El cierre del antiguo Los Tejaditos, para sus trabajadores, fue la gran oportunidad de dejar de ser empleados para convertirse en los empresarios de un nuevo restaurante, y seguir deleitando a los bumangueses con sus prepararaciones.
“La incomodidad es el camino del éxito”. “Hay que ser humilde y agradecido en la vida”. “Creer en Dios y en usted mismo”. Estas son algunas de las frases que identifican a Gilberto Sanabria, un hombre de 41 años de edad, nacido en Barrancabermeja, Santander, que le ha permitido crecer profesionalmente y personalmente.
La historia de Gilberto comienza a los 14 años de edad, cuando llegó a Bucaramanga y se dejó encantar por la Ciudad Bonita.
Recuerda que llegó porque lo trajo una de sus hermanas mayores. Un día ella le pidió que la acompañara a su trabajo (el Restaurante Los Tejaditos). Desde entonces, y durante los siguientes 20 años, se desempeñó como cuidador de carros.
No olvida que siempre agradeció tener ese trabajo, porque fue una manera de aliviar la situación de su mamá y papá, quienes vivían en Barrancabermeja. Ellos no tenían un empleo fijo, por tanto, la economía familiar era precaria.
“Desde el primer día me esforcé por hacer bien mi trabajo. Al principio utilizaba la ropa que había utilizado en primera comunión. Con el paso de los años ahorré, y me compre varias camisas de color blanco, dos pantalones negros, tirantas, corbatín y zapatos de charol. Cuando empecé a utilizar esa ropa como uniforme, los clientes me felicitaban y las propinas se multiplicaron”, recuerda Gilberto.

“Aunque nunca me gustó el estudio, y solo tenía hasta quinto de primaria, con el paso de los años y por la presión de los clientes, terminé el bachillerato. Adelanté unos cursos de servicio al cliente y otras áreas en el Sena, sin imaginar que me iban a ayudar cuando llegó la crisis al restaurante Los Tejaditos”, precisa.
Llega el desalojo
Todo en la vida de Gilberto y los demás empleados de Los Tejaditos transcurría normal, hasta que en 2018, luego de 30 años de servicio, debido a malos manejos administrativos que ocasionó una crisis financiera, al restaurante le hicieron un desalojo.
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“Era un día de junio cuando el trabajo se interrumpió. Funcionarios llegaron a cumplir con una orden judicial, y sin tener un plan claro, los cerca de 10 empleados que tenía el restaurante lograron sacar mesas, sillas, utensilios de cocina y guardar todo en una bodega. La intención era buscar una alternativa para el sostenimiento de sus familia”, recuerda Gilberto.
Aunque al principio los 10 exempleados decidieron unirse en busca de una solución para buscar un sitio donde volver a abrir el restaurante, las dificultades económicas hicieron que varios de ellos desistieran, pero la persistencia de Gilberto era muy clara y con la ayuda de ángeles (como él los llama) empezaron la titánica labor de no dejarse ganar de las dificultades, y trabajar día y noche para que lo que una vez soñaron fuera realidad”, afirma con orgullo.
La lista de clientes, una oportunidad
Sin ni siquiera tener un peso a su favor, pero sí con la convicción que se podía sacar adelanta el proyecto de restablecer el restaurante, durante dos meses, Gilberto con su traje que lo caracterizaba como cuidador de carros, permanecía en la esquina de la carrera 28 con calle 34, donde funcionaba el restaurante. Con libreta en mano se encargó de tomar el nombre y el teléfono de los clientes que llegaban y se sorprendían con el cierre del establecimiento. Él les decía que estaban buscando local, y pronto abrirían. Adicionalmente les pedía que fueran sus socios financieros.

Recuerda que muchas de estas personas se le reían en la cara y le decían que si estaba loco, pero él jamás abandonó su idea de dar apertura a su propio restaurante.
Después de tantos ires y venires les llegó el primer préstamo de 50 millones de pesos, que tanto esperaron. Luego de recibir el dinero, procedieron a pagar la primera cuota que acordaron con el dueño del negocio.
Sin embargo, debido a que la casa estaba muy deteriorada, y fue poco lo que lograron rescatar, hicieron cuentas y se percataron de que el capital con el que contaban no sería suficiente.
Entonces, Gilberto le propuso a su compañera de labores, Nieves Villabona, que fueran a hablar con aquella señora que los motivó a empezar ese proyecto. La idea era que les prestaran otros 40 millones de pesos.
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Al llegar a su casa, ella los recibió con una gran sonrisa. Le explicaron el motivo de la visita y ella les respondió: “Ahora si los veo con perfil de empresarios. ¡Me gusta su actitud! Ahora hablan diferente, con más determinación y convicción... Yo les presto el dinero con una condición, que reintegren al socio Miguel. Ellos aceptaron, no sin antes decirle que había sido él quien decidió apartarse del proyecto”.
