Gastronomía
Lunes 19 de mayo de 2025 - 03:13 PM

El dulce encuentro entre el pisco peruano y el sabor de Bucaramanga

Desde Lima hasta Bucaramanga, Joanna Grijalva endulza los paladares con sus chocotejas artesanales, un bocado peruano que mezcla pisco, chocolate, arequipe y pecanas en cada historia de sabor.

El dulce encuentro entre el pisco peruano y el sabor de Bucaramanga. Foto: Franz Rey/VANGUARDIA
El dulce encuentro entre el pisco peruano y el sabor de Bucaramanga. Foto: Franz Rey/VANGUARDIA

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Publicado por: Redacción Tendencias

Hay algo envolvente en esa mezcla: chocolate colombiano que se rinde al calor del pisco peruano. En la boca, el dulce se desliza. El pisco, primo del aguardiente, deja un eco de uva madura en el paladar. Y cuando entra en escena el arequipe, espeso y dulce, junto a las pecanas, ese fruto seco que en Lima se encuentra en cualquier calle, la historia cambia. No empalaga, se derrite con pausa. Un bocado creado inventado para quedarse en la memoria: son las chocotejas, un tesoro gastronómico tradicional de Perú que llegó a Bucaramanga para quedarse.

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Y todo comienza con ese bocado. Así es como Joanna Grijalva, administradora de empresas y emprendedora peruana, encontró su manera de narrarse y de conquistar corazones bumangueses desde lo artesanal.

“Todo comenzó en una feria escolar en el colegio de mi hija. Preparé chocotejas y a todos les encantaron. Padres, profesores, hasta los niños me pedían más. Me decían ‘la comida peruana es rica, entonces esto también debe ser rico’… y se animaban a comprar”.

Ahí empezó todo: una receta heredada, transformada en idea, luego en producto y ahora en una propuesta que dialoga con lo mejor de las dos cocinas andinas: la peruana, rica en frutos y tradición; y la colombiana, familiar, festiva y llena de sabores que se dejan reinventar.

El dulce encuentro entre el pisco peruano y el sabor de Bucaramanga. Foto tomada de redes sociales/VANGUARDIA
El dulce encuentro entre el pisco peruano y el sabor de Bucaramanga. Foto tomada de redes sociales/VANGUARDIA

¿Qué es una chocoteja?

La chocoteja es un bocado típico del departamento de Ica, en el sur del Perú. Se trata de una bombonería artesanal que combina chocolate oscuro, un relleno cremoso de manjar blanco (similar al arequipe) y un toque crujiente que puede venir de una nuez, una pasa, una pecana, una almendra o incluso frutas tropicales como la lúcuma, ese fruto dorado que en sabor recuerda al zapote.

En Bucaramanga, Joanna prepara las versiones clásicas: pecanas con arequipe, uvas pasas maceradas en pisco y una deliciosa de hojuelas de coco. Y está lista para probar con sabores que incluyen la mora santandereana, así como combinaciones con almendra y, por qué no, una línea inspirada en las obleas locales.

“El pisco es un licor muy amigable con los dulces”, explica Joanna. “La gente se sorprende porque no lo sienten fuerte, pero sí aporta un aroma particular y elegante que eleva el sabor del chocolate”.

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Joanna llegó a Bucaramanga hace dos años y medio. Su esposo es santandereano y fue él quien la llevó a esta ciudad cálida donde la gastronomía también se vive con pasión. Aunque venía con la idea de emprender, no imaginó que un dulce típico de su país sería la puerta de entrada al corazón de los santandereanos.

“Me han recibido con mucha calidez”, cuenta. “Las personas aquí recomiendan, confían, apoyan. Tengo clientas que cada quince días me piden una docena de chocotejas. Y ha sido todo por voz a voz. Primero fue la mamá de una amiga, luego la compañera del trabajo, después otra que escuchó hablar de mí…”

El boca a boca bumangués ha sido su mejor vitrina. Las chocotejas no están en grandes cadenas ni supermercados, pero han logrado lo más difícil: conquistar paladares exigentes con el sabor de lo hecho en casa.

En esta historia, el mestizaje no es sólo cultural. Es sensorial. Es una apuesta por combinar lo mejor de dos mundos: el cacao peruano con el café colombiano, el pisco con el arequipe, la lúcuma con la mora, las tradiciones del sur con los gustos del nororiente. “Yo creo que hay una gran oportunidad ahí”, dice Joanna. “Las obleas son muy queridas acá. ¿Por qué no pensar en una chocoteja con mora? Sería una locura deliciosa”.

Y así, entre recetas nuevas, pruebas y clientas fieles, Joanna sigue haciendo de cada chocoteja un puente. Un puente entre Lima e Ica, entre Bucaramanga y Perú. Entre el recuerdo de lo propio y la exploración de lo nuevo.

Porque en el fondo, como todo buen dulce, las chocotejas no solo alimentan: también cuentan una historia. Y la de Joanna Grijalva es una historia de sabores, valentía y afecto envuelto en chocolate.

Publicado por: Redacción Tendencias

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