Todos, por supuesto, queremos ser felices. Pero a menos que no estemos muy conectados con la vida diaria, ser felices todo el tiempo es imposible. Esta obsesión de los adultos con ver la vida “color de rosa” solo perjudica a los niños y niñas. Expertos le cuentan por qué.

Publicado por: Redacción Galería
Por supuesto, al amar a los más pequeños queremos que sean felices todo el tiempo y nos esforzamos para asegurarnos de que tengan lo que necesitan.
Y ahora, en la era de la pandemia, trabajamos aún más para que estén contentos y satisfechos, para que este proceso no sea tan duro para ellos.
Pero es importante que los niños experimenten una variedad de emociones, para que aprendan a manejarlas: los padres que se esmeran demasiado porque sus hijos estén felices todo el tiempo les hacen un daño y no un bien.
Mucho de esto se le atribuye a la mentalidad que dice que “ser feliz” es la forma “correcta” de ser y estos mensajes pueden hacer que los niños sientan que los sentimientos felices son los únicos sentimientos aceptables que pueden tener.
Si bien esto parece positivo, en realidad puede obstaculizar el desarrollo emocional de los niños porque no se les enseña que los sentimientos de infelicidad, como la tristeza, la ira o la frustración sean igualmente válidos, solo hay que saberlos manejar: cuanto más presionen los padres para que los hijos sean felices, menos preparados estarán para navegar por otras emociones.
Pero saber esto no facilita las cosas: ¿cómo podemos permitir que nuestros pequeños se sientan tristes o frustrados y no hacer nada?
Begoña Iranzo, directora de la Maestría en Psicología de la Infancia y la Adolescencia de la Universidad Internacional de Valencia, explica que desde el nacimiento, las emociones están presentes en nuestra vida y son determinantes para enfrentarnos a las situaciones que nos rodean. Es necesario enseñar a los niños a reconocer y aceptar sus emociones, de esta manera los menores adquieren una mayor capacidad de control y mejoran la interacción con su entorno.
La experta señala que las emociones no son malas ni buenas, ni mejores o peores, sino que todas las emociones son válidas y esenciales para alcanzar el equilibrio emocional en cualquier ser humano. Por ello es importante, que los niños aprendan a reconocer todas las emociones, incluidas las negativas o las más desagradables, con el objetivo de aprender a gestionarlas de forma óptima. Las emociones tienen un papel muy importante en la vida de los niños contribuyendo en su desarrollo positivo, por lo que la educación emocional es clave en el ajuste psicosocial de cualquier persona, pero en especial para los menores.
“Debemos enseñarles a identificar las diferentes emociones y que conozcan las consecuencias que puede generar cada una. Reconocer las emociones negativas, aceptar los sentimientos y comenzar a gestionarlas son los primeros pasos que contribuyen en nuestro bienestar. Es importante comunicar a los niños que no podremos evitar nuestros sentimientos pero sí podremos decidir la actitud que emprendemos para afrontarlos”, señala Iranzo.
Juliana Urrego Nieto, psicóloga clínica y de la familia y docente de la Facultad de Psicología y Coordinadora del Centro de Atención Psicológica de la Universidad Antonio Nariño, explica que “las emociones negativas no hay que tomarlas como una amenaza para nuestros pequeños. Para el crecimiento y desarrollo de las habilidades personales de ellos, son una vivencia que les deja como enseñanza el saber sobrellevar y encontrar las soluciones más pertinentes a esa molestia.”
¿Cómo pueden los padres manejar sus propias emociones para transmitir un equilibrio emocional a los niños y niñas?
“Los padres tienen una responsabilidad muy grande de ser los mejores ejemplos para sus hijos. Las emociones y su manejo son el mejor legado que les pueden dejar: han aprendido (en la medida de las posibilidades) a manejar sus propias emociones y les van a enseñar a los pequeños a darles nombre a esas emociones”.
“Cuando se aprende a identificar, se podrán encontrar las causas y eso permitirá que los niños y niñas puedan iniciar un proceso de adaptación, manejo y control de las emociones. Esto parte del ejemplo que los padres les dan cuando reaccionan de una determinada manera ante las circunstancias de la vida misma”.
Y, precisamente, es por eso que no debemos tratar de solucionar la vida de niños y niñas.
“El permitir que nuestros niños, niñas y adolescentes reconozcan las emociones que experimentan les permitirá crecer seguros de sus emociones y de las herramientas para solucionar los eventos que se les presentan”.
“Así mismo, hay que enseñarles la habilidad de automotivarse ante las adversidades y se sientan orgullosos de su esfuerzo”, señala la experta.
Otra estrategia es permitir que “sean empáticos con las emociones de los otros, darse la posibilidad de comprender qué le pasa el otro permitirá entender que ellos no son los únicos que pueden pasar por situaciones que les generen emociones negativas”, indica Urrego Nieto.
















