Dicen quienes están inmersos en la educación universitaria de la región, que nunca antes esas instituciones habían recibido tanto dinero por parte del Gobierno nacional. Y esa es, quizás, una de las razones por las cuales muchos de los estudiantes universitarios salen hoy en día a las calles para mostrar su apoyo a la candidatura patrocinada por el presidente de la República.
Otras voces manifiestan que gracias a esa ayuda, se han venido instrumentalizando los espacios de encuentro y de opinión al interior de las universidades públicas, para convertir expresiones políticas legítimas en muestras de agradecimiento y compromiso para con el primer mandatario.
Por eso las calles vuelven a llenarse de pancartas, de tamboras, de gritos, de grafitis y de chivas sobre las que nadie ha podido decir con claridad quiénes las pagan. Esas convocatorias y mítines políticos están incubando discursos de inconformismo, malestar y odio a través de conceptos ideológicos que buscan sembrar en las personas un terror por cosas totalmente inexistentes, cumpliendo a cabalidad con un manual político que ya experimentó el país durante el conocido “estallido social”.

Pero mientras esas partidas económicas se reparten a montones, en beneficio de la universidad pública -donde están los que con su indignación inciden indiscutiblemente en la campaña presidencial-, Santander sigue sin recibir un solo peso para la infraestructura educativa básica y media. Escuelas y colegios en el departamento pasan por su peor momento, y el gobernador, junto con sus funcionarios, tiene que soportar el inmenso peso de no contar con el respaldo nacional para arreglar y mantener los inmuebles existentes, y mucho menos para comprar mejores implementos y crear nuevas aulas para los niños y adolescentes de la región.
Es innegable que este núcleo poblacional no vota y quizás por ello la oficialidad siente que no es importante destinarle los recursos necesarios. Pero no por mirar para otro lado el problema deja de existir, y los que hoy reclaman por este abandono, deberían tener en cuenta que el verdadero culpable de esta desidia, está sentado plácidamente en un palacio presidencial.











