martes 23 de abril de 2019 - 5:00 PM

El amor de la familia: la discriminación y los derechos de los niños y las niñas.

En las últimas semanas, dos actos de discriminación hacia las personas Lgbt han generado polémica: ¿el reconocimiento de sus derechos o sus expresiones de cariño afectan los derechos de los niños? Expertos explican por qué no es así.

Dos actos de discriminación hacia las personas Lgbt se presentaron la semana pasada: el primero de ellos, que sucedió el pasado miércoles 10 de abril, en Bucaramanga, involucra a la concejala Sonia Navas, que se refirió a las personas lesbianas, gays, bisexuales y trans como enfermas mientras hablaba sobre la salud de los niños.

A pesar de que la gerente del Centro Comercial Andino, Marta Patricia Carreño, aseguró que según los videos de las cámaras de seguridad se puede apreciar que los jóvenes no cometieron ningún acto que atente contra el bienestar físico o emocional de los niños, la controversia continúa: ¿se ven afectados los niños y niñas si ven a una pareja del mismo sexo expresando su afecto? ¿O es la discriminación lo que podría formar en ellos la idea de que existen personas que no tienen los mismos derechos que otras?

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La sentencia T-209 de 2011 de la Corte Constitucional determinó que a las parejas del mismo sexo no se les pueden restringir sus muestras de afecto en público y en el artículo 134A del Código Penal se establecen sanciones para las personas que realicen actos de discriminación contra las personas Lgbt.

Pero, ¿y los niños?

Un estudio publicado en 2017 y realizado por la Universidad de Kentucky encontró que los niños y niñas que son educados en familias homoparentales no presentan ningún daño emocional. Los investigadores del estudio señalaron que la orientación sexual de los padres y el tipo de familia no afectan ni la identidad de género ni la orientación sexual de los niños.

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Por tanto, ¿es sensato pensar que los niños y niñas que van por la calle y ven a una pareja del mismo sexo tomada de la mano o besándose pueda afectarlos de alguna manera?

“Los estudios demuestran que los niños y niñas no sufren por la orientación sexual ni por la expresión de género ni por las expresiones de afecto de nadie. Lo que sí les hace daño es la violencia, los actos sexuales abusivos que se practican con ellos, la pornografía y el bullying. Por lo demás, lo único que deben hacer los padres es explicarle a sus hijos que las personas que aman a alguien de su mismo sexo existen y que la ley garantiza sus derechos”, explica la psicóloga Carolina Dulcey.

Entonces, ¿por qué la controversia?

“Por la idea de que la homofobia protege a los niños. Las personas olvidan que los personas lesbianas, gay, bisexuales y trans, son y fueron niños. Esa homofobia que muestra el señor del centro comercial Andino y que expresa la concejala de Bucaramanga, es lo que realmente los violenta. El afecto nunca le quita derechos a los niños”, explica Juliana Martínez, profesora de la American University, Wahsington, DC y coordinadora de Proyectos de Sentiido.com.

De hecho, Carolina Vargas, una de las mamás presentes en la zona del centro comercial donde se presentó la agresión y que certifica que no existió nada reprochable en la conducta de los jóvenes explicó a Vanguardia que: “me da mucha tristeza de que para los colombianos aún sea más fácil aceptar un acto de violencia injustificado como la de este señor al atacar a los jóvenes. Además, porque ellos realmente no estaban haciendo nada reprochable, nada que no hiciera otra pareja en la misma zona”.

En un tuit, Vargas explicó cuál fue la situación en el centro comercial y reflexiona acerca de hasta dónde los derechos de los niños y las niñas son utilizados como bandera para actos discriminatorios: “a mi hijo no lo violenta ver a ningún tipo de pareja expresar su amor de una manera sana. Lo que sí lo violenta es ver a una persona llevada por la ira atacar a otra gente. Presenciar un acto de violencia le roba su derecho de vivir en una sociedad pacífica donde la gente se respeta. Y otra cosa, es que estoy cansada de que las personas antiderechos, en general, siempre usen el argumento de que están defendiendo el derecho de los niños. Ver que un padre de familia es capaz de permitir que su hijo lo vea en ese estado de ira y que eso le parezca que es defender los derechos de los niños. Nada de lo que estaba haciendo esta pareja va en contra de los derechos de mi hijo, lo que estaba haciendo ese señor, sí”.

Así mismo, Karen E. Pérez Álvarez, integrante de la línea de género y derecho de la Clínica Jurídica de Derechos Humanos e interés público de la Unab explica que “lo que se debe curar no es la homosexualidad sino la homofobia y los discursos de odios que promueven las múltiples violencias de las cuales las personas lesbianas, gays, bisexuales y trans siguen siendo víctimas. Estos discursos de odio deben ser sancionados no solo desde lo social sino también desde lo institucional. Además, es necesaria una labor educativa en temas de género y diversidad sexual para que la gente comprenda de qué se trata y no se deje influir por estos discursos convenientes y que parten de una total ignorancia”.

