Roque Julio Díaz, nacido en El Carmen de Chucurí, Santander, fue reclutado por un grupo paramilitar cuando tenía 14 años. En la FILBo presentó Una juventud atrapada en un conflicto ajeno, el libro que escribió desde la cárcel para transformar las heridas de la guerra en un llamado contra el reclutamiento infantil y a favor de la reconciliación.

Publicado por: Redacción Cultural
A los 14 años, Roque Julio Díaz cambió la escuela, los amigos y el balón por un fusil. Nació en 1975 en una familia campesina de El Carmen de Chucurí, Santander, pero el reclutamiento por parte de un grupo paramilitar lo llevó a las montañas y lo convirtió en actor de una guerra que, como él mismo afirma, nunca le perteneció.
Décadas después, esa historia quedó plasmada en Una juventud atrapada en un conflicto ajeno. Memorias Colombia, el libro que presentó en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo). La obra reúne los recuerdos de una infancia interrumpida, los años de encierro y las cicatrices que dejó el conflicto armado.
“Me mandaron con un fusil a unas montañas, a una guerra que no era mía, que yo no construí y que jamás pensé vivir”, contó Díaz durante una conversación con Noticias Caracol.
La guerra también lo condujo a prisión. Según relató, recibió una condena de 40 años y recuperó la libertad cuando tenía 42. Entre rejas encontró en la escritura una forma de refugio y, al mismo tiempo, una posibilidad de darle sentido a lo vivido.
“Me quitaron las alas, me quitaron la vida, me quitaron mi familia, mis amigos, mi escuela, mi balón. Entonces encontré una paz en la escritura”, recordó.
Mientras cumplía su condena, Díaz entendió que narrar su historia podía convertirse en una advertencia para las nuevas generaciones. Su intención no es presentar el libro únicamente como el relato de una experiencia individual, sino llamar la atención sobre una práctica que ha atravesado la historia del conflicto colombiano y que todavía amenaza a niñas, niños y adolescentes en diferentes regiones del país.
Una violencia que continúa
La Defensoría del Pueblo identificó 51 casos de reclutamiento forzado entre enero y mayo de 2026. Norte de Santander encabezó los registros, con 15; seguido por Cauca, con 14, y Antioquia, con cuatro. El 65 % de las víctimas fueron niños y adolescentes, mientras que el 35 % fueron niñas y adolescentes.
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En su balance más reciente, la entidad también informó que durante 2025 documentó 410 casos de reclutamiento forzado. Más de la mitad de las víctimas pertenecía a pueblos indígenas y el Estado Mayor Central fue señalado como el principal presunto responsable. La Defensoría ha advertido, además, que existe un alto subregistro debido al temor de las familias a denunciar, las amenazas y el control territorial ejercido por los grupos armados.
Las cifras históricas permiten dimensionar el fenómeno. La Comisión de la Verdad documentó 16.238 casos de reclutamiento de niñas, niños y adolescentes entre 1990 y 2017, aunque estimó que, al tener en cuenta el subregistro, el universo podría alcanzar las 30.000 víctimas. De los hechos documentados, el 75 % fue atribuido a las antiguas Farc-EP, el 13 % a grupos paramilitares y el 9 % al Eln.
La Comisión también estableció que los actores armados recurrieron a la fuerza, el engaño y la persuasión. En algunos territorios prometieron estudio, trabajo, protección o ayuda económica para las familias. La pobreza, la falta de oportunidades, el abandono institucional y la débil presencia estatal facilitaron que niñas, niños y adolescentes quedaran expuestos a estas formas de captación.
Es precisamente sobre ese abandono que insiste Roque Díaz cuando habla de su propia historia.
“El reclutamiento no es algo oculto. Se ve en partes donde el Estado no alcanza a llegar, en regiones abandonadas, donde está la gente humilde, la gente trabajadora. Yo soy de una familia trabajadora, pero mire cómo fue entorpecida mi vida”, expresó.
En Colombia, el artículo 162 del Código Penal prohíbe reclutar, utilizar u obligar a menores de 18 años a participar directa o indirectamente en las hostilidades o en acciones armadas. En julio de 2026 también fue sancionada la Ley 2590, que modificó las penas por reclutamiento ilícito y uso de menores para cometer delitos, y fortaleció las acciones de prevención en los territorios donde existen alertas.
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Escribir para que la historia no se repita
Después de recuperar la libertad, Díaz tuvo que enfrentar nuevas amenazas contra su vida. Salió de prisión durante la pandemia y fue intubado por complicaciones de salud. Cuando regresó al campo con la intención de comenzar de nuevo, una pancreatitis lo llevó otra vez a cuidados intensivos.
Ahora, a sus 51 años, reconoce que ha logrado continuar, aunque las marcas de lo vivido permanecen.
“Aparentemente pueden verme bien, pero las cicatrices están por dentro y por fuera de mi cuerpo”, afirmó.
La publicación del libro también contó con la colaboración de Jairo Achury, excombatiente y firmante de paz que estuvo en una orilla distinta del conflicto. Para Díaz, el trabajo conjunto demuestra que la reconciliación es posible incluso entre quienes alguna vez hicieron parte de sectores enfrentados por la guerra.
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“El hecho de que yo haya hecho una obra literaria con el pueblo opuesto significa que tú y yo podemos vivir como familia sin destruirnos”, señaló.
Con este libro, Díaz busca honrar a quienes no regresaron de la guerra y a las familias que todavía cargan con sus ausencias.
“Si pudimos nosotros, ¿por qué no puede la comunidad?, ¿por qué no puede la sociedad?”, pregunta Díaz. Su respuesta está en las páginas del libro y en una certeza que repite después de haber sobrevivido a la guerra, la prisión y la enfermedad: la paz y la libertad no tienen precio.
Para adquirir el libro puede llamar o escribir al 3214360341.













