Elsa Rico ha vuelto. Luego de superar una difícil enfermedad, la poeta boyacense renace en Bucaramanga con más fuerza que nunca y necesita del respaldo de los bumangueses para seguir sembrando poesía en el alma de Santander.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Entre el bullicio cotidiano y el ritmo acelerado de la ciudad, habita una voz serena que resiste el olvido: la de Elsa Rico, poeta boyacense que ha hecho de la declamación un acto de entrega y resistencia en Bucaramanga. Con más de 600 poemas aprendidos de memoria, su presencia en los espacios culturales de la ciudad ha sido, por años, sinónimo de belleza, sensibilidad y amor por la palabra. Lea también: ‘Tienda MAMB’ abre sus puertas con 53 emprendimientos de todo el país
Elsa no solo recita poemas: los encarna. En sus presentaciones su voz se transforma en cauce para las emociones que otros escribieron, pero que ella revive con una precisión que estremece. Cada verso que pronuncia tiene la intensidad de quien ha vivido en carne propia el dolor, la ternura, el desarraigo, la esperanza.
Sin embargo, no todo ha sido lírico en su historia. En los últimos meses, Elsa enfrentó una delicada situación de salud que la obligó a retirarse de las calles de Bucaramanga, interrumpiendo su incesante labor poética. La enfermedad la silenció por un tiempo, pero no logró apagar el fuego interior que la impulsa a compartir su arte. Con una fuerza admirable, hoy Elsa ha vuelto. Renacida. Con el alma intacta y los poemas a flor de piel.
“Yo solo escribo y recito mis poemas. Es como un apostolado. Quisiera que todo el mundo aprendiera mis poemas, como cuando se aprenden las canciones”, dice.
Esa devoción por la palabra es la misma que la ha sostenido en los momentos más difíciles, cuando incluso se le cerraban puertas en sitios que no entendían el valor de la cultura: “A veces, los dueños de un negocio, que pueden dar el permiso para la cultura, dicen que no les gusta, entonces...”
Su relación con Bucaramanga es reciente, pero intensa. Llegó en 2022 y pronto se sintió en casa. Le conmueve la franqueza de los santandereanos: “Me gustan porque dicen las cosas de frente. Y eso lo valoro mucho”. Desde entonces, ha recorrido cafés, librerías y espacios alternativos donde su poesía ha encontrado eco.
Hoy, Elsa Rico necesita del apoyo de los bumangueses. No solo como audiencia, sino como aliados en su causa: la de hacer de la poesía una herramienta viva, cotidiana, necesaria.
Elsa no es solo una declamadora incansable. Es símbolo de una pasión que no se rinde. Una mujer que ha hecho de la poesía un modo de vida, un canal de sanación, una forma de habitar el mundo. Su regreso, tras la enfermedad, no es sólo personal: es también una victoria para el arte, una segunda oportunidad para el verso en voz alta.
La presencia de Elsa Rico en Bucaramanga nos recuerda el poder de la palabra dicha con amor y con memoria. Y eso, más que un acto artístico, es un regalo.
















