La Bienal Internacional de Arte y Ciudad de Bogotá (BOG25), inspirada en Beatriz González, reúne a más de 250 artistas para explorar, desde el arte, qué significa ser feliz en una ciudad como Bogotá.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
El nombre Ensayos sobre la Felicidad no es casual. No pretende ofrecer una respuesta, sino múltiples preguntas. ¿Puede ser feliz una madre cabeza de hogar que pasa tres horas al día en TransMilenio? ¿Puede un joven de Ciudad Bolívar imaginarse feliz si no tiene garantizado el derecho a la vivienda, al arte, a la vida digna? ¿Dónde se esconde la felicidad en la Bogotá del rebusque, del encierro en rejas, del sonido constante de alarmas?
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Así comienza la primera Bienal Internacional de Arte y Ciudad de Bogotá (BOG25), titulada, precisamente, Ensayos sobre la Felicidad, y que es un ambicioso proyecto cultural inspirado en el pensamiento y la obra de Beatriz González, la artista que nos enseñó a mirar lo popular sin condescendencia y a encontrar sentido en la imperfección.
Es por eso que desde el 20 de septiembre y durante siete semanas, Bogotá se transformará en un gran lienzo urbano donde más de 250 artistas nacionales e internacionales se preguntarán, junto con los ciudadanos, qué significa ser feliz en una ciudad atravesada por el caos, la desigualdad y también la esperanza.
Con una inversión de $7 mil millones por parte de la Alcaldía, la bienal se propone no solo como una vitrina de arte contemporáneo, sino como un espacio de diálogo entre territorios, memorias barriales y lenguajes artísticos diversos. Un ensayo colectivo sobre el derecho, y la dificultad, de ser felices en una ciudad como Bogotá.
Inspirada en la legendaria serie sobre La felicidad de Pablo Leyva (1977), la bienal parte de una obra que marcó un hito en la crítica social desde el arte. En ella, González yuxtapuso imágenes de archivo de trabajadores colombianos con patrones florales de papel de colgadura, interpelando con ironía y sensibilidad la idea de que la felicidad pudiera medirse con posesiones materiales, viajes o logros profesionales.
Aquella obra, una maestra que sueña con una casa de tres pisos, un mecánico que anhela ser millonario, no ha perdido vigencia. Y es justo ese telón de fondo el que hace de BOG25 mucho más que una exposición. Se trata de una bienal en movimiento, una “obra en construcción” que busca descentralizar el arte, llevarlo a parques, barrios, esquinas y plazas, y convertirlo en una herramienta de pensamiento crítico y transformación social.
A sus más de 80 años, Beatriz González sigue siendo una referencia ética y estética del arte colombiano. Su decisión de mirar lo que nadie quería ver, la violencia, el dolor, lo ridículo, con una paleta de colores encendidos y una ternura feroz, la convierten en una madrina perfecta para esta bienal.
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BOG25 es, en muchos sentidos, un homenaje a su legado, pero también una invitación a actualizar su mirada: a preguntarnos, como ella lo hizo en los años 70, qué nos hace felices realmente. ¿Y si la respuesta no está en las vitrinas, sino en las calles, los afectos, los gestos comunitarios?
Quizás esta bienal no nos dé certezas, pero sí algo aún más valioso: una pausa, un espacio para pensar, para sentir, para ensayar colectivamente el arte de ser feliz en una ciudad como Bogotá.
La bienal se estructura en seis líneas curatoriales que abordarán estos interrogantes desde distintas miradas: la memoria, el cuerpo, el deseo, la ciudad, lo político y lo cotidiano. Además, artistas de distintas geografías, desde Suba hasta Sudáfrica, aportarán obras que dialogan con lo público, lo íntimo y lo barrial. No se trata solo de exponer, sino de ensayar formas de existencia distintas, más amables, más lentas, más conscientes.
BOG25 no tendrá un solo centro. Su vocación es expansiva: habrá actividades en bibliotecas, andenes, plazas de mercado, espacios autogestionados y salas independientes. Desde Ciudad Bolívar hasta Usaquén, la bienal invita a caminar la ciudad con otros ojos, abrir conversaciones y construir imaginarios comunes.















