí hablar con Natalia. Además de admirar la gran responsabilidad que implica su trabajo, me intrigaba saber cómo una mujer toma la decisión de entrar a un gremio, que como lo dije antes, está lleno de hombres.
Una pasión que nace desde niña
Mi sorpresa fue aún más grande cuando Natalia me contó que solo tenía 21 años. Nació en el hospital de Vélez, pero ella y su familia son oriundos de Guavatá. Cursó sus estudios en el Instituto Técnico de Puente Nacional, y desde los 11 años, su padre, Willy Torres, ya la ponía al volante. “Mi primer profesor fue mi papá”, recordó con una sonrisa. “Con el carrito que teníamos, él me enseñó”, refiriéndose a un Chevrolet Corsa gris, modelo 2003, su primer vehículo de aprendizaje.

Era un carro ‘mañoso’

“Siempre me ha gustado conducir, subirme a los carros y conocerlos”, sostuvo mientras recordaba su primer trabajo en un taxi cubriendo una ruta intermunicipal, eso fue a los 19 años, “uy la verdad fue duro porque era un carro ‘mañoso’ hasta que le cogí la práctica”, dijo.
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Sus primeras salidas fueron con la empresa Transsander. Desde Puente Nacional hasta Barbosa y viceversa, unos 10 minutos de recorrido entre estos dos municipios santandereanos. Luego de tres meses, Natalia recibió una buseta más grande “esa era de 10 pasajeros y duré un año y medio haciendo estas rutas”.
Natalia es una mujer muy segura, confía plenamente en sus capacidades y en el aprendizaje temprano que tuvo en la conducción. Cuando hablamos de sustos al volante, claro que ha tenido algunos, pero nada de gravedad.
“Una vez, estando en una pendiente con el taxi, lo dejé encendido con el freno de mano puesto. Al bajar las maletas, nos dimos cuenta de que el carro se estaba rodando”, recuerda con un poco de nerviosismo. En otra ocasión, le chocaron el carro por detrás, “pero fueron cosas muy leves; gracias a Dios, nada grave”.
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Después de estas experiencias, Natalia recibió una nueva oferta el primero de mayo. Esta vez, se enfrentaba a una ruta que añadiría aproximadamente cinco horas a sus habituales viajes de solo 10 minutos. Sin embargo, su objetivo era realizar trayectos más largos y desafiantes.
Su primer viaje desde Barbosa hasta Bucaramanga lo realizó junto a su jefe. “Él me iba dando indicaciones para que el recorrido fuera más fácil, y llegamos sin contratiempos”, recordó Natalia.
“Yo viajé muchas veces con ella mientras hacía el recorrido desde Puente Nacional y veía su forma de manejar, además de su trato con los pasajeros”, compartió Jovino Ariza, el dueño de la buseta que maneja Natalia.
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Jovino asegura que una mujer es perfectamente capaz y responsable para asumir una tarea de esta envergadura. En uno de los primeros recorridos, una pasajera expresó su desconfianza.
“Yo le dije”, continuó Jovino en defensa de su trabajadora, “viaje hasta Socorro y, si tiene alguna queja, le devuelvo el dinero”. Para su satisfacción, la pasajera terminó abrazando a Natalia al final del trayecto, un recuerdo que su jefe guarda con agrado.
A sus recorridos actuales, se añaden algunas rutas hacia Barrancabermeja, Bolívar, Gamarra, Mogotes, Chiquinquirá, Vélez y otros destinos. Sin embargo, estas largas horas de viaje no representan mayor dificultad para ella. “Lo más difícil, realmente, es tener vidas a mi cargo”, afirma con convicción.
Dios es su copiloto
Antes de iniciar sus recorridos, la joven sigue una rutina: “Primero que todo, me encomiendo a Dios para que me cuide y me proteja. Luego, duermo y como bien, pero también reviso el estado del vehículo para asegurarme de que no me deje ‘botada’ en el camino”.
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Me siento orgullosa y feliz de tener una hija conductora

La gente se asombra, pero también se alegra al ver a una mujer formando parte del transporte público. Ana Espinosa, su madre, destaca la ‘verraquera’ de su hija: “Como mamá, me siento muy orgullosa porque es una luchadora que ha sido capaz de enfrentar el medio de los conductores en un mundo machista.”
Ana, su madre, la llama constantemente, confesando que se preocupa por su hija pero debe esperar a que termine sus largos recorridos para comunicarse. “Uno se preocupa cuando está en carretera, pero como va manejando, toca esperar”, comenta.
Uno de sus compañeros, José Leonardo Duarte habló acerca del gran ser humano que es Natalia, “es una muchacha muy juiciosa y decente y la experiencia de compartir con ella es única porque en nuestro gremio no teníamos el orgullo de compartir con una mujer”.
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Leonardo comparte que las personas se refieren a ella con cariño y admiración, además de su indiscutible habilidad para manejar en carretera.

Kelly Jhojana Fajardo Pineda, con apenas 22 años, es otra conductora de Transsander. Cubre la ruta que comunica Puente Nacional - Barbosa en una Mitsubishi L300 de 10 pasajeros. Para ella, es un poco más difícil convivir con el gremio y los comentarios de la gente.
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“Ellos son ventajosos”, explica, refiriéndose a sus compañeros, mientras vive con los comentarios de algunas personas que dudan de sus habilidades al volante, afirmaciones que suelen combinar con su corta edad.
Llegó al gremio más que por gusto, por herencia. Sus abuelos, Jorge Enrique Fajardo e Ignacio Pineda eran conductores, al igual que sus padres, quienes respectivamente manejan busetas de 17 pasajeros, cubriendo rutas escolares.

Recibió sus primeras clases de conducción de la mano de su madre, Luz Adriana Pineda, en un Kia Besta de 12 pasajeros, eso fue en 2014. Luego, en un viejo Renault tuvo un año más para volverse experta. Su padre, Jorge Octavio Fajardo, lleva 33 años en el oficio y ha transmitido a ella su experticia en el mundo de la conducción.
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Kelly, al igual que Natalia, tiene muy claro que transporta vidas. Una responsabilidad enorme, que requiere mucha precaución y cuidados en cada movimiento.
“Uno aprende a ser responsable desde el primer momento que inicia en la conducción. No hay nada como ser precavido y llegar bien a casa”, comentó.


















