jueves 18 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

Prestémosle más atención a nuestro estado de ánimo

Si vemos la vida con unos lentes más esperanzadores y resilientes, podremos mejorar nuestra salud física y mental.
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Mantener un estado de ánimo equilibrado es fundamental para nuestro bienestar. De manera desafortunada, con los duros tiempos que afrontamos, nos vemos inmersos en factores que nos desestabilizan: hablo del entorno, de los problemas económicos, de las circunstancias personales que protagonizamos a diario y, en general, de los acontecimientos de la vida misma.

Con o sin razón, hay épocas en las que amanecemos con el ánimo en el piso. Como consecuencia de ello, nuestras actividades se ven perjudicadas porque no entregamos todo nuestro potencial, lo que desencadena en decepciones y en un prolongado malestar cotidiano.

Lo grave es que, si a toda hora vivimos inmersos en sentimientos de aburrimiento nada andará bien entre nosotros.

El desánimo es una parte natural de la vida más que una condición médica, pero es importante reconocerlo y detectar si puede convertirse en un problema a largo plazo.

Lo menciono porque no le prestamos la debida atención a cómo nos sentimos, a pesar de que estar ‘bajos de nota’ es algo que forzosamente afecta a nuestro alrededor.

Cuando nos llenamos de abatimiento muchas veces creemos que lo que tenemos es algo ‘pasajero’, cuando lo que realmente nos ocurre es un indicio de enfado, de frustración y de preocupación.

Lo peor es que si no tomamos cartas en el asunto, toda esa sensación podría generarnos estragos en nuestra salud física y mental.

Mantener un estado de ánimo desaliñado o desinflado nos dificulta hacerle frente a la vida y, en muchos casos, nos genera una fuerte tendencia a la depresión o a la ansiedad.

No podemos dejar que esa melancolía se apodere de nosotros.

Cuando surjan momentos en los que el desgano nos atosiga, ya sea por problemas económicos, de salud o emocionales, lo peor que podemos hacer es quedarnos paralizados o resignarnos a vivir de manera permanente en semejante estado.

Si hay algo que nos hace bastante daño es el desánimo. De manera desafortunada, en los tiempos actuales solemos dejarnos vencer por el desgano y por los problemas.

Tampoco se trata de pelear con lo que sentimos; lo importante es entender lo que nos ocurre y, sobre todo, aprender a sobrellevarlo sin caer en el plano de la victimización.

Considero que puede ser útil ponerles un filtro a esos entornos negativos en los que nos movemos, para tener otra perspectiva y hacer que nuestra salud mental mejore.

Ahora bien, la vida es así: un día atravesamos por días grises y otros llegan con un radiante sol. La cuestión es tratar de lidiar con lo cotidiano.

Pero si tropezamos es esencial hacer acopio de entereza para levantarnos y desplegar valor y fortaleza para seguir adelante.

Ojo: Si tocamos fondo no nos queda más opción que tomar impulso y salir a la superficie.

Lo que vivimos a diario en cierta medida nos invita a estar renovándonos, muchas veces a partir de nuestras cenizas, para convertir cada situación difícil en un gran aprendizaje.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Prestémosle más atención a nuestro estado de ánimo

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta sección espiritual. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “A estas alturas de mi vida, justo con 41 años de edad, estoy atrapado en la incertidumbre y no sé qué quiero hacer de ahora en adelante. Lo peor de esta crisis existencial es que, por más que lo analizo, no puedo salir de esta situación de bloqueo. ¿Por qué me siento así? Espero una amable respuesta de su parte”.

Respuesta: Haga de esta crisis existencial una oportunidad para lograr ser usted mismo y definir cuál camino tomar.

Eso sí, tenga claro que para saber el recorrido a seguir es importante saber en dónde está. Y para ello debe formularse algunas preguntas que le den cierta claridad.

Cuestiónese si lo que ha hecho hasta el momento es lo que ha querido ser o si solo ha sido un pálido reflejo de lo que otros esperaban de usted. Haga un viaje interior que le permita escuchar su voz y desenredar esa incertidumbre que hoy lo atosiga.

Reflexione sobre lo que realmente ama, sobre lo que va bien con su personalidad y su forma de ser, sobre lo que cree que su mundo necesita y sobre lo que valdría la pena trabajar o esforzarse.

Lo importante es visualizar el equilibrio en áreas importantes de su vida, tales como su mundo emocional, su hogar, su aspecto laboral, su tiempo de ocio y hasta sus relaciones sociales.

En su carta no me da mayores detalles de lo que está haciendo hoy. Sin embargo, tenga claro que de la vida siempre obtendrá lo que usted mismo se atreva a pedirle, con la Venia de Dios.

Está muy joven y a los 41 años tiene mucho camino por delante. Pídale al Señor serenidad y claridad para saber qué paso debe tomar, con la certeza de que Él le despejará el horizonte.

REFLEXIONES CORTAS

Prestémosle más atención a nuestro estado de ánimo

* El miedo al rechazo les permite a otros que lo manipulen; y esto le causa heridas de muchas maneras. La verdad es que muchas personas quieren quedar bien con los demás y se desviven por ganarse el visto bueno de la gente. Deberían tener presente que es mejor tener la aprobación de Dios, que el aplauso de la gente.

* No deje de hacer algo que le gusta por falta de tiempo. La felicidad debe ser una decisión que se toma diariamente. Encuentre el valor necesario para dominarse y para encontrar el amor y la armonía en cada una de las cosas de su cotidianidad. ¡Sacarle el jugo a la vida es la clave!

* ¡Siempre exprese lo que siente y desahóguese! Eso lo ayudará a liberarse de aquella energía negativa que viene arrastrando sobre sus hombros. O sea que si tiene ganas de llorar, hágalo y llore todo lo que quiera; sin embargo, cuando termine, haga lo necesario para nunca más volver a llorar por ese motivo.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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