Espiritualidad
Jueves 14 de diciembre de 2023 - 06:43 PM

Inquietud espiritual: ¿Por qué nos refugiamos detrás de una frágil cáscara?

Querer ocultar nuestra realidad es como pretender ‘refugiarnos’ detrás de una débil cáscara.

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Publicado por: Euclides Kilô Ardila

A veces nos decimos tantas mentiras que, nuestra forma de hablar se asemeja a una cáscara de huevo, la cual se vuelve delicada y vulnerable.

Las mentiras son como pequeñas grietas que debilitan esa cáscara, poniendo en peligro nuestra integridad y autenticidad.

¿No le ha pasado que usted mismo se dice mentiras? Pese a que todas las evidencias lo delatan o le dicen de frente que va por mal camino, de manera terca, usted sigue necio rumbo a una estrellada.

¡Usted no es el único! Muchos nos decimos mentiras a nosotros mismos por diferentes razones. Y lo hacemos para protegernos emocionalmente de la realidad, para evitar situaciones incómodas y hasta para sacarle el quite al espejo.

A veces lo hacemos para mantener una imagen positiva de nosotros mismos y, por supuesto, para ocultar nuestras propias debilidades y justificar así nuestra cobardía.

Cuántos insisten en seguir atados a sus parejas creyendo que algún día cambiarán; otros se aferran a puestos de trabajo tediosos y monótonos, soñando ilusamente que sus panoramas laborales mejorarán; hay quienes piensan que no pueden mirar otros horizontes porque, en el papel, el entorno en el que están supuestamente dará un giro insospechado, en fin...

Es clave cultivar la verdad en nuestras vidas; también debemos ser honestos con nosotros mismos y con los demás. Recordemos que la verdad es un bálsamo sanador que nos libera y nos permite vivir en plenitud y armonía.

Obviamente las creencias arraigadas, los miedos o las falsas expectativas que tenemos influyen en nuestra capacidad para enfrentar la verdad y, en su lugar, optamos por engañarnos con un pasmosa facilidad.

Es importante recordar que ser honestos es fundamental para nuestro crecimiento personal y para tomar decisiones saludables y conscientes.

No podemos justificarnos creyendo en cosas que jamás nos llevarán a ninguna parte.

Debemos aprender a vernos tal y como somos y no creer nuestras propias mentiras. Si enfrentamos la realidad y asumimos las consecuencia de nuestros actos, podremos crecer en todos los ámbitos; sobre todo en el tema espiritual.

Si no nos decimos mentiras, si somos capaces de mirarnos sin tapujos y con total objetividad, nos daremos cuenta de que nuestra manera de ser, lejos de ser un problema, se constituye en la clave que nos permitirá andar por la vida con mayor confianza y seguridad, dándoles nuestros sellos personales a todas las cosas que hagamos y desarrollemos.

Jamás pretendamos tapar el Sol con las manos, ni mucho menos protegernos en refugios que más parecen débiles ‘cáscaras’ de huevo.

BREVES REFLEXIONES

En la vida siempre encontramos personas que alumbran nuestros caminos y que nos dan su apoyo, justo cuando más lo necesitamos; algunos los llaman amigos del alma, otros les dicen ‘ángeles’ y otros más los bautizan como ‘parceros’. ¡Ellos son muy importantes en nuestra vida!

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Colocar piedras unas encima de otras es una costumbre que, de manera literal, representa el equilibrio interior. Lo menciono porque, en nuestro diario caminar, es fundamental aprender a pararse sobre las ‘piedras’ del ‘día a día’ y procurar ese anhelado balance.

Un paraguas no puede detener la lluvia, pero siempre le ayudará a permanecer debajo de la borrasca. Así como la fe no le quita los momentos difíciles, ella siempre le da la fuerza para resistir. En esos momentos tormentosos por los que pasa es válido refugiarse en el ‘paraguas de la fe’.

Debemos aprender a poner límites; ser buena persona no significa tener que aguantar irrespetos, abusos de confianza, maltratos o desprecios. Cuando alguien se quiera aprovechar de su buena voluntad, sea consciente de que debe poner los puntos sobre las íes.

EL CASO DE HOY

Testimonio: “Soy una mujer joven pero, aún así, me levanto sin ganas de salir. No sé si eso será algo pasajero o si es que la falta de plata, que por estos tiempos me tiene asfixiada, hace que todo me resulte desesperanzador. Me dicen que ore, pero no sé si eso me devolverá el ánimo. ¿Qué consejo me podría dar? Gracias”.

Respuesta: Esos ‘bajonazos’ de ánimo, sobre todo cuando hay problemas económicos, son comunes en la actualidad. Obvio que tiene que ingeniárselas para solucionar sus limitaciones presupuestales, pero no por ello se debe ‘echar a morir’, ni menos puede quedarse encerrada.

Sin querer decirle que no le preste atención al tema del dinero, debo recordarle que no tiene por qué vivir deprimida por su ausencia. Cuanto menos persiga el dinero, más llegará a usted con abundancia. ¡No se desespere, que cada centavo le llegará en el momento que sea preciso!

Si recupera la autoconfianza, todo brillará con nuevos tonos y resucitará con grandes chispas de energía.

La fe debe ser alimentada, a la par con la llama de la motivación. Si lo hace, volverá a apreciar mejor las cosas buenas que la vida le ha dado.

Levántese temprano cada día y salga con el Sol, porque así podrá sentirse plena y encontrará las oportunidades que necesita para sacudirse de esa ‘modorra anímica’ en la que está sumergida.

No le dé miedo explorar las bondades de la oración, porque ella puede ayudarle a encontrar su paz interior.

Ojo: recuperar la fe es un proceso que lleva sus tiempos. No se presione a usted misma y dése permiso para explorar y cuestionar.

En ese sentido, cada quien vive su experiencia personal y atraviesa el camino que le corresponde. ¡Le envío un abrazo y que Dios la bendiga!

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Publicado por: Euclides Kilô Ardila

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