Cultura
Sábado 03 de septiembre de 2011 - 12:00 AM

Incursión poética en el lenguaje de la imagen

Si se hiciera un inventario de las exposiciones de los últimos años en la ciudad, y a partir de ello un pequeño análisis de sus impactos, se descubriría, sin dudas, que las mujeres tienen un lugar preeminente hoy.

Publicado por: ALBERTO BORJA

La calidad de sus propuestas y la relación que establecen con el público a través de sus trabajos se articulan en un decir auténtico. Proponen un hablar desde su propia vida, resistente a los discursos homogenizadores del interés de la opinión pública.

Nuestras artistas parecen sintonizadas con la ampliación de los medios expresivos, que impulsa la comunicación globalizada, alejándose de la tradición ortodoxa. Precisamente, en esta nueva generación de mujeres, aparece Nancy Ospina, una mujer que dibuja y que se puede reconocer en este oficio al lado de sus actuaciones con otros medios y materiales.

En sus grafías recientes se permite el autorretrato en una serie evolutiva de dibujos de formato mediano y grande. El espejo, que acompañaba al pintor en la tarea de retratar su alma, fue reemplazado por el registro múltiple del instante en la foto digital que no obliga a la permanencia, a la mirada reiterativa sobre sí mismo. Pero este recorrido se da de todas maneras en el momento de dibujar sobre el papel, volviendo sobre la propia imagen estabilizada en la pantalla del ordenador.

El rostro mira al fotógrafo y el dibujo, en blanco y negro, al espectador. El cuadro, por su parte, nos presenta en diferentes facetas a la mujer encerrada en un fragmento selvático, que puede derivar en figuras antropomorfas, en una línea de horizonte insinuado o en una red sin referente horizontal. Un vestido de entrelazamientos acumulativos, que se relacionan con las técnicas del grabado, cubre parte de la piel y se complementa con tocados o peinados en distintas variaciones.

La modelo puede verse contenida por lo que le rodea, aprisionada en las fauces de un lugar exótico, como cuando al colono se lo traga la selva sin dejar rastro ni rostro. Podría hacerse a partir de las imágenes una lectura analítica de una historia personal, de una serie de caminos preexistentes de los que no hay conocimiento y en los que no se puede caminar porque son del otro, ajenos a la experiencia del que no ha tenido que transitarlos aún. 

Para hablar de esta última serie de Mujeres, es posible apoyarse en el mecanismo de la filigrana, esa expresión del lenguaje barroco a veces llena de circunvoluciones, ramas, texturas y gradaciones que persiste en las soluciones plásticas de muchos artistas latinoamericanos, incluso desde antes de que llegaran los europeos con la tardía noción de modernidad ajena. Este recurso, conocido entre los joyeros tradicionales del valle del bajo Magdalena, es útil para describir algunas de las soluciones formales de esta artista que elabora planos, superposiciones, espirales, rizos, evoluciones y deformaciones que acompañan su manera realista de referirse a la expresión facial; al decir no verbal de los personajes congelados en el dibujo, intemporales como los recuerdos que persisten vívidos a pesar de la acumulación de olvido que crece con los años. 

¿Belleza? Puede ser la lectura de valor que se hace luego de conocer a esta bella mujer que dibuja y se dibuja. Lo bello como valor derivado de la contemplación no exige discursos justificantes sobre lo que es o debería ser considerado como tal, y la inagotable derivación sobre el gusto individual no se acaba de estabilizar nunca.

Los rincones oscuros de los recuerdos también matizan y resaltan la aparición esporádica de lo bello en la memoria. Como en los versos de Juana Inés de la Cruz: “En perseguirme, mundo, ¿que interesas? / ¿En qué te ofendo, cuando solo intento / poner bellezas en mi entendimiento / y no mi entendimiento en las bellezas?”. Lo barroco rodea esa pequeña incursión poética concentrada en unos ojos que nos ven desde el desenfado, desde el cuerpo femenino convertido en paisaje de memoria mientras teje la mujer, que espera en un laberinto sin salida, los dibujos de la piel y sus historias.

Publicado por: ALBERTO BORJA

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