En el cuidado paliativo existe un término que suele ser poco comprendido, o incluso malinterpretado: la reorientación de esfuerzos terapéuticos. Con frecuencia se confunde con la eutanasia o con esa expresión desafortunada que debería desaparecer del lenguaje médico: “no hay nada más que hacer”.
La reorientación de esfuerzos terapéuticos se refiere a aquellos casos en los que, aun con el mejor tratamiento disponible y la mejor respuesta posible, la calidad de vida que se vislumbra es tan precaria que no se justifica continuar con la búsqueda de tratamientos curativos. En cambio, el objetivo pasa a ser el alivio de síntomas molestos y el control del sufrimiento. Esta decisión puede ser sugerida por el equipo médico tratante, solicitada por la familia, o incluso anticipada por el propio paciente mediante voluntades previas.
Desde el punto de vista ético, no es obligatorio mantener medidas de soporte artificial de la vida. Estas pueden suspenderse sin que ello signifique una falta ética, cuando se prevé que el resultado final no será bueno y lo único que se prolonga es el sufrimiento, no la vida.

La medicina moderna nos permite suplir artificialmente muchas funciones vitales: la diálisis reemplaza la labor de los riñones, los respiradores suplen la función pulmonar, y terapias como la ECMO pueden sostener corazón y pulmones mientras se recuperan. No cabe duda de que estas tecnologías, en ocasiones, salvan vidas y deben emplearse con generosidad cuando existe posibilidad de recuperación. Sin embargo, siempre es necesario evaluar el resultado esperado, especialmente en términos de funcionalidad. La mayoría de las personas acepta someterse a tratamientos complejos si al final recupera autonomía; pero si el desenlace probable es la postración y la dependencia absoluta para tareas básicas como alimentarse o asearse, muchos preferirían no prolongar ese camino.
Como tantas veces lo he señalado, ayuda enormemente en la toma de decisiones difíciles haber conversado previamente con nuestros seres queridos sobre las opciones y nuestros deseos frente a situaciones críticas de salud. Hablar de ello no es rendirse: es un acto de amor y de responsabilidad.
“La medicina, en ciertos momentos, deja de ser barco que lucha contra la tormenta y se convierte en faro que orienta hacia la calma.”
“No se trata de añadir días a la vida, sino vida a los días.” — Cicely Saunders, fundadora del movimiento de cuidados paliativos.










