Colombia es un país profundamente desigual, tiene el segundo Gini más desigual de Latinoamérica con 0,52 puntos.

Los hogares con el menor ingresos en el país tienen cerca del 20% de la deuda de los créditos bancarios, sin tener en cuenta las figuras del “gota a gota” ni el crédito informal, según un estudio del investigador Juan Sebastián Contreras, magíster en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia.
Según el estudio, estos hogares se endeudan para responder a los choques de ingreso y gasto, y para hacer inversiones en educación o mejoramiento de vivienda.
Además se observa que en los hogares de ingresos inferiores, el nivel de incumplimiento es el más alto con un 31,2%, pues solo el 68,8% declaran que están al día con sus pagos; en contraste, el 82,9% de los hogares en el nivel de ingresos superior declaran de estar al día.
Entre tanto, ante una mayor oferta de crédito y una pérdida de ingreso entre los hogares de ingresos más bajos, aumenta el nivel de endeudamiento.
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“Los hogares tratan de mantener su nivel de consumo recurriendo al crédito, lo que explica por qué, aunque el efecto neto sigue siendo negativo, no es una reducción proporcional con respecto al aumento del consumo de los hogares con mayores ingresos”, explica el investigador.
País desigual
El investigador comenta que “Colombia es un país profundamente desigual; de hecho tiene el segundo coeficiente de Gini (índice de desigualdad de ingresos) más desigual de Latinoamérica (0.52). El 1% más rico de la población tiene 20,4% de los ingresos del país”.
Según el estudio, la desigualdad se mantiene debido a que la proporción del ingreso que tiene en su poder el 1% más rico de la población pasa del 20,4 al 21,3% en el largo plazo.
El magíster explica que el aumento del ingreso en la población de menores ingresos tiene dos destinos: por un lado, hay una variación amplia del consumo, que ronda el 5,5% en el largo plazo, y por el otro un aumento en la oferta de productos de crédito en el sector bancario.
Con este estudio, el investigador señala que existe una relación entre macroeconomía y desigualdad, ya que “la política macroeconómica puede ampliar o disminuir los niveles de desigualdad; y la desigualdad puede obstruir los objetivos de la política macroeconómica”.














