El ingreso a la universidad exige mucho más que buenas calificaciones. La autonomía, el manejo del tiempo y la adaptación a nuevas formas de aprendizaje pueden ser decisivos para afrontar una etapa que todavía lleva a miles de jóvenes a dejar sus carreras.
Publicado por: Redacción Colombia
Entrar a la universidad no consiste únicamente en cambiar de salón, profesores o compañeros. Para miles de jóvenes significa aprender a organizar su tiempo sin una supervisión constante, asumir la responsabilidad sobre su proceso académico y responder a metodologías más exigentes.
El reto no es menor. En 2023, la tasa de deserción promedio acumulada al décimo semestre llegó al 23,15 % en los programas universitarios. Es decir, cerca de uno de cada cuatro estudiantes había abandonado el sistema antes de completar ese periodo, según el Sistema para la Prevención y Análisis de la Deserción en las Instituciones de Educación Superior del Ministerio de Educación.
Frente a este panorama, los colegios tienen un papel que va más allá de preparar a sus estudiantes para presentar exámenes o conseguir un cupo. También deben fortalecer las habilidades académicas, personales y socioemocionales que necesitarán durante su vida universitaria.
Álvaro Rodríguez, coordinador de los programas PD y POP del Bachillerato Internacional en The English School, explicó que una formación rigurosa, acompañada de orientación y experiencias conectadas con situaciones reales, puede facilitar una transición más consciente.
La primera clave es fomentar la autonomía. Aprender a establecer horarios, cumplir compromisos, organizar tareas y reconocer cuándo se necesita ayuda permite enfrentar con mayor seguridad la libertad que ofrece la universidad, pero también las responsabilidades que vienen con ella.
A esto se suma el fortalecimiento de competencias como la investigación, el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la comunicación. En la educación superior no basta con memorizar contenidos: se espera que el estudiante formule preguntas, contraste información, argumente sus ideas y produzca conocimiento.
También resulta importante que los jóvenes se enfrenten desde el colegio a experiencias académicas exigentes. Los proyectos de investigación, los trabajos de largo plazo y los ejercicios basados en la indagación pueden ayudarlos a desarrollar disciplina y tolerancia frente a la frustración.
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Otra recomendación consiste en relacionar lo aprendido con problemas y situaciones concretas. Esta conexión permite que los estudiantes comprendan para qué sirve el conocimiento y exploren, antes de elegir una carrera, cuáles son sus intereses y capacidades.
La quinta clave es promover una formación integral que incluya reflexión ética, apertura hacia otras culturas y disposición para continuar aprendiendo. Estas habilidades resultan necesarias en un contexto laboral y académico cada vez más cambiante.
Algunos colegios han incorporado programas como el Diploma y el Programa de Orientación Profesional del Bachillerato Internacional. Este último combina asignaturas académicas con estudios especializados en áreas como diseño de prototipos, marketing digital, gestión cultural, emprendimiento o acompañamiento en salud.
Más que garantizar que todos los estudiantes tengan decidido su futuro, la preparación debe ofrecerles herramientas para tomar decisiones informadas. El paso a la universidad seguirá implicando incertidumbre, pero no tendría que comenzar desde cero.
















