Lo positivo también merece voz, porque aprender a resaltar lo ‘bueno’ es tan necesario como corregir lo ‘malo’.

Aunque alguien realice muchas acciones correctas, basta un solo error para que los demás se concentren en este y lo hagan más visible que todo lo demás. Las redes sociales son una clara muestra de ello.

En la vida cotidiana también se observa cómo una falla, un comentario imprudente o una actitud equivocada quedan grabados con más fuerza que los gestos de bondad, de ayuda, de solidaridad o de respeto. Es como si lo negativo tuviera más ‘peso’ en esta singular balanza.

Solemos estar más atentos a lo que nos incomoda, y por eso recordamos con mayor nitidez aquello que, a nuestro juicio, no está bien. Sin embargo, esa inclinación no debería convertirse en costumbre.
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En la vida diaria conviene aprender a reconocer también lo positivo; de lo contrario, se corre el riesgo de vivir únicamente enfocados en el defecto.
Si una persona se esfuerza constantemente en obrar bien, no sería justo reducirla a un tropiezo aislado. Mirar a los demás con equilibrio es un ejercicio que aporta serenidad a las relaciones humanas.
Mi llamado es a ver lo integral, más que la minucia o el detalle de lo que hacemos. Si lo pensamos desde la lógica de esta página, podría decirle que quien se enfoca solo en lo negativo vive cargando juicios, resentimientos y reproches, lo que termina alejándolo de la paz interior.

Jesús nos invita a mirar con misericordia, a no olvidar que los errores también son parte del camino humano y que nadie está exento de equivocarse. Así como se espera indulgencia en los propios fallos, también se debería ofrecer la misma comprensión a los demás.
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Por fortuna, los errores no solo pesan como una carga, sino que también enseñan. Cada equivocación evidencia un área que necesita atención. Si se aprende del error, él deja de ser un lastre para convertirse en una lección que fortalece. Del mismo modo, se puede y se debe aprender de las virtudes: de la paciencia, de la generosidad, del amor, de la capacidad de servir, en fin...
La pregunta del día

Las inquietudes suelen irrumpir con frecuencia en nuestro estado de ánimo. Sin embargo, cada pregunta o duda que surge también nos abre una puerta hacia un nuevo horizonte, ya sea a través de la reflexión o mediante estrategias sanas para el alma y el espíritu. Veamos la consulta de hoy:

Testimonio: “Tal vez piense que el tema que le planteo no sea del todo espiritual, aunque desde mi punto de vista considero que sí lo es. Le pregunto: ¿por qué será que cada día sabemos más, pero entendemos menos? En nuestro entorno, esto se refleja en las conversaciones mediadas por el celular, en relaciones cada vez más superficiales y en personalidades frágiles. Me gustaría que abordara este asunto en sus secciones habituales, pues considero que sería de gran utilidad para todos, especialmente para los jóvenes. Muchas gracias”.
Respuesta: Su reflexión expresa el sentir de muchos en estos tiempos: la ironía de tener más información que nunca y, sin embargo, experimentar un vacío de comprensión y de sentido común.
Desde un enfoque espiritual, más que atribuirlo a la falta de entendimiento o al uso del smartphone, podría decirle que nos acostumbramos a caer en la trampa de lo trivial. Al sentirnos dueños del conocimiento solo por tener acceso a él, olvidamos que, en realidad, apenas somos gotas en un inmenso mar.
Hoy en día no nos detenemos a escuchar, ni a contemplar, ni a integrar lo aprendido en la vida cotidiana. Por el contrario, solemos perdernos en la comodidad de lo superficial.
Y eso no solo les pasa a los jóvenes; creería que casi todas las generaciones hemos caído en la facilidad de hacer ‘clic’ para quedarnos ‘embobados’ o anquilosados en tonterías.
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El reto actual consiste en soltarnos, ser más libres, no vivir de prisa ni rendirle culto a la apariencia. En esa medida, lo espiritual no está desconectado del ‘día a día’: se manifiesta en cómo tratamos al vecino, en cómo cuidamos las palabras, en cómo respondemos ante la dificultad, en cómo amamos y en cómo agradecemos lo sencillo.
Breves reflexiones

Piense si hasta ahora ha tenido una vida complicada. Deténgase un momento y pregúntese: ¿por qué ocurre eso? Muchas veces, las cosas suceden porque uno mismo abre la puerta para que pasen. Nadie lo despertará temprano, nadie entrenará por usted, nadie se sacrificará en su lugar. Recuerde: usted es el creador de su propio éxito.

Cumpla con lo que debe hacer, aun cuando esté cansado, desanimado, aburrido o con miedo. Actuar siempre será mejor que quedarse con los brazos cruzados.

Crecer en todos los aspectos de la vida

Aunque el dinero es importante, confiar más en él que en la felicidad alimenta una ambición que envenena el alma. Los grandes multimillonarios, que parecen haber alcanzado todo, nos muestran que nunca es suficiente lo que se posee y que siempre existe el temor a perder, incluso una mínima parte de lo que sobra.

Usted puede ser feliz con lo que tiene, sin dejar de emocionarse por lo que quiere alcanzar.














