Hay palabras que taladran el corazón, hay gestos que lastiman el alma, hay indiferencias que carcomen el espíritu... en fin, hay actitudes que producen grietas.

Publicado por: Euclides Ardila Rueda
Lo peor del caso es que, cuando esas fisuras aparecen, no hay quién las resane. Es como cuando arrugamos una hoja de papel; por más que intentemos ponerla lisa de nuevo, los quiebres quedarán indelebles.
Muchos nos comportamos así: herimos a los demás. Algunos lo hacen a propósito, otros ni siquiera se dan cuenta. Sin embargo, logramos resquebrajar el entusiasmo de la gente que nos rodea.
Una palabra en un momento de rabia puede destruir una vida entera, puede echar por la alcantarilla a una bella relación sentimental y puede 'bajar de nota' a alguien.
La violencia, la grosería, la mentira e incluso el desamor, aunque no nos percatemos, nos acompañan y, lo que es peor, envenenan el alma.
Es en esos momentos en los que nos corresponde ser cautelosos con nuestros actos y comentarios. Es preciso ser amables y tolerantes con los demás, para no lastimar sentimientos, no herir susceptibilidades ni destruir ilusiones.
¿Va a regañar a su hijo por alguna falta que cometió?
¡Sea estricto, pero antes póngase unos guantes de seda!
¿Le va a reclamar a su pareja por alguna situación que pasó?
¡Encuentre las palabras precisas para hablarle!
¿Debe llamarle la atención a uno de sus subordinados?
¡No lo humille!
¿Quiere enseñarle algo a su alumno?
¡No lo asuste con la clase!
La paciencia, el respeto, el diálogo, el hablar con la verdad y la comprensión mejoran nuestra convivencia. De igual forma, estos cinco ingredientes pueden convertirse en la mejor receta espiritual.
puede ser su caso
Jersy, una mujer muy insegura de sí misma, se puso una pulsera de oro un día que fue a visitar a sus padres.
Su hermana, quien le reprochaba todo lo que ella hacía, la cuestionó por esa arandela: "¿Por qué gastas tu dinero en algo tan frívolo?".
Jersy se sintió mal. Sin embargo, juró no volverse a poner esa joya hasta tanto ella misma fuera capaz de lucir su manija sin que le hirieran los comentarios de los demás.
La tarea era difícil, porque ella siempre había vivido del 'qué dirán'. Le costó trabajo pero, al cabo de dos meses, volvió a usar su particular brazalete.
La historia, así de escueta como se lee,
demuestra que en algunos momentos podemos 'regodearnos' de la vida, sin tener que pensar en lo que digan los demás.
Eso sí, al tomar esta actitud, hay que tener cuidado de no hacerle daño a nadie.
LAS MENTIRAS HIEREN
Un niño mentiroso se sometió a una sencilla prueba para dejar esa fea costumbre.
Su padre le dio una bolsa de puntillas y le dijo que clavara una en la cerca del jardín cada vez que engañara a alguien.
Los primeros días clavó 42. Pero con el transcurso de las semanas, aprendió a controlarse y el número de clavos incrustados en la cerca disminuyó. Descubrió que era más fácil controlarse, que pegar clavos en la barrera.
Semanas después fue a ver a su padre y le dijo que durante un tiempo no había plantado ni una sola puntilla. Su padre le dijo, entonces, que quitara un clavo de la cerca por cada día que no perdiera la paciencia. Los días pasaron y al final el niño pudo decirle a su papá que había removido todas las tachuelas.
El padre condujo al menor a la cerca y le dijo: "Hijo mío, te comportaste bien, pero mira todos los huecos que hay en la cerca. Ella no será jamás como antes. Cuando le mientes a alguien y le dices algo que hiere, le causas una gran herida."
"Tú puedes clavar un cuchillo en un hombre y después retirarlo, pero quedará siempre una lesión. Sin importar cuántas veces te disculpes, la cicatriz permanecerá".
Moraleja: una mentira hace tanto daño como una herida física.
TENGA PACIENCIA
La paciencia es amarga, pero su fruto es dulce. Nadie dijo que ser paciente sea cosa fácil. Ningún emperador conquista Asia, ni ningún rey se adueña de Zamora, ni mucho menos un actor consigue un papel cinematográfico en una hora.
El paciente soporta tormentas como las que vivió Alejandro; afronta el eterno transcurrir del tiempo, como le tocó a Don Sancho; e incluso se ve expuesto a perder grandes protagónicos, como los que dejó pasar el hoy desparecido actor mexicano, Ricardo Montalbán.
¿Por qué tanta prisa?
¿Qué gana usted al claudicar antes de tiempo?
Si hay enfermedades que, por más largas y traumáticas, no logran matar al paciente, ¿por qué usted cae en el primer intento?
Cuando se tiene paciencia, se aprende a sacarle la última gota de savia a la vida; y se puede observar en calma cómo pasa la vida en paz y amor. Mejor dicho, cuando se tiene paciencia, se puede triunfar.
Recuerde: La paciencia es una oportunidad para llegar a una meta, sobre todo porque en esta vida hay más estrellas que hombres y, por supuesto, hay alas para todos los sueños.















