domingo 17 de mayo de 2009 - 10:00 AM

Caimanes, mito que camina por el Bajo Rionegro

El último caimán que dio de qué hablar en San Rafael de Lebrija, un corregimiento del Bajo Rionegro en pleno corazón del Magdalena Medio Santandereano, permanecía apacible en las aguas del río Cáchira, en límites con Norte de Santander.

Pero la calma se le acabó al animal la última semana de abril, más exactamente un martes a las 11 de la mañana. Dos muchachos que estaban cazando tortugas, muy cerca de una finca lechera en una zona conocida como La Muzanda, en su parte baja, se toparon con el enorme reptil, cuando, sumergidos en el agua, vieron cómo abría con desgano sus fauces.

El susto les duró hasta que alcanzaron la canoa y ya a salvo, decidieron que tenían que sacarlo del agua para inmovilizarlo, no fuera a ser que se cumpliera el mito que desde hace una década une trágicamente a los caimanes con las víctimas de los paramilitares.

No son pocos en la zona los que coinciden en afirmar que fue alias ‘Camilo Morantes’, el creador de las Autodefensas de Santander y sur del Cesar, Ausac, quien acostumbró a estos animales a comer carne humana y que en su finca llamada 'La Gorgona', tenía un pozo donde los criaba y a donde iban a parar los cuerpos de sus víctimas.

Si ocurrió, no hay forma de comprobarlo, porque así como sucede con los ríos, los caimanes y los muertos tampoco hablan.

Sin embargo, la versión la han desmentido algunos postulados a la ley de Justicia y Paz como Hermes Anaya Gutiérrez, alias ‘Chicalá’, hombre de ‘Camilo Morantes’, que en noviembre de 2008 contó en versión libre que ‘Camilo’ sí tenía un caimán que mantenía en una finca muy cerca de San Rafael de Lebrija, pero que su tamaño no superaba un metro.

'Nunca vi que le echaran cadáveres ni personas vivas. Él (‘Camilo’) tenía la costumbre de decir, cuando uno la embarraba, 'lo voy a echar a los caimanes' y las víctimas piensan que eso es verdad', dijo ‘Chicalᒠa la Fiscalía.

Pese a esto, algunos habitantes de San Rafael de Lebrija afirman que lo que se sabe con certeza es que miembros de las Auc, sí utilizaron a los caimanes para intimidar a las víctimas.

'Quedó ese terror psicológico de que los caimanes se acostumbraron a comer seres humanos y desde entonces se convirtieron en nuestro enemigo, porque ellos lo utilizaron como arma. Así que nosotros lo que hacemos es llamar a la Policía', explica un habitante de San Rafael de Lebrija.

El mito es tan grande, que se habla de caimanes con nombre propio y hasta de uno con un collar en el cuello que aún permanece en la zona. Incluso se afirma que ‘Camilo Morantes’ les decía a sus víctimas refiriéndose a la poza donde los tenía: 'si usted llega al otro lado, se salva…'.

Una caza improvisada

El instinto de conservación convierte a cualquiera en un cazador en potencia. Por eso, los muchachos que cazaban tortugas el pasado 28 de abril 'empezaron a torear al caimán con palos de bambú', cuenta uno de los trabajadores de la finca por donde pasan las aguas del río Cáchira, que llegó apurado por la algarabía que se armó.

Sólo unos cuantos metros separan la casa principal de la finca, del río. Y hasta allá fue a parar el caimán que se mostró imponente fuera del agua: tres metros y 30 centímetros desde la punta de la cola hasta donde termina su trompa.

Los campesinos afirman que han visto caimanes aguja, que son oriundos de esta zona, la cual alberga al Complejo de Humedales del Magdalena Medio o el Bajo Lebrija, que miden hasta seis metros de largo.

Sin embargo, este, que finalmente lograron inmovilizar y amarrar a un poste de la luz, es el más grande que se ha reportado entre 2008 y lo que va del 2009.

