Revista Nueva
Sábado 25 de junio de 2016 - 02:46 PM

“Voy a eliminar de mi vida a los perplados”: Mabel Lara

Sigo obsesionada con la forma en que las nuevas tecnologías nos han cambiado la vida. Adicta compulsiva como me siento al teléfono móvil -con las excusas de no desactualizarme o sentirme ‘chiviada’ si no reviso cada 15 minutos Twitter o las alertas de información-, asumo ante ustedes cómo he empezado a detestar esta faceta mía.

“Voy a eliminar de mi vida a los perplados”: Mabel Lara (Foto: Tomada de Internet /VANGUARDIA LIBERAL)
“Voy a eliminar de mi vida a los perplados”: Mabel Lara (Foto: Tomada de Internet /VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: REVISTA NUEVA

Hace poco estaba leyendo un libro que me tenía atrapada… y no pude quedarme más de cuatro páginas sin la absoluta necesidad de revisar mi teléfono. Es un hecho: he ido perdiendo la capacidad de concentrarme en los temas trascendentes de la vida, y quizás a muchos de ustedes les pasa igual.

Dispersos, balbuceantes y hasta lentos nos hemos convertido por cuenta de la tecnología que entorpece las relaciones. No me refiero a la tecnología en general, sino al mal uso que hacemos de ella; la que está presente en el café mientras nos reencontramos  con amigas, la de las tabletas de nuestros hijos que nos ayudan a calmarlos en el supermercado o en la sala de espera del doctor, y peor aún, la abusiva entrometida que aparece en casa mientras estamos con los nuestros.

Hace al menos unos diez años se introdujo al idioma inglés una palabra que Daniel Coleman -uno de los teóricos de la inteligencia emocional y la atención-, en compañía de otros expertos, utilizó para definir una de las acciones más repetitivas de nuestra sociedad moderna: pizzled, que es algo como “perplados”: la mezcla entre perplejidad y enfado de quienes ven cómo la persona con quien están hablando no tiene problema en revisar el mensaje que aparece en la pantalla del celular. ¿Se reconocen? ¿Les ha pasado?

Hemos perdido el encanto de pasar más tiempo con personas reales. Hoy, los chats familiares, de oficina, de actividades son los espacios de interacción con los otros (esto sin poner en consideración el trastorno de déficit de atención que está en la lista de los terapeutas de niños y adultos).

Estamos en la época del empobrecimiento de la atención, de las relaciones, y vamos olvidando la delicia de la desconexión. ¿Quizás en el futuro seremos unos ‘duros’ tecnológicos y analfabetas emocionales?

Asusta  el panorama y lo único que personalmente me hace tener esperanza, es que como adicta tecnológica sigo extrañando el roce, el beso, la caricia y la mirada a los ojos. Me comprometo a eliminar de mi vida a los perplados por respeto, por convicción. Empiezo campaña por esto… ¿y vos?

Publicado por: REVISTA NUEVA

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