Cultura
Martes 22 de octubre de 2024 - 10:16 AM

Ciudad de las ausencias: Luis Izquierdo revive las luchas invisibles de las mujeres en la Colombia de la Violencia

En Ciudad de las ausencias, el escritor Luis Izquierdo narra la vida de su abuela, una mujer que enfrentó la brutalidad de la Violencia bipartidista en Colombia. A través de este relato, Izquierdo reconstruye una Bogotá marcada por el machismo y la guerra, mientras destaca la resiliencia de las mujeres que, a pesar de la adversidad, lograron forjar su propio destino.

Ciudad de las ausencias: Luis Izquierdo revive las luchas invisibles de las mujeres en la Colombia de la Violencia. Foto tomada de redes sociales/VANGUARDIA
Ciudad de las ausencias: Luis Izquierdo revive las luchas invisibles de las mujeres en la Colombia de la Violencia. Foto tomada de redes sociales/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Durante la Violencia bipartidista en Colombia, un periodo que abarcó entre 1948 y 1958, el país se desangró en un conflicto entre los partidos tradicionales, Liberal y Conservador. En medio de ese fuego cruzado, las mujeres emergieron como víctimas invisibles de una guerra que no sólo devastó cuerpos, sino también almas. Este conflicto, que sembró terror en los campos y ciudades, trastocó profundamente las vidas de aquellas que quedaron atrapadas en una sociedad que las relegaba a un rincón de la historia, mientras enfrentaban con valentía las consecuencias de un sistema patriarcal y violento. Lea también: Carolina Cruz mostró foto inédita de su niñez

Las mujeres fueron víctimas directas de atrocidades que iban más allá del campo de batalla. Asesinadas, torturadas, violadas y desplazadas, sus cuerpos se convirtieron en territorios de guerra. La brutalidad física fue solo una de las tantas formas en las que este conflicto las marcó. A la par, debieron enfrentar la tortura psicológica de perderlo todo: su hogar, sus seres queridos y, en muchos casos, la esperanza de un futuro.

Pero no solo fueron víctimas pasivas de la violencia. Al perder a sus maridos e hijos, muchas mujeres se vieron forzadas a tomar las riendas de sus hogares, asumir roles tradicionalmente masculinos y convertirse en cabezas de familia. La mujer, antes confinada al espacio doméstico, tuvo que enfrentar la dureza del campo, la economía informal y las calles hostiles de un país en ruinas. Se convirtieron en luchadoras silenciosas, sobrevivientes de un mundo que les negó, incluso, el derecho a soñar con algo mejor.

La crisis económica que acompañó a la violencia fue devastadora, afectando de manera desproporcionada a las mujeres, quienes ya se encontraban en los márgenes del sistema laboral y económico. El trabajo escaseaba, y los recursos se esfumaban, dejando a las mujeres al borde de la miseria. Sin embargo, a pesar del empobrecimiento, encontraron formas de resistir, de mantener a sus familias a flote, tejiendo redes de solidaridad en la penumbra.

No obstante, quienes se atrevieron a alzar la voz, a participar en la política o a involucrarse en movimientos sociales, fueron estigmatizadas, acusadas de traición o de violar el orden natural de una sociedad que exigía sumisión femenina. El patriarcado, ese monstruo invisible pero omnipresente, utilizaba a la mujer como objeto de venganza, como trofeo de guerra, como símbolo del control social. Lea también: Revelan la verdad sobre el video íntimo de la árbitra Elif Karaarslan

¿Por qué las mujeres fueron un blanco especial en esta guerra fratricida? La respuesta es dolorosa. Más allá del campo de batalla, la violencia contra las mujeres fue un arma de control social. Al violar, torturar y asesinar a una mujer, los actores armados buscaban imponer su autoridad, enviar un mensaje de dominio a las comunidades. La mujer, como símbolo de la vida, se convirtió en un territorio que debía ser conquistado.

Pero también había un componente de venganza. Las mujeres eran castigadas por las acciones de sus maridos, padres o hermanos. El honor de una familia se destrozaba en sus cuerpos. En una sociedad dominada por el patriarcado, el sufrimiento femenino era invisible, casi esperado, como si la violencia que recaía sobre ellas fuese parte del orden natural de las cosas.

Este contexto es el marco del escritor Luis Izquierdo para escribir Ciudad de las ausencias, un relato que nos sumerge en la vida de su abuela, una mujer que enfrentó la violencia bipartidista de Colombia y reconstruyó su existencia en una Bogotá que apenas comenzaba a definirse. Para Izquierdo, este libro es mucho más que un homenaje personal; es una reflexión sobre las luchas de las mujeres de su familia y la manera en que su historia está íntimamente conectada con la del país.