Guerrero, un patrullero de la Policía, afirma que la cabeza del animal era tan grande como su brazo y que en medio de su lucha por no rendirse ante los hombres de la Fuerza Pública, hizo dos lances que dejaron muy claro porqué es considerado una especie agresiva y mucho más cuando siente invadido su territorio.
Cuando la Policía llegó a la finca cerca del medio día alertada por la comunidad, el caimán parecía indefenso, pero pronto, todos los que participaron en su ‘caza’ descubrirían que su sagacidad puede compararse con la paciencia.

'Ellos esperan el momento para atacar', dice un sargento que también estuvo presente.

En el video donde se registra cómo la Policía ató al caimán para poder trasladarlo a un centro de paso llamado Cabildo Verde, en Sabana de Torres, el reptil no parecía resistirse a que le amarraran la cola, las patas y su trompa, pero cuando menos se esperaba, se agitaba tan fuerte y se revolcaba tan violentamente, que los nueve hombres de la Policía que lo rodeaban, tenían que volver a empezar.

La lucha con este enorme de 400 kilos, color gris y cuya piel es tan dura como el plástico, se prolongó casi cuatro horas, cuando finalmente el cansancio lo rindió.

En meses anteriores, la Policía de San Rafael de Lebrija ayudó a inmovilizar dos caimanes más de menor tamaño, que también se encontraban cerca a fincas en el río Lebrija. Y aunque reconocen que no tienen ninguna preparación para manejar reptiles y mucho menos de semejante tamaño, su intervención ha ayudado a que estos animales no terminen muertos como si se tratara de víctimas de guerra.

Sin dónde vivir

Los campesinos afirman que la presencia de caimanes en el Bajo Rionegro se incrementó luego de las inundaciones en noviembre de 2008, cuando se desbordó el río Lebrija, haciendo que los caimanes se quedaran en los caños.

'Es común ver en los potreros el rastro que dejan a su paso los caimanes', afirma un palmicultor del lugar.

Pero el director de Cabildo Verde en Sabana de Torres, James Murillo, tecnólogo en Administración Ambiental, tiene otra explicación.

Según el ambientalista, el caimán aguja siempre ha vivido en esa parte del río Lebrija y en los humedales que se forman casi sobre su desembocadura al río Magdalena. Sin embargo, el problema se debe a que esta especie ha venido sufriendo diferentes presiones, especialmente aquella que hace el hombre sobre los recursos naturales.

'Al acabar con los bosques, acaban con el hábitat de los animales que son alimento para ellos. Además, el sector palmero está interviniendo las ciénagas para sembrar palmas o para meter búfalos, que es el lugar donde estos reptiles se mantienen', explica.

Los caimanes no han tenido otro camino que empezar a migrar, pero el problema es que ya no encuentran un lugar apropiado.

'Ahí es cuando se salen a los potreros, que es una actitud atípica para esta especie. Eso es muy grave. La gente lo reporta en el mejor de los casos, porque en el peor, los matan', dice Murillo, que reconoce que son peligrosos para los pescadores que utilizan técnicas que les implican meterse a los ríos.

Aún así, explica que son más carroñeros que cualquier otra cosa.
'La comunidad cree que comen gente, por eso hablan de que no pueden soltarlos, que sería lo ideal. Así se evitaría que hicieran daño o que los maltrataran', explica el director de Cabildo Verde.

Pero el mito tiene ganada la batalla y como los habitantes del Bajo Rionegro no quieren devolverlos a los ríos por miedo, la CAS y la CDMB determinaron enviarlos a zoocriaderos.

Los últimos tres caimanes que ha logrado inmovilizar la comunidad con ayuda de la Policía en esta zona, hoy se encuentran en el Tolima.

James Murillo afirma que en 10 años sólo se han reportado dos accidentes por ataque de caimanes a pescadores.

A finales de 2006, la trágica caída de un puente de un niño de seis años sobre el río Lebrija, en límites entre los municipios de Rionegro y Sabana de Torres, agrandó mucho más el mito. Su cuerpo nunca apareció y por supuesto, la comunidad sí que creyó haber hallado a los culpables.

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