Ya con más dinero, todos dejaron los roles que cumplían en el restaurante para ayudar pintar, limpiar y volver a poner todo el mobiliario y conseguir lo necesario para ofrecer el menú que siempre ha caracterizado a Los Tejaditos.
Y, casi cuatro meses después del cierre, es decir, en octubre de 2018, el sueño de abrir las puertas de su restaurante se le cumplió a él y a sus otros socios: Nieves Villabona, chef; Miguel Solano (quien murió por causa del Covid y lo reemplazó su esposa Luz Esperanza Jurado), y se desempeñaba como mesero y Olga Lucía Larrotta, quien es hija de la dueña del tradicional restaurante Los Tejaditos y es auxiliar contable.
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Las deudas
Pero no todo en esta historia es color de rosa, porque pese a que se logró la apertura del restaurante con un nuevo nombre, Tastyzón, resultado de un juego de palabras en honor a su antiguo sitio de trabajo y para seguir con la tradición, el negocio abrió con un pasivo de casi 500 millones de pesos, recuerda Olga Lucía Larrotta.
Hay que recordar que Olga Lucía, es hija de la antigua dueña, Oliva, y una vez se hace efectivo el cierre, ella de profesión contadora, laboraba en otra empresa, pero por crecer y conocer el funcionamiento del negocio, los otros empleados la llamaron y la invitaron a participar en la aventura de reabrir el restaurante.
“Cuando sucedió el cierre, ellos acudieron a mí para que hiciera parte de este nuevo grupo, precisamente porque somos una familia, así no haya vínculos sanguíneo. Nos consideramos como tal, y no queríamos, pues tampoco perder la tradición”, recuerda Olga Lucía.
Añadió que de una manera titánica todos trabajan buscando los recursos. Advierte que en este proceso se presentaron fracturas en las relaciones personales. Al principio fueron 10 los que empezaron el proyecto, luego pasaron a ser seis, y en la actualidad siguen unidas cuatro personas.
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“Trabajamos de martes a domingo con el fin de seguir creciendo, y con el paso del tiempo se ha podido cumplir con el pago de algunas deudas, pero en la actualidad aún hay cosas pendientes”.
Recuerda que otra época dura para el restaurante fue la llegada del Covid, por el cierre que tuvieron que hacer todos los establecimientos comerciales, pero como siempre, no dejaron de pelear y entre todos trabajaron para ofrecer un menú alternativo, que se acomodara al bolsillo de los clientes e incursionaron con domicilios, ya que el restaurante funcionaba únicamente con servicio a la mesa.
Adicionalmente, ahora también se ofrece el sitio la celebración de grados, cumpleaños y reuniones familiares o empresariales con el fin de seguir creciendo como empresa.
De igual manera, Gilberto dice que también están incursionando con el servicio de catering (servicio de alimentación institucional o alimentación colectiva), con el fin de prestar servicio en la atención de grandes eventos, teniendo en cuenta que el restaurante tiene una capacidad para 120 personas.
Reitera que los proyectos a corto y mediano plazo son seguir creciendo y cada día deleitar el paladar de todos los bumangueses, y las personas que por recomendación de otros llegan a disfrutar de los platos como el tradicional Tejaditos o la Cazuela, que son los que más piden los clientes.
Los empleos
En cuanto a la generación de empleo, Olga Lucía precisa que en la actualidad en nómina tienen 12 personas, pero adicionalmente el grupo en total con los extras son aproximadamente 25 personas, ya que cuando llega la temporada alta se requiere más personal, así como cuando el restaurante se reserva para la celebración de eventos.
Estrategia para resurgir
Después de pandemia debido a las ventas tan bajas, los propietarios de Tastyzón iniciaron la campaña llamada “Cena Solidaria”, estrategia encaminada a reactivar las ventas y seguir recaudando el dinero necesario para cumplir con las obligaciones financieras y seguir adelante.
Gilberto dice que esta estrategia ha sido una gran ayuda y de esta manera cada día se ve el crecimiento del restaurante.
Ser inspiración para otras personas
Gilberto Sanabria en los últimos meses ha contado su historia una y otra vez, y como dice más allá de impulsar las ventas en su restaurante, lo que quiere es ser inspiración para otras personas, y decirles que los sueños se cumplen, pero para ello es necesario ser fuertes, disciplinados y sobre todo creer en uno mismo.
Considera que todo este tiempo, es decir, desde el 2018 cuando empezó en la aventura de pasar de ser empleado a forjar su propio negocio, también he aprendido que Dios puso un nuevo propósito en su vida como es ser líder y ejemplo para otras personas.
Actualmente Gilberto se prepara para empezar en su otro sueño que es dar conferencias y además de contar su historia enseñar a otros en cómo trabajar para no solo ser un gran empresario, sino también ser una buena persona, porque en la vida el dinero no es lo más importante sino tener valores, ser agradecido y ser humilde.
Recuerda que recientemente participó en una charla en la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab, con emprendedores y considera que ese es el primer paso para seguir por este camino.

