La experta agregó que “si bien hay una gran parte de la población santandereana que se ha esforzado por educarse, otra parte sigue aferrándose al odio, a los prejuicios, a los estereotipos y a la exclusión. La ignorancia y los discursos de odio incrementan la desinformación y obstaculiza el cambio a una cultura santandereana más incluyente y respetuosa de la diversidad sexual”.

Finalmente, Pérez aseguró que “no existe un derecho a discriminar y cuando frente a un niño o a una niña se desvalora un acto de afecto se le está enseñando a discriminar. El derecho a que los padres eduquen a sus hijos no ampara que los enseñen a vulnerar los derechos de las personas lesbianas, gay, bisexuales y transgénero. Entonces, lo que esos padres están haciendo es cometer una vulneración también con los niños y las niñas”.

Una cuestión de discriminación

Lo que sucedió en el centro comercial Andino y lo acontecido con la concejala Navas son oportunidades para cuestionar el nivel de homofobia de los colombianos y de los santanderanos. Una persona homofóbica tiene miedo a las personas Lgbt, pero, ¿se trata realmente de miedo? Algunos expertos en el tema de género no lo considera así.

Viviana Bohórquez, abogada santandereana y creadora de Las Igualadas, explica que “no diría que la sociedad santandereana es homofóbica porque no sabría cómo medirlo, esa palabra es muy violenta incluso. Diría que nuestra sociedad es profundamente conservadora, que genera muchos discursos de discriminación y mucha resistencia al cambio y por eso se generan esos líderes que discriminan. Esto no se trata de que yo tengo un amigo gay y no odio los gays, sino que se trata de reconocer que la población Lgbt ha sido profundamente discriminada y que se deben tener políticas públicas incluyentes y que debe haber una transformación social”, explica Bohórquez.

Sobre los derechos de los niños, el argumento que defienden quienes cuestionan a la pareja gay que mostró su afecto en Bogotá, explica que “un beso es una manifestación de afecto que no traumatiza a nadie, sin importar la edad. Ningún niño, niña o adolescente deja de dormir, grita o se aterrorizan por un beso. Los que piensan así son los adultos, que siguen creyendo que los besos de gays y lesbianas son mal ejemplo. En realidad el mal ejemplo es discriminar a la gente y estar señalando a las personas que viven abiertamente la sexualidad como algo inmoral”.

Así mismo, Diego Ruíz, director de la corporación ConPázes, indica cuestiona el interés real de la sociedad hacia los niños y aclara que se trata de un tema de discriminación más que de preocupación por su bienestar: “el tema de los niños como excusa para aumentar el odio hacia las personas Lbgt no es nuevo. Nos indigna que lastimen a los menores, pero es poco lo que realmente hacemos por ellos. Subestimamos constantemente su inocencia, y por ello algunos sectores prefieren imponerles el odio cómo razón de vida. Nadie nace odiando, eso se aprende. Por ello es necesario enseñarles que el amor es universal, y que éste puede expresarse de distintas formas”.

Y agrega que la sociedad santandereana es homofóbica: “las instituciones en la ciudad son homofóbicas. Por mucho que los políticos se manifiesten es más una estrategia política para mantenerse en los medios de comunicación que algo que realmente busque generar un cambio a favor de la población Lgbt. Cómo se ve ese rechazo: no existe política pública ni municipal ni departamental, no existen programas específicos para la población Lgbt ni desde la oficina del interior, que tiene que generar acciones con la policía, defensoría, personería en colegios y universidades para hablar sobre género y Lgbt”.

Finalmente, Juliana Martínez, de la American University, explica que hay que mantener la confianza en los avances en materia de derechos que también reconocen los santandereanos: “no podemos generalizar porque así le damos una victoria a la concejala que le hace creer que está hablando por todos los santandereanos cuando eso no es cierto. En Bucaramanga hay muchas personas Lgbt y muchas personas que apoyan y luchan por sus derechos. Lo que sí se puede decir es que Bucaramanga, como cualquier otra ciudad, tristemente, hace parte de una cultura que es heteronormativa, en la cual se considera que lo normal es la heterosexualidad. Y que por falta de conocimiento del tema confundimos lo que es común con lo que es mejor. Y esto no es así”.

Sin embargo, la concepción de los colombianos parece estar cambiando: una encuesta hecha en Twitter por un medio nacional cuestionó a las personas sobre sí les molestaba o no que las parejas del mismo sexo expresaran su afecto. La mayoría contestó que no les molestaba.

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