Estudiantes de la UIS convertirán un bazar en una jornada cultural con arte, música y memoria colectiva: así se vivió La Penúltima Cena.

Publicado por: Redacción Cultural
La Penúltima Cena no será una despedida, sino un renacer. No hubo pan ni vino, pero sí bordado, reggae y memoria estudiantil este viernes 30 de mayo a las 10:00 a.m. en el auditorio Virginia Gutiérrez de Pineda. Lo que alguna vez fue la idea íntima de un bazar estudiantil, una excusa para encontrarse y respirar arte en medio del campus de la Universidad Industrial de Santander (UIS), se convirtió en una jornada cultural completa, donde la creatividad no pidió permiso: simplemente tomó su lugar.
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Desde las 10 de la mañana, la UIS dejará de ser solo un lugar de paso académico. El concreto se vistió de colores, de trazos, de canciones. Más de 40 artistas emergentes, estudiantes del IPRED UIS y de la Escuela Municipal de Artes de Bucaramanga (EMA), se tomaron el corazón universitario para decir con sus obras: “estamos aquí, tenemos algo que contar”.
La jornada comenzará con la Exposición emergente IPRED-EMA, curada por el estudiante B. Marcell Bohórquez Gualdrón. Allí, se tejieron discursos visuales que nacieron en aulas y talleres, pero también en las esquinas donde se cruzan la vida y el arte. Cada pieza parecía susurrar una historia: del barrio, de la lucha, de la ternura.
A unos pasos, el mercadillo artesanal será una constelación de manos laboriosas. Estudiantes, madres cabeza de hogar, emprendedores independientes: todos reunidos bajo el mismo techo solidario de la autogestión. Camisetas bordadas, aretes de arcilla, libretas hechas a mano. No será solo comercio, era comunidad.
Pero uno de los momentos más entrañables será la búsqueda del tesoro de la memoria estudiantil, liderada por Valentina Lobo, estudiante de Filosofía. Allí, el juego se convertirá en pedagogía. Con pistas que llevaban a rincones simbólicos del campus, los participantes reconstruían los eslabones del movimiento estudiantil, en un acto lúdico de recordar que resistir también es una forma de arte.
En paralelo, se tejerá literalmente la historia en el taller de fotobordado, a cargo de Ada Tolosa. Allí, la aguja y el hilo atravesarán fotografías, como quien cose la memoria sobre el papel. Y más tarde, las manos se volvieron aves en el taller de origami guiado por Santiago Tojas, doblando el papel como si se doblara el tiempo para jugar.
La reflexión también tendrá su espacio. El conversatorio sobre los riesgos del consumo de cannabis y el lanzamiento de la campaña “Activismo por el cáñamo”, a cargo de William Calderón y Kuy Mora, mezcló lo político con lo poético: Kuy planea pedalear hasta Bogotá, conseguir cáñamo y convertirlo en ropa deportiva. No para venderla, sino para competir con ella en una carrera, llevando su mensaje en la piel.
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En la tarde, el micrófono se volverá libre. Desde poesía espontánea hasta canciones a capela, los y las estudiantes dirán lo que el pecho no aguanta más. Y al caer el sol, llegará el gran banquete sonoro. Como si de verdad estuviéramos en una última cena, una que no necesita reproducirse en cuadros religiosos, la música será el pan compartido: performance con Catarsis, reggae con Oso Andino, rap con RCC, carranga con Sin Límite y un cierre explosivo con el rock de Policarpa.
La Penúltima Cena no es una actividad extracurricular. Es una declaración política y artística: de que el arte puede ser trinchera y abrazo. De que las universidades públicas, lejos de ser solo espacios de instrucción, son escenarios vivos donde se cruza lo personal con lo colectivo, lo íntimo con lo histórico.
En palabras de su curador, esta fue una exposición “para dialogar con la sociedad”. Y eso es exactamente lo que ocurrirá. La UIS habló, pero esta vez, no con teorías ni cifras, sino con pinceles, guitarras, origamis y versos.















