La Casa de Nariño analiza el relevo del general Carlos Silva tras choques por el estado de las aeronaves.

Publicado por: Redacción Vanguardia
El panorama en el Ministerio de Defensa y el Comando de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) atraviesa un momento de alta tensión técnica y política. Tras los recientes sucesos que han enlutado a las Fuerzas Armadas y las divergencias conceptuales entre la Casa de Nariño y el alto mando, los rumores sobre una reestructuración profunda han comenzado a ganar fuerza en los pasillos del poder.
Contradicciones públicas tras tragedia en Putumayo
La estabilidad del general Carlos Silva al frente de la Fuerza Aérea Colombiana parece estar en una fase crítica. El origen de este distanciamiento con el presidente Gustavo Petro se remonta al siniestro del avión Hércules en Puerto Leguízamo, un hecho que cobró la vida de 69 uniformados, entre militares y policías.
Más allá del luto nacional, el conflicto escaló al terreno de la gestión técnica. Según reveló Ricardo Ospina, director del servicio informativo de Blu Radio, el malestar del jefe de Estado se agudizó durante un Consejo de Ministros. En dicha instancia, el general Silva habría contradicho frontalmente la narrativa presidencial que calificaba a las aeronaves de la institución como “chatarra”. El oficial defendió la operatividad y el mantenimiento de la flota, un gesto de autonomía que, al parecer, no fue bien recibido en el Ejecutivo.

El dilema de reintegrar al servicio activo al Ministro
En medio de esta coyuntura, ha surgido una hipótesis que plantea un movimiento inédito en la estructura de mando: la posibilidad de que el actual ministro de Defensa, el general en retiro Pedro Sánchez, abandone su despacho civil para regresar al uniforme y asumir la comandancia de la FAC.
Esta versión cobró relevancia tras una reciente intervención pública del presidente Petro, quien, en un tono que osciló entre la sugerencia y la instrucción, se dirigió a Sánchez afirmando: “Ministro de Defensa, va a hacer general, no sé si otra vez, pero bueno. Ya veré yo”. Estas palabras han sido interpretadas como el preámbulo de un decreto de reincorporación, una figura que, aunque legal, genera fuertes desacuerdos internos.














