La bumanguesa Mafe Pico es la maquilladora detrás de los cambios de época, caracterizaciones y secretos estéticos de Delirio, la serie colombiana de Netflix que ha conquistado a miles.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Un día cualquiera durante el rodaje de Delirio, Estefanía Piñeres, la protagonista, cambió de rol. Dejó por un momento su lugar frente a la cámara y cruzó al equipo de maquillaje para maquillar a Juan Pablo Urrego, su coprotagonista. “Fue muy chistoso”, recuerda Mafe Pico, miembro del equipo de maquillaje de la serie. “Estefanía se integró tanto con el crew que terminó poniéndole tatuajes a Juan Pablo. Y él, con esa pinta tan seria, salió diciendo: ‘No la recomiendo como maquilladora’”.
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La escena no quedó grabada en el guion, pero sí en los recuerdos del equipo. Detrás de esa anécdota está el tipo de ambiente que, según Mafe, hizo de Delirio una experiencia única: “Fue un rodaje muy familiar. Sentimos mucha libertad creativa, pero también mucho respeto. Esos espacios íntimos, como maquillaje, se vuelven a veces los más humanos del set”.
Mafe Pico nació en Bucaramanga y estudió Artes Audiovisuales en la Unab. Pero su camino hacia el maquillaje fue más intuitivo que planificado. “Cuando empecé la carrera, ni siquiera pensábamos en maquillaje como parte del proceso. Si alguien actuaba, lo máximo era ponerle bloqueador si grabábamos al sol”, cuenta.
Su inclinación por lo estético la llevó a explorar otras áreas del cine, pero no fue la dirección de arte lo que la conquistó: “Lo hacía porque no había más quién lo hiciera. Pero no me gustaba. Sentía que era un área muy exigente y poco agradecida”.
Lo que sí la apasionaba era pasar horas viendo tutoriales de maquillaje en YouTube, experimentando con efectos caseros. “Practicaba con mi novio de entonces. Le pegaba cosas en la cara, le hacía heridas falsas, lo pintaba. Él se dejaba sin quejarse”, recuerda entre risas. Esa inquietud fue creciendo hasta volverse decisión: profesionalizarse.
Ahorró, se ganó una beca, y viajó a París a estudiar maquillaje. “Allá me encontré con lo mejor del mundo. Tuve clases de prótesis con Leonard Gilman y Mark Kurier, ganadores del Óscar. No podía creer que estaba ahí, aprendiendo directamente de ellos”.
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Ya desde Francia comenzó a tejer redes. “Les escribí a varias maquilladoras colombianas diciéndoles: ‘Hola, soy Mafe, estoy estudiando en París y quiero conocerlas cuando regrese’. Todas me respondieron. Fue muy bonito”. Su primera oportunidad fue en “Sitiados”, una producción de Fox TeleColombia.

“Desde entonces no he parado. He trabajado en varias producciones de plataformas grandes, en caracterización, efectos, continuidad. Es un trabajo técnico, sí, pero también es emocional. Uno trabaja con el cuerpo, pero también con la confianza del otro”.
En Delirio, el reto mayor fue sostener la línea estética en una historia marcada por los saltos temporales. “La serie abarca distintas épocas y edades. A veces había que rejuvenecer a un actor; otras, envejecerlo. A veces oscurecer o aclarar el cabello, poner extensiones, encresparlas”, explica.

“Lo más difícil no era tanto la técnica, sino el tiempo. Teníamos procesos que tomaban desde 15 minutos hasta hora y media. Y los actores tenían hora de entrada. No podíamos fallar”.
El elenco era amplio y exigente. “A la protagonista se le alteraba el pelo dependiendo del año. A la tía Sofi había que ponerle extensiones según la escena. Todo debía estar milimétricamente planificado”.
Pero, para Mafe, el mayor aprendizaje no fue solo técnico. Fue entender que, en el set, el maquillaje es un espacio donde ocurren cosas más allá de lo visible. “Es un momento donde el actor se relaja, se prepara, a veces se confiesa. Uno no solo maquilla: también escucha, acompaña, da calma. Es un ritual”.
“Normalmente uno se casa con un personaje: lo maquillas desde el día uno hasta el último. Eso genera una conexión muy fuerte”, explica. “No siempre es posible, a veces alguien está ocupado en set y te toca recibir otro actor, pero cuando ocurre, se construye una relación muy especial”.
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Ese vínculo se notó en Delirio. “Estefanía era una más del equipo. Se integró con todo el mundo, no solo con maquillaje. Era cercana, relajada. Eso ayudó a que el ambiente fuera muy grato”.

Cuando le preguntan por el mejor consejo para maquillarse bien, Mafe no duda: “Lo fundamental es tener una piel bien cuidada. Más que gastar en maquillaje costoso, lo clave es hidratar bien, usar un buen bloqueador, preparar la piel. Si tu piel está lista, cualquier producto se verá mejor y durará más”.
Ella misma es el ejemplo: se maquilla poco, casi nada. “Soy maquilladora que no se maquilla. Tal vez porque me la paso todo el día pintando a otros, o porque disfruto más hacer que llevar”, dice con humor.
A más de diez años de haber empezado en el medio, Mafe sigue con el mismo impulso de formación. “El maquillaje cambia todo el tiempo. Lo que aprendí hace una década ya no es suficiente. Hay nuevas técnicas, productos, tendencias. Quiero seguir estudiando, actualizarme, aprender más”.
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También quiere compartir lo que sabe: “Me encanta enseñar. Y me encantaría seguir formando a nuevas generaciones, pero también aprender de ellas. Amo cuando alguien joven me enseña algo nuevo. Ese intercambio me parece lo más valioso del oficio”.














