Espiritualidad
Jueves 21 de febrero de 2013 - 12:00 AM

La escuela de la vida

La belleza siempre está en los ojos de quien ve. De la forma como usted observe su vida y, sobre todo, como aprenda la lección, podrá contar su propia historia con alegría o con dolor. ¡Usted decide!

La escuela de la vida
La escuela de la vida

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Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

Si analiza bien, su mundo se asemeja al de un aula: hay maestros, pupitres, cuadernos, compañeros, lecciones por tomar e incluso calificaciones “malas” o “buenas”, incluyendo las habilitaciones o los cursos de validación.
En todos los asuntos que le dicta la vida, sin excepción alguna, debe  cumplir ciertas reglas o hacer las tareas que le corresponda; unas  muy similares a las que le tocaba hacer cuando iba a la escuela.
En la primaria, a veces lo obligaban a hacer la plana hasta diez veces para tener buena caligrafía; en otras ocasiones con solo una era suficiente.
En eso de las responsabilidades académicas siempre convenía recordar lo que le decía el profesor: “lo importante no son los errores que ha cometido, sino los esfuerzos que haga para no volverlos a cometer”.
Algunas cátedras eran más fáciles de aprender que otras. Dependiendo de sus habilidades, se podría ser mejor en español que en matemática; por citar solo un ejemplo.
Hablando de aritmética, al guien recordará que era “su dolor de cabeza”. Sin embargo, no puede negar que esa clase lo llenó de lógica y de sentido común; y, sobre todo, le permite hoy día hacer un análisis práctico de sus problemas.
Ahora que usted es adulto, al menos en el papel, sabe enfrentar una seria dificultad. ¿Cómo? se serena y estudia con tranquilidad los factores que enredan su situación. Lo mejor es que, si piensa con detenimiento los hechos y los analiza, descubre pistas para la solución de sus vicisitudes.
En la vida, tal como ocurría en la época escolar, la disciplina era fundamental. Había que llegar a tiempo al salón; es más, estar sobre la hora podía entenderse como un “retraso”.
¡Cuántas oportunidades ha perdido usted, de manera precisa, por no cumplir con las horas de sus compromisos!
Cómo olvidar el recreo, el tiempo preciso para descansar y compartir con los demás. Lo propio le pasa hoy con su quehacer laboral: siempre tendrá un momento para disfrutar.
Ni hablar de los maestros: ¡los había de toda clase!
Al igual que ocurre con su mundo, en ese entonces existían unos estrictos, otros más relajados; no faltaban los refunfuñones o los amargados; se veían los que enseñaban ‘mucho’ y los que enseñaban ‘poco’; también estaban los ‘parceros’ y los que creían, pegados al reglamento, que debía existir una línea divisoria entre el docente y el pupilo.
Las instalaciones del salón también le recuerdan los entornos de su vida: a lo mejor su aula era grande, cómoda y con ayudas pedagógicas; o de pronto era todo lo contrario y apenas contaba con la tiza y una pequeña lona roja  para borrar el desvencijado tablero.
Y no puede olvidar a los libros que le correspondía leer: unos sobre otros eran los más hermosos jardines que tenía la clase. Ese recorrido por el ‘estante de las buenas letras’ se podía convertir en el más delicioso de los paseos. Leer su mundo, en la actualidad,  le permite aprender y crecer.
Gozarse la escuela también era su opción: usted decidía si se amargaba porque llegaban los lunes y lo esperaba una ‘tortuosa’ semana académica; o si, por el contrario, aprovechaba la oportunidad de aprender.
Mejor dicho, las idas a clases solían ser aburridas o divertidas. Pues, así es el zumo de la vida: suele ser amargo o dulce. Todo depende de cómo lo quiera tomar. Si le parece agrio, en sus manos está la responsabilidad de echarle una cucharada de azúcar.
La época de la escuela también le enseñó que no había que tener  prisa de vencer. A estas alturas de su vida debe ser paciente y confiar  en el éxito de su empresa, el cual vendrá en el tiempo justo.
Usted lucha por sus ideales mientras espera el momento preciso de realizarlos.
La escuela también le enseñó que había que dejarle al al tiempo que le ayudará a arreglar sus asuntos.
 En su vida, los años enseñan a dejarles las soluciones a las horas, antes de obtenerlas de manera inmediata. ¡Claro! en esa tarea no se podía ni se puede hoy día dejar de encomendarle a Dios todos sus afanes o proyectos.

EJERCICIO
Dicen que el ser humano solo utiliza una sexta parte de su capacidad pulmonar.
¡Es una lástima que eso suceda!
¿Por qué?
Porque respirar aire puro oxigena no solo al organismo, sino al propio estado de ánimo.
Le proponemos el siguiente ejercicio:
Inhale todo el aire que pueda, hasta llegar a los pulmones. Mantenga el aire mientras cuenta mentalmente hasta cuatro; y, en tiempo similar, exhale.
Repita este ejercicio 10 veces en la mañana y otras 10 en la noche.
No quiere decir que con eso se le acaben los problemas; pero le garantizamos que se sentirá bien. Al menos ‘tendrá un respiro’.

SU TALENTO
Si no ejercita la cualidad que Dios le dio, el día menos pensado se puede quedar sin ella. Cuando el Altísimo ve que aquel que recibió una cualidad no la quiere hacer fructificar, se la pasa a otro que sí la quiera emplear.

Dar más
Si desea recibir más mañana, necesita abrir su corazón para entregarse hoy a los demás. Ese “dar más” no significa repartir cosas materiales; quiere decir que debe ayudar a quien lo necesita en el momento preciso.

¡Es correcto!
Si dice lo que piensa y tiene la conciencia tranquila, es porque ha hecho lo que
debía hacer.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

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