domingo 03 de septiembre de 2023 - 9:59 AM

Laura Restrepo en Ulibro 2023: “Todos somos y siempre seremos migrantes”

Con una profunda reflexión sobre la migración y su impacto en la vida de quienes buscan un futuro mejor, la reconocida autora Laura Restrepo presentó una nueva edición de su novela “Hot Sur” en la Feria del Libro de Bucaramanga, Ulibro 2023, que hoy culmina. Restrepo destacó que su obra sigue siendo relevante en un mundo donde la búsqueda de un sueño se convierte en una lucha por la supervivencia.
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Laura Restrepo escribió en 1999 su novela santandereana, “La novia oscura”, que se relaciona en un salto magistral del tiempo con “Hot Sur” de una forma sensible: tanto Sayonara como María Paz buscan un lugar donde asirse, donde estar, una forma de adaptarse a una cultura que les han vendido como un sueño, pero que es, realmente, una pesadilla.

Y aún “Hot Sur”, que fue lanzada por primera vez en 2012, se conecta con nuestro contexto de hoy a través de esta reedición que presentó ayer la reconocida autora en la Feria del Libro de Bucaramanga, Ulibro, organizada por la Unab: la migración es lo único cierto en la humanidad y, dice Laura, es el camino lo que importa. Todos somos y siempre seremos migrantes.

“Cuando escribí sobre el fin del sueño americano, lo hice en un momento en el que creo que hoy en día tiene más vigencia que nunca. Había entonces mucha literatura sobre las hordas de latinoamericanos que soñaban con ir a Estados Unidos en busca de un mundo mejor. Lo que había que escribir era sobre cuando ese sueño se revienta”, explica Laura Restrepo en entrevista con Vanguardia.

$!Laura Restrepo en Ulibro 2023: “Todos somos y siempre seremos migrantes”

Su historia es la de tres colombianas indocumentadas que van a parar allá. Su afán ya no es por entrar, dice Restrepo. Su afán es salir a tiempo antes “de que ese sueño se les caiga encima y las aplaste”.

“No quería una novela de buenos y malos. Los hay malísimos, como Sleepy Joe, el criminal en serie, pero también hay gente solidaria que los acoge”, dice. Y mucho de eso pasa también con la situación de los migrantes que vienen desde Venezuela para tratar de construir un futuro mejor.

Las tres protagonistas, Bolivia y sus hijas, María Paz y Violeta tienen una vida muy distinta. Violeta llega primero y debe trabajar en fábricas clandestinas de costura.

María Paz, más adaptada, se casa con un policía blanco y norteamericano. Pero claro, eso se convierte en lo peor que podría pasarle.

“Lo que pasa es que el afán de las mujeres por llegar a un lugar donde la vida sea posible para sus hijos de alguna manera te habla del futuro de la humanidad. Los hombres se enganchan en la guerra o, de alguna manera, las posibilidades de trabajo son un poquito menos discriminatorias. En la capital de Etiopía, en un museo está Lucy, que se supone que es la primera mujer que existió. Ella se paró en sus dos patitas y pudo mirar el horizonte, seguramente con la idea de que quizá más lejos las cosas podrían ser más fáciles. Ella es nuestra antecesora. Se sabe lo que está haciendo por los huesitos y se sabe que es una mujer”.

Su novela, de casi seiscientas páginas, ha sido llamada “la novela total”.

Dice que se siente halagada y sonríe, con sus ojos transparentes de emoción, pero asegura que no lo tenía pensado así: “Fue como la combinación de la vida en la cárcel, el problema policial y lo que la novela negra tiene también de crónica del destierro a tratar de arraigarse en tierra ajena lo que la hizo tener un montón de páginas que no tenía pensadas”.

Laura Restrepo habla en “Hot Sur” de la migración, de los colombianos que se van y al presentar su novela en esta gran edición de Ulibro 2023 habló también de quienes llegan a nuestro territorio y de lo que vivimos cada día en la piel de cada Sayonara, de cada María Paz. “Lo importante de la travesía no es el lugar a donde se llega, sino el camino. Hay que asumir que esta es una humanidad en el camino y ver cómo lo humanizamos”.