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“La ciudad de las ausencias nace con la intención de escribir la historia de mi abuela. Ella tuvo que huir por la violencia de su tierra natal, pero llegó a Bogotá y comenzó a construir su vida en solitario, lejos de su familia. Siempre me pareció que era una heroína, pero no una heroína como las que estamos acostumbrados a imaginar. Era una mujer que se enfrentaba a una sociedad patriarcal con mucha valentía”, explica Izquierdo en una entrevista de WhatsApp con Vanguardia.

Más allá de contar una historia de lucha personal, Izquierdo destaca que la novela tiene un propósito más profundo: el reconocimiento de la genealogía familiar como una forma de autoconocimiento. “Ahí hay una doble intención. Primero, me parecía una historia heroica, pero también creo que encontrarnos con nuestras propias genealogías es parte de conocernos a nosotros mismos. Creo que, a veces, olvidamos la energía que viene de nuestras abuelas y madres”, comenta.

Para Izquierdo, este ejercicio de memoria tiene un valor inmenso no solo para él como escritor, sino para la sociedad en general: “Al reconocernos en las historias de nuestras familias, podemos comprender mejor nuestras raíces. Eso puede generar una mayor empatía con los demás. La guerra, de alguna forma, atraviesa la historia de cada uno de nosotros, y al explorar esas vivencias, podemos establecer vínculos con quienes nos rodean y aprender a vivir en paz”. Lea también: Vuelos baratos: aerolíneas en Colombia ofrecen tiquetes desde $70.000

El escritor también reflexiona sobre la importancia del contexto histórico en su obra, especialmente en la Colombia del siglo XX, marcada por la violencia. “Mi primera aproximación al siglo XX tiene que ver con las vivencias que tuve como niño y adolescente. Nací en 1973, y desde los años 80 comencé a darme cuenta de lo que ocurría en el país: las bombas del narcotráfico, la muerte de Luis Carlos Galán, entre otros momentos clave”, recuerda.

Esos episodios, que Izquierdo vivió de cerca, también están presentes en la novela: “No solo vi a Luis Carlos Galán en plaza pública, sino que recuerdo la quema de tanques de gasolina cerca de la cárcel La Modelo, en Puente Aranda. Este tipo de anécdotas forman parte de esa convulsionada Colombia del siglo XX que atraviesa Ciudad de las ausencias.”

Uno de los temas más importantes en la novela es cómo las mujeres, en medio de una sociedad machista y patriarcal, lograron construir su vida y su propio espacio. “Mi intención no es narrar la violencia per se, sino lo que les ocurre a las mujeres en ese contexto. Bogotá era una ciudad masculina y patriarcal, pero mi abuela y muchas otras mujeres lograron salir adelante con sus propios medios. Se apoyaron entre ellas y forjaron un camino en medio de la adversidad”, afirma el autor.

Izquierdo reconoce que el telón de fondo de la violencia bipartidista y las luchas sociales es fundamental en su novela, pero subraya que el foco siempre está en las mujeres. “La estructura narrativa de Ciudad de las ausencias está sostenida por esas experiencias femeninas en un mundo hostil. Para mí, era importante destacar el papel que las mujeres de mi familia, y en general, juegan en la historia, no solo como víctimas, sino como constructoras de su propio destino”, señala.

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Izquierdo también resalta la importancia de la memoria histórica y el reconocimiento de los ancestros como un camino hacia la comprensión de la sociedad. “Creo que penetrar en esos horizontes históricos nos permite comprendernos no solo como escritores, sino como parte de un colectivo. Las vivencias de generaciones pasadas nos permiten reconocernos, y en ese proceso, encontramos puntos en común que nos hacen más empáticos”, comenta.

En ese sentido, para Izquierdo, la escritura es un medio para explorar esas historias, tanto familiares como nacionales. “Al final, nos damos cuenta de que los sufrimientos, las alegrías, las tristezas y los amores son casi siempre los mismos, aunque con matices diferentes. Pero cuando reconocemos el valor de quienes nos precedieron, encontramos un camino para comprendernos mejor como sociedad y como individuos”, concluye.

Con Ciudad de las ausencias, Luis Izquierdo no solo rinde homenaje a su abuela, sino que ofrece una visión de la Colombia del siglo XX, atravesada por la violencia, pero también por la fortaleza de las mujeres que lucharon por construir su propio espacio en un país marcado por la adversidad.

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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