Detrás de las cifras de escombros avanza un daño más lento: el emocional. La atención existe, pero llega desfasada y a un país con déficit histórico de profesionales.

Publicado por: Danilo Cárdenas
Desde la mañana del 10 de agosto, Fernanda Londoño no puede oír un ruido dentro de un edificio sin sentir pánico. La mujer, damnificada del barrio Chiminangos de Cali, contó a EFE que sus vecinos vieron cómo una estructura cayó sobre otra mujer que bajaba por una escalera y acabó con su vida. Desde entonces, dijo, cada escalón y cada grieta le devuelven la escena.
Ese miedo no aparece en ningún balance oficial, pero los especialistas advierten que las consecuencias psicológicas pueden alcanzar a una parte considerable de la población expuesta al terremoto de 7,4 con epicentro en San José del Palmar, Chocó.
El sismo deja, por ahora, 319 personas fallecidas, 260 desaparecidas y 282.709 afectadas en 15 departamentos y 476 municipios, según el reporte situacional 38 de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), con corte a las 6:30 de la mañana del 20 de agosto. Valle del Cauca concentra 190 de esos muertos y solo en Cali van 148 fallecidos y 1.569 heridos. Lea: ¿Cómo recuperar la rutina después de un terremoto? 5 claves para volver a sentir seguridad
La Organización Panamericana de la Salud estima que, en desastres de esta escala, entre una tercera parte y la mitad de la población expuesta presenta alguna manifestación psicológica. Aplicada a una emergencia con 282.709 afectados, esa proporción da una idea de la magnitud potencial del reto, aunque no equivale a un diagnóstico entre los damnificados.
Y el suelo no ha terminado de quedarse quieto. La UNGRD contabilizó 332 sismos desde el evento principal hasta las 13:30 del 17 de agosto: 21 superaron la magnitud 3,0 y el mayor llegó a 4,8. Cada réplica devuelve a la gente al lunes 10.
La respuesta arrancó, aunque de forma desigual. En el esquema de la UNGRD, la salud mental figura dentro del primer servicio básico, junto con la atención en salud y la vigilancia epidemiológica. La Alcaldía de Cali reportó 1.669 acompañamientos psicológicos en los puntos más golpeados, y el Ministerio de Salud habilitó la línea 106 para escucha e intervención en crisis. En Medellín recibió cerca de 300 llamadas en una semana, el 80 % por angustia, ansiedad y estrés, según la secretaria de Salud, Natalia López Delgado.

¿Por qué la atención psicológica llega después a los damnificados?
El problema, advierten los expertos, no es que no haya atención, sino cuándo llega. El psiquiatra Milton Murillo, docente de la Universidad del Rosario, explicó que la atención de desastres sigue un orden de prioridades: primero las necesidades básicas, las heridas que comprometen la vida y el rescate de atrapados. El trabajo fuerte de salud mental empieza una semana después, cuando baja la presión física y afloran las secuelas emocionales.
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Ese momento ya llegó, pero el despliegue en terreno depende de una coordinación que se está ajustando. “No podemos actuar de manera descoordinada”, dijo Murillo, a la espera de que el Ministerio de Salud resuelva asuntos pendientes de empalme para definir las rutas. Mientras eso ocurre, la asistencia se concentra en líneas virtuales y en el trabajo con profesionales de Cali, Pereira, Manizales y Quibdó.
A eso se suma un obstáculo físico: la red que debería atender esa demanda quedó golpeada. El mismo reporte cuenta 348 centros de salud afectados, 94 en Valle del Cauca y 92 en Chocó.
El secretario de Salud de Cali, Germán Escobar, dimensionó el horizonte ante EFE: los equipos trabajan en primeros auxilios psicológicos y contención, pero la ciudad entrará en una etapa que, por el duelo, podría durar meses o años.

¿Cuántos psiquiatras tiene Colombia para atender la emergencia?
Colombia llega a esa etapa con una debilidad documentada desde antes del sismo. El país tiene entre 2 y 2,5 psiquiatras por cada 100.000 habitantes, lejos de los 10 que recomienda la Organización Mundial de la Salud, brecha ya advertida por la Procuraduría General. Y según la Encuesta Nacional de Salud Mental de 2025, apenas el 40,9 % de quienes tienen diagnóstico de trastorno mental buscó atención profesional en el último año. Chocó, epicentro del sismo, está entre los departamentos con menor densidad de psicólogos. Le recomendamos: ¿Qué le pasa al cuerpo y a la mente durante y después de un sismo?
Las revisiones sobre terremotos previos reportan prevalencias de estrés postraumático que van desde cerca del 4 % en Grecia y Taiwán en 1999 hasta cerca del 40 % tras el de Wenchuan, en China, en 2008. No son cifras comparables entre sí: cambian según el tiempo transcurrido, el instrumento de medición y la intensidad de la exposición. Lo que muestran es que el daño no es automático ni uniforme, y que el acompañamiento pesa.
En Chiminangos, Cali, entretanto, la vida sigue en dos metros cuadrados de lona. Fernanda Londoño sacó de un segundo piso a su abuela de 84 años y a su hijo en muletas, los mandó donde familiares y se quedó sola cuidando lo poco que quedó. “Sabemos que esto no es una crisis de un día o de dos o de una semana”, dijo a EFE. Apenas está comenzando.
