Foto suministrada por Erika Díaz, Ulibro/VANGUARDIA
Foto suministrada por Erika Díaz, Ulibro/VANGUARDIA

¿Qué nos estamos perdiendo como países y, en general, como humanidad, al ver el fenómeno de la migración como un problema?

“El sedentarismo no es la clave de la humanidad, ya que siempre ha sido minoritario. La humanidad siempre ha estado en movimiento. Lo trágico es que se cierran las fronteras, permitiendo el paso de mercancías para el comercio internacional, pero no la fuerza de trabajo.

Creo que estamos viviendo un momento en el que la migración será predominante debido a la crisis climática, la inminencia de una guerra atómica, problemas económicos, desigualdades brutales y una sequía y falta de elementos totales. Vamos a estar viviendo en una situación militarmente complicada porque los países ricos han entendido que tienen que armarse, como está pasando en Europa y como declararon en una reunión de la OTAN en Madrid.

El migrante no es perverso, no es el excepcional que viene a desordenar. El migrante es el que representa la señal de los tiempos. Una cosa que siempre me ha parecido muy significativa es que la gran ética occidental tuvo como protagonistas a migrantes como Ulises, vistos como héroes capaces de sobrevivir una situación de guerra, echarse al camino con una mano adelante y otra atrás, cargando con sus hijos, enfermos y padres para ir a fundar en otro lugar. Entonces, empezar a ver la migración como una nueva forma auténtica y legítima de este planeta en contraposición a la visión de que los sedentarios son lo bueno y lo que viene a romper y dañar es el inmigrante.

Cada vez va a ser más grande el volumen de la migración y del destierro, hay que ponerle la cara y ver cómo lo solucionamos sin discriminar ni demonizar porque el migrante se convierte en una especie de factor de perturbación para los hombres como Trump.

Para no mencionar que tampoco lo ha hecho para nada mejor la separación de los padres con los hijos.

Ahora, la cantidad de colombianos atravesando el Tapón del Darién con los bebés, ¿cómo no tener una mirada compasiva si solamente están buscando un lugar donde la vida sea posible?

Foto suministrada por Erika Díaz, Ulibro/VANGUARDIA
Foto suministrada por Erika Díaz, Ulibro/VANGUARDIA

Usted ha escrito varias novelas que tienen que ver con la migración y el destierro, ¿cómo afrontarlo?

“La sensación que tengo es que la gente vive muy enamorada del lugar donde nació, donde tiene enterrados a sus seres queridos, donde han educado a sus hijos, donde les gusta la comida y el clima y el paisaje es lo suyo. Si pudiera ser una cosa de ida y vuelta... Lo que es horrible es que como está prohibido y reprimido. Si pudiera la gente ir a trabajar y volver, a la gente le encantaría volver a su lugar de origen.

Pero con esas medidas policiales, el destierro se vuelve una cosa de una sola vía, como el sueño americano”.

Usted dice que el sueño americano realmente lo han construido los latinos... Pero también lo que se supone que tenemos qué hacer con nuestras vidas, alcanzar algo...

“El sueño americano ya no es un sueño, ni siquiera para los americanos. Creo que están viviendo una era muy dura de descomposición de ellos mismos como nación. Han dejado lo positivo que tuvieron cuando eran República de libertad y lo que lograron de fusión de razas en algún momento con toda la incorporación de la cultura negra y latina. Eso cada vez lo han ido dejando más de lado y han tenido un tratamiento brutal con su propia población, tal como ve uno con el problema inmenso de la drogadicción, no solamente por las drogas ilegales, sino por las que les venden los laboratorios que los envician y los hacen dependientes. Gente que es como zombies en ciudades enteras donde la gente no está ni viva ni muerta. La falta de casa, la falta de salud... Enfermarse en los Estados Unidos es una pesadilla.

