El Gobierno, en su esfuerzo de lograr más protección a la vejez y aumentar su cobertura, propone su reforma pensional. Paralelo a esto, 5 millones de adultos mayores en Colombia no tienen pensión. Vanguardia les presenta el testimonio de tres personas que cuentan cómo es vivir sin pensión.

Publicado por: Miguel Orlando Alguero
Sentado en un muro del jardín de la clínica Isnor de Bucaramanga, Serafín Villamil espera a que le den de alta a su esposa. Él, quien le dedicó gran parte de su vida al campo, hoy es uno de los 5 millones de adultos mayores en Colombia que no tiene pensión. Una cifra que, según Asofondos, puede llegar a ser de 8,3 millones para 2055.
Serafín tiene 75 años y en su juventud fue agricultor de yuca, maíz, plátano y café. Él quedó por fuera del sistema pensional, como la mayoría de los adultos mayores de este país. Solo uno de cada cuatro tiene pensión, es decir, el 25 %, según el Ministerio de Hacienda.
“Alcancé a cotizar un tiempo, pero en el Gobierno de Uribe hubo unos cambios en la cotización y también tumbó el Seguro Social. Con eso perdí muchas semanas y también se embolataron otras cuando trabajé en construcción”, recuerda Serafín.
Según su relato, terminó con menos semanas de cotización en Prima Media, que es el régimen público colombiano de pensiones. Por eso reclamó lo que había ahorrado.
“Eran como 117 semanas y me dieron ese plata... Quedé sin pensión”, afirma Serafín, quien nació en Rionegro (Santander), pero a sus 21 años se fue a Puerto Wilches, luego a San Vicente de Chucurí y hoy vive en Bucaramanga.
Para casos como el de Fermín, el Gobierno Petro en su reforma pensional propone un pilar solidario, el primer pilar del nuevo sistema en Colombia.
Este pilar es para todos los mayores de 65 años que no tienen pensión, que son 2,5 millones de personas, a quienes se les dará una renta por encima de la línea de pobreza, equivalente a $223.000 al 2024.
Este bono garantizará un ingreso básico solidario para amparar las condiciones mínimas de subsistencia. Este valor, según Mintrabajo, es tres veces superior al subsidio que actualmente otorga el programa Colombia Mayor.
Sin trabajo y sin pensión
Serafín agrega que no recibe ningún subsidio del Gobierno: “Uno sin un trabajo, sin una pensión, ya no nos dan empleo, así es muy duro”.
Para él, la culpa de que muchas personas no tengan pensión es del Gobierno porque no han tenido en cuenta al adulto mayor. “Ojalá la juventud construya hoy su futuro para que no les pase lo de nosotros, a pesar de que levantamos el campo y llevamos lo necesario a la ciudad para que pueda sostenerse”, narra Serafín.
Otra razón, según él, es que en el campo no hay buena rentabilidad porque las ganancias de los cultivos son pocas, incluso “se sufre porque a veces no se alcanza a recuperar lo que se le invierte a una yuquera o platanera. Hubo un tiempo en que solo hacía para el transporte, es decir, para traer los productos a Bucaramanga... El resto del trabajo se quedaba ahogado. Así fue muy difícil sostener un capital para obtener una pensión”, asevera Serafín.
Sobre la propuesta de darles a 2,5 millones de personas mayores de 65 años que están sin pensión y por debajo de la línea de pobreza extrema, pobreza y vulnerabilidad, un monto cercano a los $223.000 cada mes, considera que ese dinero cubre algo, pero no es suficiente por el alto costo de vida.
“Esos $223.000 solo sirven para una semana. Hay que pagar arriendo, servicios, mercado y muchas cosas. ¿Y el resto? ¡Tremendo!”, dice Serafín, quien vive en el barrio Comuneros de Bucaramanga.
Hoy Serafín, al no alcanzar la jubilación a los 62 años, como dicta la Constitución para los hombres, cuenta que no le ha faltado ‘el pan en su mesa’, gracias a la providencia de Dios, a las ayudas de sus hijas y donaciones de la iglesia a donde asiste.
