Magazín cultural
Jueves 28 de mayo de 2026 - 01:42 PM

Dignificar la vida

La muerte de Yulixa Toloza no solo revela los riesgos de la estética clandestina, sino también la violencia de una sociedad que convierte el cuerpo en mercancía y el deseo de verse bien en una peligrosa forma de autoexplotación.

Byung-Chul Han. Foto EFE/VANGUARDIA
Byung-Chul Han. Foto EFE/VANGUARDIA

Compartir

Publicado por: Andrea Herrera Suárez

La reciente y dolorosa muerte de Yulixa Toloza, la estilista bogotana que perdió la vida tras someterse a una intervención estética en una clínica clandestina, no puede ser leída como un hecho aislado o una simple imprudencia individual. Su muerte, marcada por la ilegalidad del procedimiento y la crueldad de quienes abandonaron su cuerpo en una carretera, es el síntoma más radical de una sociedad profundamente enferma. Es la alarmante evidencia de un mundo donde nos obsesiona el vernos bien, pero hemos renunciado por completo a cuestionar el cómo.

Esta alarmante desconexión encuentra una lúcida explicación en el pensamiento del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, particularmente en su reciente obra El espíritu de la esperanza (2024). Han advierte que el sistema neoliberal ha reducido la existencia humana a una «pura supervivencia». Bajo este régimen, la vida deja de ser un espacio de realización comunitaria y se transforma en una gestión de crisis individuales. El cuerpo deja de ser un templo de identidad para convertirse en un objeto que debe ser constantemente optimizado, reparado y modificado para encajar en el mercado de las apariencias.

El caso de Yulixa expone con crudeza lo que ocurre cuando caemos en los engaños de establecimientos comerciales que anteponen sus ganancias económicas a la seguridad de las personas. Lugares como la supuesta estética donde operaron a Yulixa no son centros de salud; son engranajes de un capitalismo feroz que lucra con la vulnerabilidad y la presión social. Nos venden la falsa ilusión de que modificar nuestra apariencia es un acto libre de amor propio, cuando en realidad es una autoexplotación invisible dictada por estándares hegemónicos.

La falta absoluta de ética de los implicados en este caso —quienes, en lugar de auxiliar a Yulixa, optaron por el engaño y el desamparo— refleja con exactitud lo que Han denomina el «yo encapsulado». El aislamiento y el individualismo moderno destruyen la empatía, despojando a los seres humanos de compasión y transformando al paciente en una mercancía desechable. Cuando el negocio vale más que la vida, la humanidad desaparece.

Sin embargo, el libro de Han no es una invitación al cinismo, sino un llamado a la resistencia. Él sostiene que «cuanto más profunda es la desesperación, más intensa es la esperanza». La verdadera esperanza no es un optimismo ingenuo, sino una fuerza militante y colectiva que nace precisamente en los momentos de mayor oscuridad.

La indignación ciudadana, el clamor de justicia de la familia de Yulixa y las voces que hoy se levantan contra la violencia estética representan ese espíritu de la esperanza. Su memoria debe ser el motor para exigir regulaciones estrictas, para desmantelar las mafias de la estética clandestina y, sobre todo, para iniciar una revolución cultural que ponga la dignidad humana por encima de las lógicas del mercado. Solo recuperando el sentido de comunidad y el cuidado mutuo podremos construir un futuro donde cuidarse, verse y sentirse bien no signifique arriesgar la vida.

Publicado por: Andrea Herrera Suárez

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad