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Lunes 20 de abril de 2026 - 01:00 AM

¿Seguimos pensando en la tasa del café?

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En Colombia hablamos de la tasa del café con orgullo. Nos conecta con nuestra historia, con el campo, con lo que somos. Es una conversación que sentimos cercana.

Pero hay otra tasa que casi nunca entra en esa conversación, aunque define mucho más la vida de las personas:

La tasa financiera.

Llevamos años mirando en la dirección equivocada. Nos concentramos en lo que producimos, pero ignoramos cómo accedemos. Nos preocupa el precio de las materias primas, pero no el costo del dinero. Y ahí está el verdadero problema.

Esa tasa es la que decide si una familia puede comprar su vivienda, si un joven puede independizarse, si un emprendedor puede empezar, si una empresa puede innovar, crecer o mejorar su productividad, o si un hogar puede proyectarse a largo plazo.

Y hoy, para muchos colombianos, esa puerta sigue cerrada. No es que la vivienda sea inalcanzable. Es que la cuota no cabe en el ingreso.

Mientras en Estados Unidos la cartera hipotecaria representa cerca del 60% del PIB, y en Europa el 50%, en Colombia no llega al 10%. No es coincidencia que allá el déficit de vivienda sea menor al 4% y las tasas promedio cercanas al 5% efectivo anual, mientras aquí sigue cerca del 8% y tasas cercanas al 15%, dos veces en déficit y tres veces en tasa. No es solo un tema económico. Es un tema de oportunidades.

Durante años hemos intentado ayudar desde el subsidio directo, a la oferta. Pero muchas veces esos esfuerzos no llegan a quienes más los necesitan, o terminan diluyéndose en el sistema.

Tal vez es momento de cambiar el enfoque.

De pasar de subsidiar el producto a subsidiar el acceso. De ayudar a pagar la entrada, a hacer posible todo el proceso. Mientras avanzamos hacia una economía que genere condiciones financieras favorables de forma estructural.

De enfocarnos en la tasa de interés.

Porque cuando la cuota baja, la puerta se abre. Y cuando la puerta se abre, las familias avanzan. Especialmente aquellas que históricamente han quedado por fuera: hogares informales, madres cabeza de hogar, trabajadores que sí tienen ingresos, pero no acceso.

Al final, una economía no se transforma solo por lo que produce, sino por la capacidad de escalar.

Colombia tiene una oportunidad enorme: reducir el déficit y fortalecer el patrimonio de los hogares como base de su salud financiera.

Y, al mismo tiempo, desarrollar un mercado financiero mucho más profundo, con una cartera hipotecaria que podría multiplicarse varias veces.

Seguiremos hablando del café. Y está bien. Nos representa.

Si queremos ampliar las oportunidades para la sociedad, hay otra conversación que deberíamos desarrollar.

Si bien la tasa de café cambia vidas, la que realmente transforma es la tasa financiera.

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