“Lo importante de la travesía no es el lugar a donde se llega, sino el camino. Entonces, como lo que decíamos antes, hay que asumir que esta es una humanidad en el camino y humanizar el camino en vez de considerar que la meta es llegar al lugar sedentario donde nos cierran las puertas”.

Venían del caos de Trump y ahora parece que quieren regresar a ese caos...

“Creo que es por el fracaso de Biden, que no tiene nada que ofrecer. Eso sí, ofreció volver a ser un imperio triunfal que se mete en una guerra, derrota a Rusia y tumba a Putin, pero nada eso pasó y a cambio, hubo un desvío enorme de recursos que hubiera podido mandarle a los estudiantes, a los sin casa, a los sin educación”.

En Hot Sur hablamos de una mirada desde lo que significa la migación para las mujeres, que es un poco diferente a como la viven los hombres...

“La última novela que escribí, Canción de antiguos amantes, es ficción pero se basa en una investigación en Yemen, Etiopía, sobre la inmigración sonora: los ríos de gente que viene, todo el cuerno de África subiendo hacia... Nadie lo sabe, pero una mujer partera me hizo de guía y ella me decía que cuando hablamos de migración, hay muchos hombres también tienen que padecer la misma aventura feroz, pero el afán de las mujeres por llegar a un lugar donde la vida sea posible para sus hijos de alguna manera habla del futuro de la humanidad.

Los hombres se enganchan en la guerra o de alguna manera las posibilidades de trabajo son un poco menos discriminatorias que las de las mujeres.

En la capital de Etiopía, en un museo, conocerás a Lucy, un homínido que se supone es la primera mujer que existió, que se paró en sus dos patas y pudo mirar el horizonte, seguramente con la idea de que quizá más lejos las cosas podrían ser más fáciles. Ella es nuestra antecesora, se sabe por los huesitos, pero se sabe que es una mujer. Las mujeres todavía, hasta el día de hoy, van siguiendo los pasos de esa antecesora, buscando ese lugar imposible donde la vida sea posible.

Y hablando de lugares, para finalizar, recuerdo a La novia oscura, su novela ambientada en Barrancabermeja. Entre ésta y Hot Sur está la conexión por el deseo de llegar a un lugar, de estar en un lugar donde sea posible vivir, pero cómo el anhelo empieza a resquebrajarse...

“Quiero mucho a La novia oscura porque esa es mi novela santandereana. Me tomé un año para investigar y luego lo volví ficción. Y sí, fíjate que también es lo mismo, salió Sayonara y sus amigas de la Catunga, recorriendo la vida para ver a dónde podían llegar: al amor, a la solidaridad, a un poquito de paz.

La poesía de Constantino Cavafis me gusta mucho porque dice que lo importante de la travesía no es el lugar a donde se llega, sino el camino. Entonces, como lo que decíamos antes, hay que asumir que esta es una humanidad en el camino y humanizar el camino en vez de considerar que la meta es llegar al lugar sedentario donde nos cierran las puertas.

Creo que en México lo están trabajando mucho. Hay que decir que Colombia ha hecho un esfuerzo enorme por acoger a los venezolanos y la gente ha tratado de ser más solidaria. En México me cuentan que se han formado colonias de africanos donde la comida es africana y las costumbres son africanas. Un poquito de dejarles ceder ese espacio de cultura para que ellos puedan existir. Los propios colombianos conforman colonias enormes que de alguna manera pueden convivir con la cultura local y con la gente del lugar. Ya no soy creyente, pero sí creo en el cristianismo y en la cultura de acogida como un factor fundamental”.

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Comunicadora social - periodista egresada de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Desde 2005 hace parte del equipo de Vanguardia, trabajando en crónicas y reportajes premium, los cuales se enfocan en temáticas culturales, población Lgbt, y mujer y género.

Ganadora de un premio Luis Enrique Figueroa en 2007 con ‘Aquí estamos pintados’ y un premio CPB con ‘Diario de una bulimica’ en 2008.

@paola_esteban

Besteban@vanguardia.com

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