Las Santandereanas
Lunes 06 de octubre de 2025 - 03:50 PM

Alejandra Valdivieso: el arte de transformar la tierra en memoria

Alejandra Valdivieso dedica su vida a exaltar la berraquera y la belleza de su tierra. Su oficio se ha convertido en una forma de aferrarse a sus raíces y ‘adornar’ centenares de historias.

Suminitrada/Vanguardia
Suminitrada/Vanguardia

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Tras su vuelo nupcial, el único que hacen en su vida, las hormigas culonas reinas arrancan sus alas. Al caer, se deshacen de ellas para ‘echar’ raíces y comenzar una nueva colonia. Alejandra Valdivieso encontró aquello de lo que desprenderse para volver a empezar, con sus manos, corazón y berraquera.

Por las venas de Alejandra Valdivieso corre la misma fuerza con la que se labran las montañas de esta, su tierra.

Nació en Bucaramanga, creció entre el ejemplo de unos padres trabajadores y la elegancia de una madre que sembró en ella el amor por la estética, disciplina y carácter.

Aunque su vida parecía estar destinada al derecho, y así lo fue por muchos años, un día entendió que su pasión estaba en el arte y el diseño.

Hoy, Alejandra dirige su propia empresa de joyería, una marca que lleva su nombre y que ha logrado trascender fronteras. Pero lo que más le enorgullece es que es un reflejo de la identidad, fuerza y esencia de Santander.

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“Hagan lo que verdaderamente les hace felices. Uno sabe cuándo algo le hace vibrar el alma. Cuando haces las cosas con pasión, el éxito siempre llega, temprano o más tarde, pero llega”.

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La ‘hormiga reina’

“Me autoproclamé embajadora de la hormiga culona”, dice riendo. Pero detrás de esa frase hay una historia de persistencia. La construyó paso a paso, con tropiezos, tormentas, paciencia y fe.

Cuando decidió lanzar su primera colección inspirada en las hormigas culonas, muchos la miraron con extrañeza. “Al principio no fue fácil. Pasó más de un año antes de vender la primera pieza porque la gente lo veía como raro. Pero yo nunca me rendí”.

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Alejandra se lanzó con la convicción de que estaba creando algo único. Hoy, esas joyas son símbolo de fuerza, persistencia, trabajo en equipo y liderazgo. “La hormiga culona no es solo la identidad de mi marca, sino un símbolo de las mujeres que inspiran mi trabajo”, explica.

No era la primera vez que Alejandra enfrentaba un reto. Tras alejarse del derecho, vivió una primera quiebra y aprendió desde cero lo que significaba emprender.

“Lloré, llamé a mi mamá y le dije que tenía veinte mil pesos y no sabía si echarle gasolina al carro o almorzar”. Fue su madre quien, con amor y sabiduría, le enseñó a levantarse: “Me dijo: ‘Nena, empieza a hacer collares y véndelos’. Así empecé. Y para mi sorpresa, se vendieron”.

Aquella experiencia marcó el comienzo de un oficio que gira en torno al arte. “He tenido que recurrir muchas veces a la berraquera santandereana. Esa que uno hereda por el simple hecho de haber nacido en esta tierra”.

Suministrada/Vanguardia
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Transformar desde adentro

El año pasado, Alejandra presentó su colección El ciclo de sus alas, una propuesta que habla de la transformación y valentía. Con ella, la vida le trajo una prueba. Fue diagnosticada con un tipo de cáncer poco común, un linfoma anaplásico de células grandes. “Esto, más que derrumbarme, me hizo más fuerte”, dice sin titubear.

Arrancó sus alas y de allí nació una mirada más profunda sobre la vida y el sentido de su trabajo. “Con esa fuerza fui capaz de contar la historia de mi propia transformación. Y eso me llevó a ser nominada al premio de diseño más importante de Colombia, el Lápiz de Acero 2026”.

Esa resiliencia y temple son su herencia. “En mi casa aprendí la disciplina, la constancia y la autenticidad. Mi mamá siempre me decía: ‘Persistir y nunca desistir’. Y eso me caló profundamente”.

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Ante cada situación de la vida, se aferra a su ‘colonia’ y sigue. “Soy una mujer supremamente agradecida y feliz porque tengo una familia maravillosa que es mi principal sostén. Mi esposo, mis tres hijos, mis papás y mi hermana son para mí el núcleo principal y mi soporte emocional”.

Los atesora, pues está convencida de que el amor y la persistencia son, al final, las verdaderas joyas que nunca pierden su brillo.

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“Hay que agradecer cada paso, cada obstáculo y cada logro. Al final la vida no es solo llegar a la meta sino todo lo que te va sucediendo en el camino”

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Suministrada/Vanguardia
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Aferrarse a las raíces

“Para mí Santander es el corazón de mi marca y mi principal fuente de inspiración”, dice con orgullo.

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“Aquí nací, crecí y aunque durante muchísimo tiempo estuve en la búsqueda de mi esencia, fue precisamente al volver a mis raíces donde encontré el norte que necesitaba”.

Esa conexión con su tierra se convirtió en el pilar de su trabajo. Cada colección que diseña está inspirada en los símbolos, la cultura y el carácter santandereano.

“Santander no solo representa para mí el crecimiento personal y profesional que he vivido, sino que también es la esencia que me impulsa a mostrarle al mundo que desde esta región de Colombia creamos joyas con identidad, con historia y con un lenguaje universal”.

Su joyería nació del amor profundo por Santander. Bucaramanga, la capital joyera del país, fue también su punto de partida. Y en medio de ese amor por su tierra apareció este ícono inesperado que hoy la representa, o al revés: la hormiga culona.

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La voz detrás de las joyas

Hoy, cuando Alejandra habla de la mujer santandereana, lo hace desde el alma. “Dicen que somos bravas, pero lo que tenemos es temple”.

Su marca se ha transformado en una joyería sostenible, artesanal y de producción controlada. Trabaja con diez talleres artesanales de distintas regiones del país, generando empleo y preservando técnicas ancestrales como la filigrana y la fundición a la cera perdida.

“Mis joyeros son los mejores. No soy la más experta del taller, pero me meto todos los días para entender y aprender del proceso”.

La hormiga culona se ha convertido en la pieza más solicitada. “Cada vez que alguien me preguntan qué es eso que llevo, les explico que es símbolo de liderazgo, trabajo en equipo y transformación. Les cuento que las hormigas culonas reinas, después del vuelo nupcial, se arrancan sus propias alas para formar una nueva colonia. Y eso es lo que hacemos las mujeres cuando nos atrevemos a empezar de nuevo”.

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