Magazín cultural
Viernes 05 de junio de 2026 - 12:41 PM

De una vereda de Floridablanca a Viena: el tenor santandereano que vuelve a casa

Luis Hernández-Luque creció en El Mortiño, entre guayabas, barrancos y una guitarra familiar. Hoy canta en escenarios de Europa y regresa a Santander para presentarse el 11 de junio en el Teatro Santander.

Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.
Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Cuando Luis Hernández-Luque era niño, todavía no sabía que una voz podía sacarlo de las montañas y llevarlo hasta Viena.

Vivía en la vereda El Mortiño, en el kilómetro 18 vía Pamplona, en la zona rural de Floridablanca. Era, como él mismo la recuerda, una vida de caserío pequeño, de casa humilde de ladrillo y zinc, de guayabas comidas al paso, de juegos en el campo y de barrancos por los que los niños se deslizaban sobre cartones como si eso también fuera una forma de volar.

Ese niño, dice, pasaba los días “comiendo guayabas, jugando en el campo y deslizándose por los barrancos sobre cartones”. No imaginaba aún que algún día cantaría en grandes teatros de Colombia ni en escenarios de Europa. Mucho menos que terminaría radicado en Viena, una de las capitales musicales más exigentes del mundo.

Su padre, José, le enseñó El toro y la luna cuando era muy pequeño. Luis no lo recuerda del todo, pero su familia se lo ha contado tantas veces... Luis la cantaba frente a todos cada vez que podía.

Después vino una guitarra. Su padre se la regaló con esfuerzo porque él quería cantar las canciones que escuchaba en la misa y en la radio. No era todavía la ópera. No había arias en italiano, ni teatros europeos, ni exámenes de admisión en alemán. Había apenas un niño que descubría que con la voz podía hacer algo más que hablar.

Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.
Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.

Años después, ese niño se convertiría en tenor. Cantaría en la Wiener Konzerthaus y en la Musikverein de Viena. Debutaría en el Teatro Estatal de Praga. Sería solista en el Teatro Moravo de Olomouc, en Chequia. Haría una maestría en Ópera en la Universidad de Música y Artes Escénicas de Viena y sería discípulo del tenor mexicano Ramón Vargas, una de las figuras internacionales de la lírica.

Pero antes de todo eso fue Luis Carlos, el muchacho de una vereda santandereana que alguna vez soñó con ser ingeniero civil y terminó siguiendo una voz que lo empujó hacia otro destino.

Y ahora, regresa a su tierra: el 11 de junio se presentará en el Teatro Santander.

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“Regresar a Santander siempre tiene una carga emocional muy profunda para mí”, dice. “Aunque mi carrera se ha desarrollado en escenarios de Europa y otros países, mis raíces están aquí: en esta tierra, en su gente, en mi familia y en las experiencias que marcaron mis primeros años”, señala.

Es una forma de cerrar un ciclo.

El momento decisivo

Su hermana, Yuselly Hernández, dice que Luis Carlos siempre fue sensible, intelectual y creativo. En la casa lo veían como un niño inquieto, curioso, capaz de pasar de los juegos del campo a la música sin sentir que eran mundos separados.

En el Colegio Agropecuario, donde terminó el bachillerato, amaba las clases de guitarra. Participó en un pequeño coro escolar. Un día, su hermana le regaló un CD y allí escuchó por primera vez una voz lírica. Era Andrea Bocelli.

“Fue el primer tenor que me inspiró y desde entonces intentaba, de manera bastante ingenua y fallida, cantar como él. Mi voz aún no cambiaba, pero ya existía ese deseo enorme de cantar”, explica Luis.

Más tarde entró al coro de una iglesia cristiana. Allí aprendió técnica vocal, solfeo y una primera forma de enfrentarse al público. Pero también entendió que su deseo artístico no cabía del todo en los moldes que tenía alrededor.

Antes de convertirse en tenor, Luis fue obrero cargando asfalto. Fue jornalero en fincas. Trabajó en una papelería sacando fotocopias. Mientras tanto estudiaba Topografía en las Unidades Tecnológicas de Santander. Su vida parecía avanzar hacia un oficio más previsible.

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Hasta que un concurso de canto lo cambió todo.

Participó, ganó el primer lugar y escuchó una frase que le cambió el rumbo: “Un chico de Topografía que más bien debería ser cantante de ópera”.

Con el premio en las manos fue a pedir consejo. Uno de sus profesores le dijo: “Luisito, la vida es una sola, y qué mejor que vivirla haciendo lo que uno ama”.

Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.
Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.

“Nunca volví a la universidad”, dice Luis.

