Espiritualidad
Domingo 15 de octubre de 2017 - 12:01 AM

El diálogo interior

Nuestra comunicación con la voz interior es la manera con la que nuestra mente subconsciente nos comunica mensajes; por ello, es prioridad prestarles mucha atención a las cosas que repetimos en nuestras cabezas.

Compartir

Publicado por: EUCLIDES KILÔ ARDILA

De acuerdo con los expertos, en promedio diario duramos 10 horas hablando con nosotros mismos, otras 8 horas nos las pasamos dormidos y las seis restantes son las que utilizamos para conversar con los demás.

Si bien el tema se reduce solo a estadísticas, con sus márgenes de error, es claro que el 41,6 % de nuestros pensamientos representan la cuota de nuestro diálogo interior.

Pero de ese porcentaje, de manera errada, en la mayoría de los casos cultivamos ideas que nos llenan de negatividad.

Nos hemos acostumbrado a pensar en cosas improbables, al punto que terminamos estresados y llenos de ansiedades, sin contar que nos acostumbramos a vernos como unos frustrados e incapaces.

Si bien tendríamos que ser más propositivos, nuestro diálogo se reduce solo a atraer tristezas.

Deberíamos replantear todo esto. Es decir, es fundamental modificar el lenguaje con el que nos hablamos, de tal forma que les demos cabida a ideas esperanzadoras.

Estamos desaprovechando ese diálogo interno. Es una pena que ello ocurra, pues las soluciones a nuestros problemas están por dentro, no por fuera. Y si podemos recuperar la autoconfianza, este ejercicio redundaría en grandes beneficios.

Usted y yo, en casi todos los casos, sabemos qué es lo que nos pasa, así les digamos a los demás que no sabemos el por qué de nuestra ‘mala suerte’.

En ese orden de ideas, entablar este tipo de diálogos es una gran herramienta, sin contar que al hacerlo nos desahogamos y rebajamos la tensión emocional. Además, podríamos botar toda la basura que se nos anida en la cabeza.

Este ‘monólogo espiritual’ debería ser una actividad tan sana como productiva. Muchas personas han reconocido que lograron superar la adversidad gracias a las conversaciones que sostuvieron con sus voces interiores.

Cada vez que entablamos una charla sana con nosotros, los mensajes que se emiten son revelaciones transparentes de lo que hay en nuestras almas.

¿Quiere un sano ejemplo?

En las Sagradas Escrituras se lee que el famoso hijo pródigo, ese que derrochó de manera anticipada la herencia de su padre, después de aquella salida en falso optó por hablar consigo mismo. En tal charla descubrió el amor que le tenía a su padre y de lo tanto que extrañaba a su familia. Fue tan positivo su diálogo interno que, después de analizarlo, él tomó la mejor decisión: regresar a su hogar.

No se trata de que cuando hable con usted se la pase dándose duro, reprochándose y lastimándose por aquello que hizo o dejó de hacer. Tampoco vale la pena lamentarse por todo y asumir el rol de la víctima.

Recuerde que usted es lo que piensa. Los pensamientos dejan huella, tienen poder e influyen de una manera sana o errada. Ellos curan o hieren, animan o desmotivan, reconcilian o enfrentan, iluminan o ensombrecen, en fin...

Cuando les imprimimos palabras positivas a los sentimientos, los sabemos reflexionar y logramos que cosas buenas nos pasen.

Publicado por: EUCLIDES KILÔ ARDILA

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad