Podemos encontrar fuerzas para levantarnos, incluso más allá de que el corazón esté latiendo en medio del dolor.

Muchas veces vivimos con la sensación de tener todo bajo control, como si el mañana estuviera asegurado. Y no está mal pensar así. Tampoco podemos vivir preocupados por lo que todavía no ha pasado. Pero los acontecimientos de los últimos tiempos nos han movido el piso de una manera dolorosa y nos recuerdan que somos vulnerables. ¡En efecto! La vida puede cambiar ‘en un abrir y cerrar de ojos’ y, por eso, vale la pena preguntarnos qué estamos haciendo con el tiempo que tenemos hoy.

Cuando vemos a tantas personas enfrentando pérdidas y momentos difíciles, es imposible no sentirnos tocados. Aunque no todos seamos damnificados directamente, de alguna manera lo que pasa también nos afecta. Nos sentimos ‘bajos de nota’, preocupados, tristes con el corazón quebrado y con miedo. Al menos eso he sentido yo al ver tanta tragedia en nuestro país. El dolor de los demás nos recuerda que nadie está libre de las dificultades y que todos podemos necesitar una mano amiga.

Ojo: reconocer que somos vulnerables no significa vivir paralizados. Al contrario, saber eso puede ayudarnos a valorar más lo que tenemos y a entender que el momento para vivir, amar, perdonar, ayudar y decir lo que sentimos es ahora. Por eso, no vale la pena gastarlo en rencores, discusiones innecesarias o preocupaciones que nos impiden disfrutar y construir.

También debemos recordar que no estamos solos. En los momentos difíciles aparece una de las mejores cosas que tenemos como seres humanos: la solidaridad. Una palabra de ánimo, una ayuda concreta o simplemente acompañar a quien sufre pueden hacer una gran diferencia.

Desde una mirada espiritual, cada amanecer es una oportunidad que no vuelve. Podemos quedarnos mirando lo que se perdió o reconocer el dolor, hacer lo que esté a nuestro alcance y volver a levantar la mirada. No se trata de desconocer las dificultades, sino de no permitir que nos quiten la esperanza ni las ganas de seguir.
Hay que seguir caminando, agradecer por la vida y aprovechar el tiempo para hacer algo bueno por nosotros y por los demás. No podemos cambiar lo que ya pasó, pero sí podemos decidir qué hacemos desde este momento.

- Tener a Dios en el corazón es encontrar una compañía que fortalece cada día. Su presencia ayuda a enfrentar las dificultades con serenidad, agradecer las pequeñas cosas y mantener la esperanza cuando surgen preocupaciones. Jesús nos recuerda la importancia de amar, perdonar, servir y tratar a los demás con respeto. En las actividades cotidianas, pensar en Él permite actuar con más paciencia y sabiduría. Tenerlo presente no significa que los problemas desaparezcan, sino que se afrontan con fe y confianza.
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- Virgen María: acompáñeme en este día y ayúdeme a llevar con calma mis preocupaciones, mis agendas y mis situaciones personales. Cuide a mi familia, a mis seres queridos y a quienes necesitan consuelo. Lléneme de fuerza para cumplir con mis responsabilidades, paciencia para enfrentar las dificultades y un corazón dispuesto a hacer el bien. Amén.
Consulta del día

- Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. Veamos el caso de hoy:

- Testimonio: “¿Cómo puede hacer uno para sobreponerse a la adversidad cuando va de ‘tumbo en tumbo’, como se dice popularmente? Es la historia de mi vida: no salgo de una dificultad para entrar en otra. Hace poco perdí el trabajo y, dos meses antes, había terminado una relación afectiva de varios años. También estoy enfermo y no sé qué hacer. ¿Qué debería hacer?”.
Respuesta: Cuando la vida parece llevarnos de una dificultad a otra, es normal preguntarse cuánto más se puede soportar. Usted ha enfrentado en poco tiempo la pérdida de un trabajo, el final de una relación y, además, una enfermedad. No es poco lo que está viviendo.
Mi consejo es que no intente resolverlo todo de una vez. Concéntrese en lo que puede hacer hoy. Si está enfermo, cuide primero su salud y busque la atención médica necesaria. En cuanto al trabajo, avance poco a poco: actualice su hoja de vida, hable con personas de confianza y busque nuevas oportunidades. Y respecto de la relación que terminó, permítase vivir el duelo y aceptar que algunas etapas terminan, aunque todavía duelan.
No enfrente todo esto en soledad. Busque el apoyo de un familiar, un amigo o un profesional que pueda acompañarlo. Pedir ayuda no es una debilidad, sino una forma de cuidarse cuando las fuerzas no son suficientes.
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Recuerde que una mala temporada no define toda una vida. Que hoy esté pasando por dificultades no significa que mañana será igual. Hay situaciones que no podemos cambiar de inmediato, pero sí podemos decidir cómo enfrentarlas, un día a la vez.
No mire solamente lo que ha perdido; valore también lo que conserva y la posibilidad de comenzar de nuevo.
Finalmente, si tiene fe, aférrese a ella, especialmente cuando no encuentre respuestas. A veces Dios no muestra todo el camino, pero da la fuerza para dar el siguiente paso. Este momento también puede convertirse en una oportunidad para reconstruirse. Le deseo serenidad, fortaleza y confianza para seguir adelante, con la certeza de que con ellas pueden abrirse nuevos caminos para su vida.














