Laura Tami, abogada santandereana y secretaria de la Mujer de Bogotá, lidera con firmeza, sensibilidad y enfoque de género una política clave para los derechos de las mujeres. Su vocación de servicio y raíces en el cuidado la impulsan a cerrar brechas y transformar realidades.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Desde pequeña, Laura Tami creció entre dos modelos de mujer que marcaron su vida. Una abuela materna que lo entregó todo al cuidado de su familia, con una ternura inagotable. Y otra, firme y decidida, que lideraba equipos de trabajo con autoridad y autonomía económica. “Yo no podría decirte a cuál de las dos admiro más”, dice Laura, hoy Secretaria de la Mujer de Bogotá, al recordar esa doble herencia. Fue ese equilibrio entre cuidado y liderazgo lo que sembró en ella la convicción de que las mujeres pueden y deben elegir libremente sus caminos. Y que todas las elecciones son válidas.
Esa certeza la llevó a convertir su carrera jurídica en un proyecto de vida al servicio de la equidad. Abogada santandereana, egresada de la Pontificia Universidad Javeriana, especialista en Derecho Administrativo y magíster en Derecho del Externado, Laura ha dedicado más de 15 años al servicio público. Ha trabajado en ministerios, en fiduciarias, y desde hace años puso su conocimiento y energía al servicio de las mujeres. En Bogotá ha sido clave en la creación del Sistema Distrital del Cuidado, en la consolidación de redes seguras para las mujeres y en el fortalecimiento de las rutas de atención a violencias basadas en género.
Pero más allá de los cargos y las cifras, Laura ha puesto algo esencial en su liderazgo: humanidad. “No seríamos la sociedad que somos si alguien no nos hubiera cuidado. El cuidado siempre ha existido y hay que poderlo reconocer”, afirma con convicción. Cree que una política pública con enfoque de género no solo debe estar bien diseñada, sino también construida desde la empatía, entendiendo las realidades y necesidades cotidianas de las mujeres.

Equilibrio en construcción
Con la misma claridad con la que habla de cifras y sistemas, Laura reconoce que encontrar un equilibrio entre lo profesional y lo personal sigue siendo un reto. “La excelencia exige tiempo, trabajo, reflexión. Pero esto es solo una parte de mi vida. También soy familia, también necesito llegar a casa y sentir que alguien me sostiene”, confiesa con honestidad.
Sabe que las mujeres suelen cargar con la presión de “poder con todo”, pero también cree en la importancia de establecer prioridades y poner límites. “Equilibrar no es sencillo, pero lo intento. Y creo que ser muy santandereana también es eso: tener criterio para decir lo que es importante hoy y cómo organizarnos”.
Esa sinceridad también la aplica a su vida fuera de los despachos. Es hincha ferviente del Atlético Bucaramanga y no olvida la final de 2024 como uno de los momentos más felices de su vida. “Tenía que estar en el estadio. En ese instante no había nada que negociar”, dice entre risas. Porque para ella, ser feliz también es parte del compromiso público: “Una mujer feliz es una mejor funcionaria”.
Si pudiera cambiar algo estructural en Colombia, sería la forma en que enfrentamos las diferencias. “Hemos aprendido a relacionarnos desde la violencia. Convertimos al que piensa distinto en enemigo”, reflexiona.
Esa falta de diálogo y respeto, dice, afecta especialmente a las mujeres, que siguen siendo víctimas de una cultura machista, punitiva y poco empática.
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Su enfoque no es solo de denuncia, sino de transformación: construir una cultura libre de sexismo donde cada mujer pueda vivir en libertad, sin estereotipos que limiten sus posibilidades ni violencias que marquen sus vidas.

Desde Bogotá, con el corazón en Santander
“Bucaramanga es una ciudad que necesita más protagonismo a nivel nacional”, afirma. Y sueña con el día en que más mujeres jóvenes decidan alzar la voz, formarse, participar y liderar.
“Santander necesita nuevos liderazgos, y las mujeres tenemos mucho que aportar”, asegura Laura Tami.
No descarta volver a su ciudad natal, ni ocupar cargos de mayor alcance. Pero tiene claro que, esté donde esté, su propósito será el mismo: servir, cerrar brechas, garantizar derechos.
Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordada, Laura responde sin rodeos: “Como alguien que contribuyó al cierre de brechas”.

Y añade algo más: que se sepa que trabajó con pedagogía, con compromiso, con empatía. Que nunca dio por hecho que todas las personas sabían identificar la violencia o activar las rutas. Que explicó, escuchó, acompañó. Y que nunca olvidó que el derecho debe estar al servicio de la vida, no del poder.
“Quiero que digan que ayudé a hacer de esta ciudad y de este país un lugar un poco más libre de sexismo”, concluye. Y cuando piensa en aquella joven de 20 años que soñaba con cambiar el mundo, se diría algo esencial: “Disfruta el proceso. Lo que es para ti, llega. Pero hay que estar lista para cuando llegue”.
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Porque, al final, Laura Tami cree que el liderazgo también se construye con determinación. Y desde ahí, paso a paso, ha hecho de su vida un acto de transformación.















