Desde hace seis meses los bares y discotecas de la ciudad permanecen cerrados. Ante la incertidumbre de su reapertura varios de estos negocios cerraron sus puertas definitivamente en la región.

Publicado por: John Fredy Arias González
El sector más golpeado por la pandemia de COVID-19 es el de bares y discotecas. Pese a que la apertura de los demás sectores avanza gradualmente, el futuro de estos lugares de esparcimiento es incierto. Las autoridades aún no dan señas de cuándo podrían volver a funcionar.
Daniel Duarte, presidente de Unibares Santander, asegura que quienes pertenecen a este gremio sienten gran frustración debido a que ningún mandatario se ha pronunciado sobre la reapertura del sector o para ofrecer algún tipo de apoyo.
“No podemos presionar más. Hemos presentado protocolos pero no nos dicen nada. Hemos pasado PQR, solicitado citas con la Secretaría del Interior, pero nadie en la Alcaldía de Bucaramanga nos atiende. Estamos completamente bloqueados, no hay nada más que podamos hacer”, lamentó.
Sin posibilidades
El Gobierno Nacional estableció que con la fase de aislamiento selectivo podrían volver a sus labores presenciales sectores como los restaurantes y gastrobares, sin consumo de alcohol. Sin embargó, el funcionamiento de bares y discotecas sigue prohibido.
Los propietarios de estos establecimientos consideran que no es viable su transformación. “En primer lugar no tenemos permiso para operar como restaurante, tendríamos que cambiar la actividad comercial”, explicó Duarte.
Además, sus locales no están acondicionados para vender alimentos. “No tenemos cocina, no es sencillo instalarla porque se tiene que pensar en varios detalles como la salida del humo...”.
Dichas remodelaciones implicarían un alto costo que en este momento no pueden asumir, debido a que no han recibido ingresos desde marzo.
En caso de poder realizar dicha inversión el sostenimiento del lugar tampoco estaría garantizado. “No podemos competir contra los restaurantes que ya tienen un menú, adecuaciones y permisos. Prácticamente es empezar de cero en una ciudad donde la oferta de restaurantes es de las más altas del páis”, comentó Duarte.
El empresario recordó que el fuerte de sus negocios es el consumo de licor, que no es permitido en ningún establecimiento comercial y lugares públicos. “Los bares y discotecas están diseñados para hacer vida social y prestar un servicio dentro de las instalaciones. Nuestros ingresos prácticamente derivan de la venta de licor, que tiene un valor alto para pagar nuestros gastos de funcionamiento”.
Advierte que tampoco les favorece vender licor para llevar a casa. “En la región ya hay muchas licoreras. Quienes trataron de vender licor volvieron a cerrar, porque las licoreras están establecidas hace mucho tiempo y la gente le pide es a ellos”.


















