lunes 15 de febrero de 2016 - 10:25 AM

La ‘generación dorada’ que Atlético Bucaramanga ignoró

En el 2014 el Atlético Bucaramanga sub 19 perdió por penaltis en las semifinales del Campeonato Nacional ante Deportivo Cali, que sería campeón. Un año después, los jugadores del club ‘leopardo’ fueron desechados, mientras los ‘azucareros’ son piezas clave en el balompié profesional. Todo porque en casa no existe un proyecto de divisiones inferiores.



Los abrazos eran interminables. En las graderías del estadio Alfonso López la ‘marea amarilla’ no paraba de alentar a sus héroes, mientras que estos, en el terreno de juego, daban la anhelada vuelta olímpica, esa que tardó en llegar más de siete años.

En medio de tanta alegría, parecía inexplicable que Gerson Morales, un talentoso mediocampista de las divisiones menores del Atlético Bucaramanga, masticara tristeza.

El ‘10’ de los ‘cachorros del leopardo’ tuvo que enfrentarse ante el rival más feroz, que no solo se devoró sus ilusiones de ser protagonista del festejo, sino de ser jugador profesional con el club más tradicional del Departamento.

El 12 de diciembre de 2015, día inolvidable en la historia del Atlético Bucaramanga, al ratificar su regreso a la A con el título de la Segunda División en encuentro contra Fortaleza, a Morales lo concentraron con el equipo.

En el estadio lo mandaron a la tribuna con el resto de jugadores que no hicieron parte de los once titulares y los cinco suplentes, y le dijeron que aguardarapara, en caso de ser campeones, ir a recibir la medalla junto a todo el plantel.

La felicidad se le desbordaba por la piel. Sería actor principal del festejo más esperado por los seguidores del Atlético.

Pero cuando llegó el triunfo, ni siquiera le permitieron el ingreso a la cancha. Ese día entendió que si no era tenido en cuenta para recibir una medalla y compartir con el plantel, mucho menos tendría la oportunidad de jugar en la élite del balompié nacional.

Era el último ‘sobreviviente’ de un destacado equipo que le peleó de igual a igual a las potencias, y sus días en el Atlético estaban contados.

La desidia, el verdugo de los talentos juveniles

Cuando Juan Sebastián Quintero marcó el penalti definitivo que le dio el paso a la final del Campeonato Nacional Sub 19 de 2014 al Deportivo Cali, el mundo se les vino encima a los ‘cachorros del leopardo’, quienes consideraban que el título era la mejor manera de presentar credenciales para ser tenidos en cuenta en el equipo profesional.

La certera ejecución desde los ‘12 pasos’ fue una lanza que pretendía partir en dos las ilusiones de los jugadores del elenco búcaro de llegar al profesionalismo, pero aquella derrota en las semifinales no derrumbó el ímpetu de una de las mejores generaciones de los últimos años del fútbol santandereano, que difícilmente sería vencida en la cancha. Su principal rival estaba por fuera de ella.

Los grandes equipos siempre serán recordados, ya sea porque les faltó cinco centavos para el peso, como Holanda en 1974 y 1978; o porque además de buen juego, alcanzaron la cima, como la selección Santander juvenil de 1981, última en conquistar el Torneo Nacional para el ‘departamento de las hormigas culonas’.

Pero el Atlético Bucaramanga de la categoría 1995/1996 tenía un ingrediente adicional por el cual pasó a la historia: la desidia de los directivos y entrenadores  del elenco ‘leopardo’.

Aquel conjunto nació para grandes cosas. Primero, en la Selección Santander, donde consiguió llegar a las finales en diferentes categorías; y después en el Atlético Bucaramanga, donde dejó una huella imborrable.

En dicho Campeonato Nacional sub 19, el ‘onceno’ que dirigía Jorge Ramoa fue la sensación, al llegar hasta las semifinales y despedirse de manera invicta (16 triunfos y seis empates, con 57 goles a favor y 12 en contra), pues la falta de efectividad en los penaltis contra Deportivo Cali, que se apoderó de la corona, le puso un alto en el camino.

Después llegarían nuevas oportunidades de éxito, que no serían esquivas para un cuadro que se sabía de memoria: Andrés Rivera; Gerson Orduz, Fabián Pedraza, Sebastián Gómez, Duván Mejía; Carlos Martínez, Sair Acosta, Jair Ruiz, Gerson Morales, Yorman Yépez y Publio Guerrero.

En los Torneos de Girón, La Victoria, Piedecuesta y La Cumbre, se apoderó del primer puesto y en los Campeonatos de la Liga fue dos veces subcampeón.
El certamen de la ‘Villa de los Caballeros’ también quedó grabado en la memoria de propios y extraños, siendo que los ‘cachorros del leopardo’ vencieron en la final a Atlético Nacional, una escuadra que tenía a jugadores brillantes, entre ellos a Marlos Moreno, figura del último título del ‘verde paisa’ en la Liga Águila.

Pero la calidad técnica e individual, sumada al poderío colectivo que tenía ese equipo, no fue visto con buenos ojos en el plantel profesional del Atlético Bucaramanga, debido a que poco a poco los integrantes de aquella generación fueron dejados en el sótano del olvido, en su mayoría, sin actuar un solo minuto en el profesionalismo.