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Irse a Bogotá fue el comienzo de otra intemperie. Ahorró todo lo que pudo para preparar el examen de admisión al Conservatorio de Música de la Universidad Nacional de Colombia. Entró y se formó como músico con énfasis en canto lírico bajo la dirección de la maestra Ángela Simbaqueba, una figura decisiva en su desarrollo vocal y artístico.

Para sostenerse trabajó repartiendo revistas, en una tienda de discos, cantando en restaurantes, en misas y en cualquier oportunidad que apareciera.

“Hubo momentos de mucha incertidumbre, especialmente al inicio de mi formación vocal, cuando sentía que aún no encontraba mi lugar”.

En la Universidad Nacional cantó en producciones del Taller de Ópera en el Auditorio León de Greiff, un lugar que todavía siente como una casa. Se vinculó con agrupaciones como la Sociedad Coral Santa Cecilia y los coros de la Ópera de Colombia. En 2014 debutó como solista en el Teatro Colón de Bogotá durante su temporada de reapertura. Luego llegaron el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, el Teatro de Bellas Artes, el Auditorio Luis A. Calvo y otros escenarios que fueron ampliando el mapa de su carrera.

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“Mirando atrás, siento que todo ese recorrido comenzó con un niño campesino que simplemente soñaba con cantar”, dice.

Su voz en Viena

El salto más grande vino después: Viena.

Llegar a esa ciudad fue, para Luis, una mezcla de sueño y prueba. Viena no es cualquier ciudad para un cantante lírico. Es una capital atravesada por siglos de tradición musical, por teatros, conservatorios, concursos, orquestas y una memoria cultural que puede inspirar tanto como intimidar.

“Uno llega admirando toda esa historia, pero también entendiendo muy rápido que el nivel de exigencia artística y humana es altísimo”, señala.

Tuvo que aprender alemán, reforzar su inglés y otros idiomas, reunir recursos, enfrentar trámites migratorios y presentarse a un examen de admisión al que llegan jóvenes cantantes de muchos países. Fue admitido en el programa de Ópera de la Universidad de Música y Artes Escénicas de Viena, donde obtuvo una maestría y estudió con Ramón Vargas.

“De él he aprendido muchísimo, no solamente sobre técnica vocal y repertorio, sino también sobre humanidad y ética artística”, explilca.

Para un cantante joven, migrante, latinoamericano y sin una red de privilegios detrás, Viena es una ciudad dura. Allí no basta con tener talento. Hay que sostenerlo todos los días.

También entendió algo que no siempre se menciona en el mundo artístico: la salud mental. La voz no está separada del cuerpo ni de la historia personal. La voz tiembla, se agota, se defiende, se ilumina. La voz también carga duelos, inseguridades y preguntas.

“Aquí llegan algunos de los mejores músicos del planeta y abrirse camino requiere muchísima preparación emocional y mental. Hay que aprender a convivir con la competencia, con la incertidumbre y con la presión constante de mantenerse a un nivel muy alto”, explica.

Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.
Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.

Por eso, agrega, además de cuidar la técnica vocal, ha aprendido a cuidar el equilibrio emocional y la vida personal.

Esa parte menos visible de Luis la conoce bien Christian Gómez, uno de sus amigos. Lo conoció hace casi diez años, cuando Luis Carlos estaba a punto de graduarse y ya se movía por el país haciendo proyectos de ópera. Desde afuera, recuerda Christian, se veía como alguien fuerte, con mucha convicción, “el divo de la ópera del momento”. Pero cuando lo conoció en la vida diaria encontró otra cosa: una persona sensible y mucho más compleja que la imagen pública que proyectaba.

Christian lo conoció justo después de la muerte de quien Luis llamaba su “mamá gata”. Dice que estaba apartado, atravesando un duelo que no siempre se notaba desde afuera. La música fue entonces algo más que una profesión: fue un refugio.

“Hacía todo lo posible para estar cantando todo el tiempo”, recuerda Christian. “Estudiaba un montón. Él vivía, comía, respiraba ópera”.

A veces, dice, incluso se lo cuestionaba. Pero esa entrega también explicaba por qué Luis avanzaba. Cantaba para formarse, sí. Cantaba para abrirse camino. Pero también cantaba para no hundirse.

Christian recuerda que esa convicción convivía con una duda íntima. Luis trabajaba con disciplina, pero había una parte de sí mismo que le decía que no lo merecía. Eso lo frustraba. Le daba rabia la injusticia. Veía cómo otras personas podían avanzar desde lugares de mayor privilegio mientras él sentía que debía trabajar el doble o el triple. Esa rabia, sin embargo, no lo paralizó. En cierta forma, también le dio fuerza.

