Casi el 90 % de los accidentes cerebrovasculares está asociado a factores de riesgo modificables. Controlar la presión arterial, evitar el tabaco, mantener una alimentación equilibrada y reconocer las señales de alarma son medidas fundamentales para reducir su impacto.

Publicado por: Suministrado
El accidente cerebrovascular (ACV), también conocido como ictus, se produce cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro o cuando se rompe un vaso sanguíneo. El primero se denomina ictus isquémico y representa cerca del 85 % de los casos; el segundo es el hemorrágico y corresponde aproximadamente al 15 %.
Esta condición es una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo. Aunque no todos los casos pueden evitarse, actuar sobre los factores de riesgo permite reducir significativamente la probabilidad de sufrir un evento.
Factores de riesgo que se pueden controlar
Algunos factores no pueden modificarse, como la edad, los antecedentes familiares y la predisposición genética. Sin embargo, existen otros sobre los que es posible actuar.
La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo. Mantenerla bajo control ayuda a reducir la probabilidad de un ACV. También es importante evitar el tabaquismo, limitar el consumo de alcohol y realizar actividad física con regularidad.
La alimentación influye en la salud vascular. Reducir el consumo de sal, azúcares y grasas saturadas, e incorporar frutas y verduras, contribuye al control de la presión arterial, el colesterol y el peso.
Además, enfermedades como la diabetes y las alteraciones del colesterol requieren seguimiento médico. La fibrilación auricular, una arritmia cardíaca que puede favorecer la formación de coágulos, y la apnea del sueño también se relacionan con un mayor riesgo cerebrovascular.
Prevención en tres frentes
La prevención primaria busca evitar un primer episodio mediante el control de la presión arterial, la diabetes y el colesterol, una alimentación equilibrada, el ejercicio regular, el mantenimiento de un peso saludable y la eliminación del tabaco. Los controles médicos periódicos permiten identificar factores de riesgo y tratarlos oportunamente.
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La prevención secundaria está dirigida a quienes ya sufrieron un ACV o un ataque isquémico transitorio (AIT). En estos casos, el riesgo de recurrencia exige seguir las indicaciones médicas, mantener el tratamiento prescrito y controlar las condiciones que pudieron contribuir al evento.

Reconocer los síntomas puede salvar vidas
La prevención también implica identificar las señales de alarma. La caída de un lado de la cara, la pérdida de fuerza en un brazo o la dificultad repentina para hablar pueden indicar un ACV.
Ante cualquiera de estos síntomas, es necesario llamar de inmediato a los servicios de emergencia. No se debe esperar a que desaparezcan ni intentar resolverlos en casa.
En Bucaramanga, el Hospital Universitario de Santander es una de las instituciones de referencia para la atención de estos casos. La respuesta oportuna es determinante, porque el daño cerebral puede avanzar con rapidez.
La prevención y la atención temprana son complementarias: controlar los factores de riesgo disminuye la probabilidad de un evento, mientras que reconocer los síntomas y acudir a urgencias sin demora puede mejorar las posibilidades de recuperación. En el ACV, cada minuto cuenta.
Si tienes dudas sobre este o algún tema relacionado con la sección de Salud, puede enviar sus preguntas y un grupo de especialistas se encargará de resolverlas: preguntasdr.joaquinfernando@gmail.com













