Espiritualidad
Viernes 07 de marzo de 2025 - 02:08 PM

Hablemos de intuición: El frasco de las ‘corazonadas’

Déjese llevar por esa corazonada que le susurra en el alma. Esa es la voz interior que le recuerda que debe dar determinado paso.

Hablemos de una 'corazonada'.
Hablemos de una 'corazonada'.

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Una ‘corazonada’ en un frasco, como se muestra en la imagen de esta página, puede verse como un pequeño destello en la vida diaria. Y más allá de la imagen en sí, esta representación nos invita a salir de la monotonía y a descubrir detalles que antes pasaban desapercibidos en nuestra rutina.

Utilizo esa figura y ese ‘juego de palabras’ para hablar de la intuición, ese impulso que surge en ciertos momentos de nuestra vida. Algunos la llaman ‘sabiduría espiritual’; otros creen que es una manifestación de la ‘iluminación divina’; incluso ciertos ‘chamanes’ la definen como la conexión con la naturaleza y los ancestros. En mi caso, prefiero llamarla simplemente ‘corazonada’.

Corazonada = Intuición.
Corazonada = Intuición.

Me refiero a esa voz interna que nos susurra al oído y que nos advierte sobre algo que sucederá o que nos invita a dar un paso determinado.

En la vida cotidiana, la intuición suele ser una gran aliada. En un mundo dominado por la razón y la lógica, ella se convierte en una ‘ayuda extra’ que nos permite despejar dudas y tomar decisiones con mayor claridad.

Ese ‘sexto sentido’ del que tanto se habla y que nuestros abuelos veneraban no es otra cosa que la voz de nuestro ser interior, un puente entre nuestra conciencia y dimensiones más sutiles.

A lo largo de la historia, la intuición ha sido considerada como un don especial, atribuido con mayor frecuencia a las mujeres. Sin embargo, todos poseemos la capacidad de desarrollar esta conexión con nuestro mundo interior.

Quienes cultivan su intuición no sólo logran prever situaciones, sino que también encuentran un equilibrio que les permite afrontar la vida con mayor seguridad.

El ‘día a día’ nos envía señales constantemente; la clave está en nuestra capacidad para percibirlas y actuar en consecuencia.

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Una persona intuitiva no sólo observa el entorno, sino que también siente y comprende lo que las palabras no pueden expresar. Este don le permite anticiparse a los peligros, reconocer oportunidades y tomar decisiones alineadas con su propósito de vida.

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Desde una perspectiva espiritual, la intuición es un lazo sagrado con nuestra esencia. Es esa voz que nos advierte cuando algo no está bien, que nos impulsa a seguir ciertos caminos y nos aleja de aquello que podría perjudicarnos. Se trata de una manifestación de sabiduría interna que trasciende el razonamiento convencional.

Escuchar nuestra intuición es un acto de confianza en nosotros mismos. Cuando tomamos decisiones basadas en ella, nos alineamos con nuestra verdad y con el flujo natural de la vida. Ignorarla, en cambio, puede llevarnos a caminos de incertidumbre y dudas.

Para fortalecer este don, es fundamental cultivar el silencio, la meditación y la observación consciente. La práctica del autoconocimiento y la confianza en nuestras percepciones nos ayudarán a desarrollar una intuición más precisa.

En definitiva, la intuición es una aliada invaluable en la vida diaria. Nos protege, nos orienta y nos conecta con nuestro ser más profundo. Aprender a escucharla es abrir la puerta a un mundo de sabiduría interior, donde cada decisión es guiada por una luz que nunca se apaga.

Breves reflexiones

No se angustie ni permita que la ansiedad lo consuma, pues ella jamás le aportará algo positivo. En su lugar, tome las precauciones necesarias, ya que sus acciones de hoy definirán su estabilidad del mañana. Si no logra frenar esa angustia existencial, eleve una plegaria, encomiende sus asuntos a Dios y actúe con determinación.

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A veces, lo mejor es partir. Si todo lo que ofreció no fue suficiente, ofrezca su ausencia. Es posible que, al irse, quienes lo rodean finalmente noten su valor.

Que sus planes sean privados, que sus movimientos sean discretos, que su círculo sea pequeño, que su vida sea pacífica, que su disciplina sea firme y que su corazón siempre lata con felicidad.

“La vida empieza cada cinco minutos”. Esta idea, del humorista Andreu Buenafuente, lo invita a romper con las ataduras del pasado y a renovarse constantemente.

¡Una se cierra, otra se abre!
¡Una se cierra, otra se abre!

“Donde una puerta se cierra, otra se abre”. Cuando una oportunidad se pierde, siempre habrá otra esperando.

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La consulta del día

¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.
¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. Veamos el caso de hoy:

¡Vivir el duelo!
¡Vivir el duelo!

Testimonio: “¿Por qué será que nos cuesta tanto aceptar la muerte de nuestros seres queridos? Lo pregunto porque perdí a mi padre hace más de cinco años y aún no logro asimilarlo. Me gustaría conocer su punto de vista. Gracias”.

Respuesta: La dificultad para aceptar la muerte está arraigada en nuestra naturaleza humana, que nos impulsa a buscar la trascendencia y la permanencia.

A lo largo de la historia, la idea de la inmortalidad ha sido un anhelo constante, ya sea a través de la ciencia, la religión o la memoria.

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Nos cuesta asumir la muerte porque implica la ruptura de vínculos afectivos y la incertidumbre sobre lo que hay más allá. No obstante, creo que para sobrellevar la pérdida de un ser querido, es fundamental permitirnos vivir el duelo, recordar con amor y encontrar significado en su legado.

Aceptar que esa persona ya no estará físicamente con nosotros no es fácil. Sin embargo, la espiritualidad o la reflexión sobre la vida pueden ayudarnos a aceptar lo inevitable. Honrar su memoria nos permite darles continuidad en nuestro presente y encontrar consuelo en la huella que dejaron en nosotros.

Son claras sus palabras al decir que, después de cinco años, aún no ha podido asimilar la partida de su padre y lo comprendo muy bien.

¿Qué puedo aconsejarle? Le diría que el duelo no tiene un tiempo exacto ni una única forma de vivirse. La pérdida de un padre deja un vacío profundo y, dependiendo del proceso emocional de cada persona, cinco años pueden parecer tanto mucho como poco. Lo sé por experiencia propia: mi padre falleció en 1989 y, aún así, no ha sido fácil.

Es posible que existan preguntas sin respuesta, emociones contenidas o la sensación de que no ha encontrado una manera de integrar su ausencia en su vida. Lo invito a hablar de su padre, a recordar los momentos compartidos y a reconocer que, aunque ya no esté físicamente, su influencia sigue presente.

Si siente que el dolor le impide avanzar, buscar apoyo en sus seres queridos o en un profesional puede ayudarle a canalizar sus sentimientos. Aceptar no significa olvidar ni dejar de sentir, sino aprender a convivir con la ausencia sin que pese más que los recuerdos y el amor que permanece.

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