¿Y la apuesta por las divisiones menores?

¿Hace cuánto que el Bucaramanga no le entrega un jugador al fútbol profesional? ¿Cuántos futbolistas de la región integran el equipo profesional? ¿Por qué el compás de espera no es el mismo para los hombres de la casa que para los foráneos? ¿Por qué no se aprovechó el equipo sub 20 que fue tercero en el Campeonato Nacional?

Estas y otras inquietudes son formuladas diariamente por los pocos dolientes de los jugadores santandereanos.

Y es que el Cali no echó en saco roto a los futbolistas que fueron campeones en el 2014. Hoy en día, Rafael Santos Borré, Nicolás Benedetti, Kevin Balanta y Jown Cárdona, por mencionar solo algunos, se transforman en una realidad, no solo para el fútbol colombiano, sino mundial.

“Se dejó escapar una excelente camada. En años anteriores era difícil encontrar a tantos jugadores buenos, pero en esta ocasión  se logró confeccionar un gran equipo. Es una pena que no exista proyección. Antes la excusa era el ascenso, ahora no sé cuál. Pierde el fútbol santandereano, que sigue careciendo de oportunidades en el Atlético”, dijo Jorge Ramoa, exdirector técnico de las divisiones menores del Bucaramanga.

En la nómina del club búcaro que afronta la Liga Águila de 2016, únicamente hay dos jugadores santandereanos, se trata del arquero James Aguirre, quien recuperó la titular tras la lesión de Andrés Mosquera, y el volante John Pérez, quien hace pocos días fue anunciado como refuerzo.

Entre los posibles juveniles que pueden acercarse, parece que no existe cupo para los ‘hijos de la tierra del Cañón del Chicamocha’.

“Cada club tiene sus políticas. Hay unos que les dan prioridad a las divisiones menores y otros que prefieren comprar a los jugadores ya formados. En Bucaramanga no hay ningún interés por las divisiones menores y tampoco por comprar jugadores. En Bucaramanga se vive del préstamo y, aunque puede funcionar, no se está creando un patrimonio ni una identidad con el equipo”, indicó un directivo del fútbol nacional, que prefirió la reserva de su nombre.

A la hora de retroceder en el tiempo, Sherman Cárdenas es el último futbolista criado en la ‘cantera’ del Bucaramanga que se consolidó en la élite del balompié colombiano. Ya han pasado más de 10 años desde que el ‘pequeño gigante’ deslumbró con su fútbol.

En su momento, el Atlético dejó ir a jugadores como Pablo Rojas, Edinson Villalba y el mismo Pérez, quienes fueron acogidos por Real Santander, el equipo que más ha sacado jugadores de la región al profesionalismo en los últimos años, y después tuvo que pagar para recuperarlos.

Sin oportunidades

La Masía, ubicada al lado del estadio Camp Nou, es la residencia de los jóvenes de las categorías inferiores del Fútbol Club Barcelona, y se ha convertido en referencia mundial del fútbol base y formativo, gracias a los excelentes jugadores que han salido de ella.

Lionel Messi, considerado el mejor futbolista del mundo, algún día afirmó: “el Barcelona me lo ha dado todo. Me he formado con los valores de La Masía y soy lo que soy gracias a esos valores de la cantera”. Messi coincidió en las divisiones menores del club catalán con Piqué y Fábregas, otros dos referentes del fútbol mundial.

Pero en el cuadro ‘amarillo’ no han entendido la importancia de las divisiones menores, que hoy en día alimentan a las instituciones nacionales e internacionales.

“Me siento muy dolido, porque se están perdiendo muchos jugadores y no es porque no tengan capacidades, sino porque no tienen oportunidades. En Bucaramanga no le creen al jugador de la casa. En cambio, a los de afuera, que son costosos, los esperan y los esperan. Cuántos futbolistas han pasado que no aportaron y a los muchachos de la sub 20, que demostraron capacidades, ni los voltearon a mirar,” dijo Germán Wandurraga, entrenador de la selección Santander.

Justamente, Wandurraga conoce a fondo a los muchachos de la sub 20, pues los tuvo desde muy chicos, y estaba confiado en que terminarían en Primera División.

“Ese equipo tenía excelentes jugadores, pero no los tuvieron en cuenta y terminaron perdiéndose. Me enteré que uno de ellos vende empanadas, otro trabaja en un restaurante y solo Yorman Yépez y Gerson Morales tienen esperanzas, porque Alianza Petrolera y Real Santander, respectivamente, decidieron sumarlos a sus filas”, agregó Wandurraga.

A la hora de consultar a José Manuel Rodríguez, DT del plantel profesional del Bucaramanga, por la suerte de los ‘cachorros del leopardo’, el timonel dijo: “El jugador santandereano tiene mucho talento pero hoy adolece de oportunidades. Considero que no hay un proyecto serio en la región de divisiones menores, donde ese recurso humano se pueda potencializar. Nosotros tuvimos a Gerson Morales, a Pedraza... pero ese grupo se desintegró”.

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