La obra de danza fusión, “El Cielo del Guacahayo”, creada en Bucaramanga, se presentará del 4 al 14 de julio en Ciudad de México y la Feria del Libro de Puebla.

Publicado por: Redacción Cultural
Algunas obras artísticas se atreven a ofrecer pausas. Detenciones sutiles, pero poderosas, que invitan a mirar con otros ojos el cuerpo, la tierra y la memoria. Tal es el caso de El Cielo del Guacahayo, una propuesta escénica nacida en Bucaramanga que, entre el 4 y el 14 de julio, surcará nuevos territorios: los de México, la danza, y los afectos compartidos.
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El espectáculo es presentado por la compañía de danza de la Escuela Studio 5, perteneciente a la Corporación Rhapsodia, y representa la maduración de una alianza artística de largo aliento entre la danza, la literatura y las artes plásticas. No es casual que su estreno internacional tenga lugar en la Feria del Libro de Puebla y diversos escenarios de la Ciudad de México, pues su raíz es profundamente literaria.
Cinco libros escritos por las autoras colombianas Cristina Díaz (Bucaramanga) y Ada López (Bogotá) componen el universo narrativo que se vuelve cuerpo en escena: El Cielo del Guacahayo, Anatomía Botánica, Clorofila Geográfica y los aún inéditos Selva Mágica y Putumayo Ancestral. A través de estos textos, las autoras, con una trayectoria de más de dos décadas, han tejido una obra que conjuga la poesía con la geografía sensible de Colombia, trazando una cartografía emocional de sus ríos, sus montañas y sus pueblos.

La palabra que se convierte en movimiento
¿Qué sucede cuando la palabra se convierte en movimiento? Esa es la premisa que guía a los directores Adriana Angarita y Saahid Gualdrón, líderes de Studio 5, quienes han transformado el trabajo literario de Díaz y López en una experiencia escénica envolvente. Más de 20 espectáculos de gran formato los anteceden en su compromiso con las artes escénicas de Bucaramanga, y El Cielo del Guacahayo es, sin duda, una de sus apuestas más ambiciosas.
La obra articula danza contemporánea, música en vivo, narración poética y un cuidado diseño escenográfico inspirado en piezas de artistas visuales como Efraín Saldaña (Santander), Georgia Daniels (Australia) y el reconocido maestro indígena Carlos Jacanamijoy (Putumayo). La escenografía no es mero telón de fondo: es una expansión del universo literario y simbólico que acompaña a los cuerpos en escena.
Vestuario y ambientación se convierten en territorios vivientes. Cada movimiento, cada luz, cada fragmento musical, que incluye composiciones del maestro Antonio Arnedo, busca reconfigurar el paisaje colombiano, no como postal, sino como presencia interior. Es una experiencia sensorial que reescribe el territorio a través del cuerpo.

El río como metáfora del alma
Pero El Cielo del Guacahayo no solo es un deleite estético. Es también una obra con una profunda carga simbólica y ancestral. La palabra “Guacahayo”, de origen indígena, significa “río de las tumbas”. Era el cauce por donde las comunidades despedían a sus muertos, en una ceremonia íntima y espiritual que confiaba al agua el tránsito entre este mundo y el otro.
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En la obra, esa imagen se convierte en el núcleo poético de toda la narrativa: los personajes, danzarines, viajeros, testigos, se sumergen en un viaje interior que evoca los vínculos entre el cuerpo, la memoria y la naturaleza. Así, la obra no solo rinde homenaje al agua como fuente de vida, sino también como vehículo de duelo, sanación y transformación.
La gira por México no es solo una presentación internacional. Es, en sí misma, un acto de diplomacia poética. Gracias a la alianza con Ajedrez Eventos, una empresa cultural mexicana, y al acompañamiento audiovisual de Valdivision, empresa especializada en documentar procesos artísticos de alto impacto, El Cielo del Guacahayo se convierte en una plataforma de intercambio y diálogo entre dos países que comparten una raíz latinoamericana común.

Además de sus presentaciones en Puebla y Ciudad de México, la obra incluirá conversatorios con las autoras, talleres de danza y poesía, y encuentros con otras compañías artísticas mexicanas. La danza, en este caso, actúa como lengua franca: una forma de decir sin palabras lo que nos hermana más allá de las fronteras.
La gira reafirma el papel de Studio 5 y la Corporación Rhapsodia como actores clave en la proyección internacional del arte santandereano. No es la primera vez que llevan sus obras fuera del país: ya han representado a Colombia en la Casa de Iberoamérica (Barcelona y Cádiz), la Casa de América (Madrid), y escenarios de París y Tours.
Sin embargo, El Cielo del Guacahayo parece marcar un punto de inflexión: esta obra propone una mirada urgente y sensible sobre el territorio colombiano. Una mirada que no niega el dolor ni la violencia, pero que apuesta por la belleza como forma de resistencia y la danza como herramienta de memoria.














