Cultura
Sábado 09 de julio de 2016 - 12:01 AM

Una voz de la literatura colombiana desde la distancia

“La distancia hace que todo sea más eficiente, porque me ocurre que al estar cerca de un hecho o un lugar, me cuesta mucho más expresarla, más cuando se involucra de cierta manera la historia personal”, afirma la escritora.

‘Cosas Peores’, el libro de la escritora cartagenera Margarita García Robayo. (Foto: Colprensa / VANGUARDIA LIBERAL )
‘Cosas Peores’, el libro de la escritora cartagenera Margarita García Robayo. (Foto: Colprensa / VANGUARDIA LIBERAL )

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Publicado por: SERGIO VILLAMIZAR D.

Radicada en Buenos Aires desde hace una década, la cotidianidad de Margarita García Robayo, una cartagenera que en una ciudad que respira literatura ha emprendido proyectos como el blog Sudaquia: historias de América Latina –que ha sido reproducido por importantes medios de comunicación del mundo–, se desenvuelve entre innumerables viajes para asistir a distintas ferias del libro en el mundo, las temporadas de becas y residencias para escritores a las que se postula y los viajes para acompañar a su pareja a diferentes festivales de cine.

Desde hace seis años viene publicando desde libros de relatos como ‘Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza’ hasta la novela ‘Lo que aprendí’, y ahora llega a las librerías del país con ‘Cosas peores’, que consta de siete relatos breves, que entre la suave ironía y una brutal visión presentan su percepción sobre la vida contemporánea.

El lado difícil

de las cosas

–– Su primer libro, ‘Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza’, también era de relatos…

–– Fue mi primer libro, publicado en 2010, con el cual estaba empezando, dando mis primeros pasos en la literatura y en realidad no me gusta mucho, pero calculo que esto le suele suceder a muchos escritores con sus primeros libros. Me siento muy afortunada de haber publicado ese libro de una forma tan rápida, recién empezando y siendo un libro de relatos, pero debo ser honesta en que siento que le faltó tiempo a esos relatos. Me parece que cuando uno se apresura, tarde o temprano se da cuenta de que no estaba listo para salir. Pero fue un aprendizaje para los siguientes pasos.

–– ¿Siente la diferencia entre ese libro y ‘Cosas peores’, también de relatos?

–– Ahora siento que la diferencia es que ‘Cosas peores’ es un libro más maduro porque la escritora es más madura, porque lo trabajé bastante y con mucho cuidado, más con el voto de confianza que es haber ganado un premio.

–– ¿Dónde está la diferencia?

–– Siempre los libros serán infinitamente trabajables y perfeccionables, y aun así tendrán sus defectos. Este libro lo trabajé con la conciencia de lo que quería, sabiendo que quería trabajar historias que tocaran temas como la enfermedad, las fracturas cada vez más comunes en la sociedad contemporánea, así como los vínculos rotos y las separaciones. Una idea que se mantuvo de principio a fin, donde cada historia pudiera leerse de manera independiente, pero a la vez hicieran parte de un todo, que le diera solidez al libro, y siento que se logró, lo que me dejó contenta.

–– El cuento que le da título al libro es una de esas historias de problemas familiares…

–– Es un relato que me gustó mucho, porque además de hablar de esas familias de padres separados y un hijo con un problema de obesidad en su fondo está el tema de las cosas incontrolables del cuerpo, cosas como la enfermedad, que arrebatan ese control. Este chico nace así, no para de engordar pese a los controles y tratamientos, lo que al final puede ser una bomba dentro de una familia que ha ido acumulando problemas no resueltos a lo largo de los años. Es la prueba de que no terminamos de tener el control sobre lo que nos pasa.

El galardón

–– ¿Qué la motivó a postular este libro al Premio Casa de las Américas?

–– Es difícil, pero a la vez pone límites de tiempo que a veces como escritor hacen falta. Saber que se tiene una serie de historias, y que deben trabajarse para entregarlas en cierto plazo, eso en realidad es una gran ventaja. Esa es la primera utilidad de un premio. Por otro lado, en Argentina conocía a un par de escritores que se lo habían ganado, y sabía que es un galardón muy prestigioso, serio y respetado, porque ni siquiera entrega mucho dinero, por lo que mandé el libro como quien manda un mensaje en la botella al mar, pero con la seguridad de que más allá de que el libro fuera bueno o malo, era lo que yo había querido conseguir.

–– ¿Es distinto el proceso de escribir cuentos al de escribir novelas?

–– Me paso a diferentes lugares para escribir, ya sea novela o cuentos. Siento que con los cuentos tengo mayor interés, o una fijación más técnica, con un trabajo manual mucho más riguroso que el de una novela. Quiero que sean maquinitas que funcionen de manera casi perfecta, que sea como una prenda de vestir a la que se pueda dar la vuelta, verle las costuras y comprobar que está bien hecha. En las novelas, creo que me doy más libertad para la divergencia. Si bien en la técnica hay un gran esfuerzo, creo que tiene que ver más con preguntas introspectivas, con un abordaje más filosófico de la vida, de las cosas, de las historias.

–– ¿Difícil lograr publicar cuentos?

–– En todos lados es medio raro encontrar una editorial que quiera publicar cuentos, al decir que no son cosas muy comerciales, pero en mi caso lo que más consumo son los cuentos, por su facilidad práctica de la lectura, mientras que la novela exige de una lectura de largo aliento. En Argentina, quizás por su tradición en el género, es menos delirante enviar a una editorial un libro de cuentos que en otro país, donde suelen decir que los cuentos no se venden, que hay que escribir una novela.

–– ¿Sus historias y su escritura se ven influenciadas por el hecho de ser inmigrante?

–– La distancia de la tierra nos da una perspectiva diferente, aunque quizás menos en los cuentos, donde la geografía y el territorio están más desdibujados, porque por un tema de elección estética no suelo decir dónde ocurren los hechos, las historias, para que la gente imagine, por las características que doy, dónde pueden estar sucediendo. En las novelas sí hay un anclaje en el territorio. Las dos novelas que he escrito suceden ambas en Cartagena, en un periodo determinado.

Publicado por: SERGIO VILLAMIZAR D.

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