La capital de Boyacá enfrenta un vacío de poder tras el retiro del mandatario. Conozca las implicaciones legales y el riesgo de nuevos comicios.

Publicado por: Redacción Vanguardia
La ciudad de Tunja se encuentra en el centro de una compleja coyuntura que mantiene en vilo a sus instituciones y a la ciudadanía en general. Lo que inició como una gestión marcada por el respaldo popular en las urnas, ha derivado en un escenario de profunda inestabilidad que compromete el ritmo de la administración pública en la capital de Boyacense. La atención de los entes de control y de los analistas políticos se posa hoy sobre el Palacio de la Torre y la sede de la alcaldía, donde los movimientos internos sugieren el cierre inminente de un ciclo que apenas comenzaba a consolidarse.
El mandatario Mikhail Krasnov, cuya elección representó un hito en la política local, ha decidido alejarse temporalmente de sus funciones mediante un receso vacacional. Sin embargo, lejos de ser interpretado como un descanso rutinario, este movimiento ocurre en el punto más álgido de una revisión judicial que cursa en las altas cortes. La pausa en sus labores oficiales se da mientras el ambiente político se enrarece, sugiriendo que la ciudad se prepara para un periodo de transición que podría redefinir su rumbo en el corto plazo.

El laberinto judicial ante el Consejo de Estado
El eje central de esta crisis radica en el proceso de nulidad electoral que adelanta el Consejo de Estado. Esta alta corporación ha puesto bajo la lupa la legalidad de la credencial de Krasnov, evaluando minuciosamente posibles inhabilitaciones o irregularidades en el proceso de inscripción de su candidatura. En el sistema jurídico colombiano, un fallo de esta magnitud no admite recursos adicionales, lo que implica que una decisión en contra del mandatario significaría su salida inmediata del cargo y la anulación de los efectos de su elección.

Fuentes cercanas a la administración sugieren que la salida a vacaciones del alcalde es una maniobra estratégica. Al tomar distancia en este momento crítico, se buscaría mitigar el impacto de una notificación judicial desfavorable, permitiendo una transición menos traumática para su equipo de gobierno. No obstante, la interinidad y el rumor de una destitución inminente han generado un clima de hermetismo en las dependencias municipales, donde la toma de decisiones estratégicas parece haber entrado en un estado de hibernación.
El reto de la gobernabilidad y nuevas elecciones
La parálisis administrativa es la preocupación principal de los gremios y la sociedad civil en Tunja. Proyectos de infraestructura, programas de bienestar social y convenios interadministrativos enfrentan hoy el riesgo de quedar en el limbo debido a la falta de una línea de mando clara y estable. La gobernabilidad se encuentra bajo presión, pues la sombra de una vacancia absoluta obliga a los secretarios de despacho a actuar con cautela, priorizando la gestión operativa sobre la ejecución de grandes metas del plan de desarrollo.
De confirmarse la nulidad de la elección por parte del máximo tribunal de lo contencioso administrativo, la Registraduría Nacional deberá activar el protocolo para la realización de elecciones atípicas. Este escenario obligaría a los tunjanos a retornar a las urnas en un calendario extraordinario, con los costos fiscales y el desgaste político que ello conlleva. Mientras el fallo definitivo llega, la “Ciudad de los Tesoros” aguarda con cautela, esperando que el desenlace jurídico brinde la estabilidad necesaria para retomar el camino del desarrollo regional.














