En el Costurero Labordatorio de Berenguela, el hilo y la aguja cuentan historias de mujeres olvidadas. A través de la exposición Hilar Sur, este colectivo de bordadoras convierte el textil en un manifiesto de memoria y resistencia, reivindicando el arte y la lucha de las obreras y creadoras que marcaron la historia.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Bajo el techo antiguo de la Casa Museo Fernando González, en Envigado, se reúnen cada sábado. Las agujas brillan en las manos, atraviesan la tela con precisión y dejan, en cada puntada, un testimonio. Aquí, en el Costurero Labordatorio de Berenguela, el hilo no solo cose, también habla, recuerda y resiste.
En este espacio, fundado en octubre de 2021, se tejen historias de mujeres que nos inspiran desde el arte y la literatura. Su nombre es un homenaje a Margarita Restrepo Gaviria, la lectora silenciosa, la compañera del filósofo Fernando González, la mujer que habitó su casa, aunque los libros la olvidaran. Porque las mujeres siempre han estado ahí, sosteniendo el mundo en puntadas invisibles.
“He acompañado, digamos, mi trabajo... Se ha centrado en hacer espacios de encuentro alrededor del textil como lenguaje, como narrativa para contar la vida, ¿cierto? Contar la vida para la vida”, dice Isa González, con la certeza de quien entiende que la memoria se borda. El textil no es solo un adorno, es una tecnología, un lenguaje, un mapa.
Las manos que aquí bordan no aceptan el silencio impuesto. Las labores domésticas, tantas veces relegadas al rincón de lo invisible, han salido a la plaza. Desde hace tres años, el costurero de Berenguela ha sido un lugar de encuentro, pero también de cuestionamiento: ¿Qué significa coser en un mundo que menosprecia la aguja? ¿Quién decide qué es arte y qué es oficio?
Una exposición que responde a estas preguntas se presentó en la Universidad Santo Tomás de Floridablanca. gestionado por el grupo Textileras que hizo posible la itinerancia de la exposición en Santander.

Hilar Sur: el manifiesto de mujeres y agujas
En las paredes de Otraparte, la exposición Hilar Sur despliega su hilo. Es más que una muestra: es una declaración, un acto político. Inspiradas en la obra de Débora Arango, la pintora que llamaron despectivamente “pintora de costurero”, las mujeres del costurero encontraron en sus bocetos un espejo
“Nosotras somos, por elección, pintoras de costurero. Y eso quiere decir que desde lo textil ponemos nuestra fuerza y nuestra voz para abordar los temas que nos cruzan”, asegura Isa.
En la exposición, los hilos y puntadas desafían los márgenes impuestos. Se cosen las historias de las sufragistas, las obreras textiles, las luchas feministas del presente. La tela se convierte en un manifiesto de memoria y resistencia: “Existen mujeres que tejen los hilos del destino de la vida y de la gente para transformar las historias punto a punto, haciendo y deshaciendo la labor hasta encontrar un ritmo propio, uno capaz de crear nuevas texturas y textos, nuevas tramas en la casa, en la fábrica, en la plaza”, señala Isa.
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El hilo que une la historia no se corta. Es el mismo que recorrió las fábricas textiles de Envigado y Itagüí, el que sostenía las manos de las obreras que lucharon por sus derechos, el que se desliza hoy entre los dedos de las mujeres que aquí bordan la memoria.
En cada puntada, en cada hilo que atraviesa la tela, se dice lo que durante siglos se intentó callar. El costurero de Berenguela sigue hilando la historia, punto a punto, sin dejar que nadie la descosa.