“Eso era lo que más le daba valor a la música que él hacía en esa época y que sigue haciendo”, dice Christian.

Cuando Luis decidió irse a Europa, su amigo sintió que no se iba del todo a ciegas, pero sí con la disposición de probarse entre los mejores. Hasta ahora, dice, ha hecho una carrera impresionante. Pero si tuviera que resumirlo, no hablaría solo del cantante. Hablaría del hombre: “No se rinde fácil. Es bastante persistente”.

Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.
Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.

El camino de regreso a Santander

Esa persistencia ha tenido resultados concretos. Luis ha tomado clases magistrales con figuras como Javier Camarena, Ernesto Palacio, Vincenzo Scalera, Giulio Zappa y Raúl Giménez. Ha sido finalista en concursos internacionales como el Concurso de Canto de Trujillo, en Perú, y el Concurso Linus Lerner, en México. En 2020 obtuvo el segundo lugar en el Concurso Nacional de Canto de la Orquesta Filarmónica de Bogotá.

También se ha presentado con orquestas como la Filarmónica de Bogotá, la Sinfónica Nacional de Colombia, la Filarmónica de Medellín, la Sinfónica EAFIT, la Sinfónica de Amberes, la Sinfónica Nacional de República Dominicana, el ensamble francés Le Poème Harmonique, la Kammeroper München, la Philharmonie Uniwien y la Webern Symphonie Orchester de Viena.

Ha cantado en la Wiener Konzerthaus, en la Musikverein de Viena, en el Teatro Colón de Bogotá, en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, en el Teatro Nacional de República Dominicana, en el Teatro Estatal de Praga y hasta en el Templo del Loto, en Nueva Delhi.

En escena ha interpretado papeles como Alfredo en La Traviata, Rodolfo en La Bohème, Beppe en Pagliacci, Grimoaldo en Rodelinda, Don Curzio en Le nozze di Figaro, el Gran Sacerdote en Idomeneo, la Bruja en Hänsel und Gretel y el Director de Circo en Prodaná Nevěsta. En 2023 debutó en el Teatro Estatal de Praga como Beppe y cantó Alfredo en La Traviata en el Teatro Moravo de Olomouc, donde es solista desde ese año.

También ha llevado su voz al repertorio sinfónico. Debutó como el Cisne en Carmina Burana en la sala principal del Konzerthaus de Viena, cantó cantatas de Bruckner en el Musikverein y fue tenor solista en el Réquiem de Verdi en la Goldener Saal, una de las salas más célebres del mundo. Incluso apareció en la serie Vienna Blood, de la BBC y ORF, interpretando al tenor Carlos Carrillo.

“Con el tiempo he tenido la oportunidad de trabajar con artistas y directores extraordinarios y de vivir experiencias que para mí, viniendo de una zona rural de Santander, parecían imposibles”, dice.

En ese camino, Luis siente que ha habido una presencia constante: su madre, Victoria.

“En todo este camino siento que ha habido un ángel acompañándome siempre: mi madre, Victoria”, dice. “Ella fue mi primera admiradora, quien creyó en mí incluso cuando todo parecía incierto. A ella le debo gran parte de la fuerza que me permitió atravesar esta jungla musical y seguir soñando”.

Su familia ha seguido ese recorrido con emoción. Yuselly recuerda también su participación en A Otro Nivel en 2017 y dice que no puede evitar conmoverse al verlo construir, con disciplina y entrega, un camino admirable.

Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.
Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.

“Para mí, él es mi Bocelli”, dice. “Una voz capaz de tocar el alma, mover emociones y recordarnos la belleza de la cultura y del arte”.

Luis también dibuja, actúa, baila. Integra el grupo de danza Amazonas y participa en iniciativas orientadas a visibilizar y fortalecer a la comunidad queer. Esa dimensión de su vida artística es parte de su manera de estar en el mundo. Para él, el arte también es cuerpo, identidad, presencia, libertad.

Luis insiste en eso:“estar lejos de Colombia me hizo entender que mi identidad latinoamericana y santandereana no es algo que deba dejar atrás, sino algo que llevo conmigo y que también enriquece mi manera de hacer arte”, dice.

Esa mezcla estará en el centro de la gala que presentará en Bucaramanga. El programa fue pensado como un puente entre mundos. Por un lado, la ópera y la opereta europea, con compositores como Rossini, Donizetti, Verdi, Strauss y Lehár. Por otro, el repertorio latinoamericano, con canciones que muchas personas reconocen no porque las hayan estudiado, sino porque las han oído en la casa, en la radio, en las reuniones familiares o en la memoria sentimental de sus pueblos: Bésame mucho, Granada, Pueblito viejo o Si pasas por San Gil.