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Ambulantes
Sobre la carrera 15, frente al edificio Centro Colseguros, está Esther Quiñónez, quien a sus 58 años se considera una mujer productiva, a pesar de no cotizar para pensión.
“Fui niñera, cocinera en casas de familia y fincas, después tuve a mis hijos, por lo que trabajé en servicios varios, y luego terminé como trabajadora sexual a los 24 años porque ya no me alcanzaba el sueldo y no tenía quien me cuidara a los niños”, recuerda Esther, mientras se fuma un cigarrillo y bebe un sorbo de café.
Da un par de pasos para sentarse en el andén, al lado de una zona de vendedores ambulantes del Centro y los señala para afirmar que todos ellos no cotizan pensión y por eso no tendrán dinero que les asegure su vejez.
“Si algo tengo claro es que no me gusta reclamarle al Gobierno, porque si uno no pagó pensión, cómo puedo exigirle. Eso sí, le pido ayuda para poder trabajar. Repito, si uno no cotizó, pailas”, enfatiza Esther, quien agrega que la falta de trabajo y los bajos ingresos son la principal causa del porqué la gente en Colombia no se pensiona. “En mi caso muchas veces estoy desempleada y cuando gano algo como trabajadora sexual es para comer, pagar deudas y servicios. Tengo hijos, ellos se fueron y quedé sola”.
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Según el analista económico y docente Germán Machado Rodríguez, el actual sistema pensional de Colombia es desigual, tiene baja cobertura y pensiona a pocos. Además, no es sostenible en el tiempo.
Herminia Grimaldos tiene 59 años y hace 27 años se dedica al trabajo informal en Bucaramanga. Desde que labora, no cotiza porque sus ingresos no le alcanzan para aportar al sistema pensional. Ella también es una de las tantas mujeres que cumplió 57 años y no alcanzó a jubilarse.
Dice que trabajará hasta que se muera o deje de moverse porque para subsistir le toca del ‘día a día’ en la calle vendiendo tintos, cigarrillos, collares, pulseras, anillos y minutos de celular.
“Trabajé en un fábrica de zapatos por mucho tiempo en mi juventud, ahí ganaba bien, pero mi patrona se enfermó y se acabó la empresa. Con eso ahorré para sostener a mis cinco hijos, pero ahora solo tres dependen de mí”, cuenta Herminia, quien vive con sus dos hijos mayores.
Para ella, el desempleo es la verdadera razón para no tener una pensión cuando llega la edad de jubilación. “Así van mis hijos, ya estudiaron, pero es difícil conseguir empleo, pasan y pasan hojas de vida, y nada, por eso no tienen experiencia... Que le den la oportunidad”, pide Herminia, vestida con un chaleco naranja fosforescente que dice: “Venta de minutos”.
Mientras unos clientes le compran unos cigarrillos, recalca que trabaja de domingo a domingo, se levanta a las 3:00 a.m. a preparar el tinto y envarsarlo en los termos. Después llega a las 6:00 a.m. a la carrera 15, en el centro de Bucaramanga, y termina su jornada a las 8:00 p.m. “Lo que me gano es para sobrevivir. No hubo cómo aportar a pensión antes, ahora menos”.
Sobre la propuesta del Gobierno Petro de entregar una renta vitalicia como bono pensional, considera que es una buena idea, pero critica que en Colombia, muchas veces, ”los subsidios se los dan a personas que no los necesitan, que tienen cómo, mientras que a quienes pasan necesidad no les llega nada”.
Para terminar la conversación, le envió un mensaje a los jóvenes que hoy empiezan su vida laboral o llevan pocos años en ella: “Hagan el esfuerzo de cotizar. Lo que no hicimos nosotros de trabajar y cotizar una pensión, sí háganlo ustedes, para que no les toque pasar las difíciles como a uno”.