“El programa fue pensado como un puente entre distintos mundos musicales y emocionales”, explica Luis. “Me interesaba que el público pudiera sentir ese viaje: desde la tradición operística europea hasta la cercanía emocional de canciones como Bésame mucho, Granada o Si pasas por San Gil”.

En el fondo, dice, el concierto habla de identidad.

“De cómo un artista latinoamericano puede dialogar con la gran tradición europea sin perder nunca el vínculo con su propia cultura”.

La primera parte llevará al público por la tradición lírica europea, con arias populares y exigentes como La donna è mobile y Ah! mes amis, famosa por sus nueve do de pecho.

“Son piezas maravillosas, pero justamente por ser tan conocidas representan un gran reto”, dice. “El público las tiene muy presentes en el oído y existen interpretaciones históricas de enormes tenores, así que uno debe encontrar un equilibrio entre respetar la tradición y, al mismo tiempo, aportar una voz y una personalidad propias”.

En Ah! mes amis, el reto es físico, técnico y teatral. En La donna è mobile, lo difícil está en hacer parecer sencillo lo que no lo es.

Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.
Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.

“Más allá de la dificultad técnica, para mí lo más importante es que estas arias sigan transmitiendo emoción y humanidad, y no se conviertan solamente en una demostración vocal”, dice. “La técnica debe estar siempre al servicio de la expresión”.

A veces, con humor, Luis dice que su voz ha sido recibida en Europa como algo llamativo.

“A veces digo en broma que soy una especie de ‘producto exótico de exportación’ traído desde Colombia”, cuenta. “Pero en el fondo creo que justamente esa mezcla entre técnica, temperamento latino y personalidad escénica es lo que ha hecho que este repertorio conecte tan bien conmigo”.

Después del intermedio, la atmósfera cambiará. La voz que ha dialogado con la ópera europea volverá a la canción latinoamericana, al bolero, a la nostalgia, a esas melodías que muchas personas llevan dentro sin saber exactamente cuándo las aprendieron.

“Ocupa un lugar muy especial”, dice sobre ese repertorio. “Aunque mi formación principal es la ópera, crecí escuchando música latinoamericana, boleros, rancheras y canciones tradicionales. Son músicas profundamente ligadas a la memoria, a la familia y a nuestra manera de sentir”.

Para él, la ópera y la canción popular no son mundos enemigos. “Ambos nacen de la necesidad humana de expresar emociones”, dice.

La noche tendrá, además, un sentido colectivo. Compartirá escenario con la maestra Luz Helena Peñaranda y con la Coral Leonardo Angulo Prada, CLAP. Para él no es un detalle menor. Cuando era adolescente y apenas soñaba con ser cantante de ópera, conoció a Luz Helena y la recuerda como una inspiración por su talento y calidez humana.

“Me hace muy feliz”, dice. “Creo profundamente en la importancia de construir espacios artísticos colectivos y de fortalecer el talento local”.

Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.
Luis Hernández-Luque pasó de cantar en una zona rural de Floridablanca a formarse en Viena y actuar en grandes escenarios de Europa. Ahora vuelve a Bucaramanga con una gala que une ópera, memoria e identidad santandereana.

Cantar ahora con voces locales será también una forma de reconocer el lugar de donde salió y la comunidad musical que lo acompaña.

“Me emociona mucho que este concierto reúna distintas generaciones y experiencias musicales santandereanas en un mismo escenario”, afirma.

Después de este regreso a Santander, su agenda seguirá moviéndose entre países y escenarios. Cantará el Réquiem de Mozart en Viena, Carmina Burana en Alemania y República Dominicana, regresará al Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo con el recital Voces Queer, en el marco del Mes del Orgullo y la Diversidad, y será el Gorrión en la ópera María de Buenos Aires, de Astor Piazzolla, en Klagenfurt, Austria.

El mundo lo espera otra vez. Pero antes está Bucaramanga.

Cuando termine la función, Luis quisiera que el público se lleve emoción, esperanza y cercanía. Quiere que la ópera deje de parecer un arte lejano. Quiere que alguien que nunca ha escuchado una aria completa pueda sentir que esa voz también le habla. Quiere que su historia sirva como señal para otros niños y jóvenes que nacen lejos de los grandes centros culturales y que, por eso mismo, muchas veces creen que ciertos escenarios no son para ellos.

También quiere que la noche deje una idea de orgullo local.

“Me gustaría que mis amigos, mi familia y todas las personas asistentes recuerden que un niño campesino que viene de una vereda entre las montañas, sin recursos y con acceso limitado a muchas cosas, puede llegar a convertirse en lo que sueña”, dice.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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