Una serie que incomoda, remueve y obliga a hablar. Adolescencia, el fenómeno británico de 2025, no solo es una joya técnica con sus episodios en plano secuencia, sino también una potente radiografía de lo que viven hoy muchos jóvenes.

Publicado por: Redacción Tendencias
En pleno 2025, cuando parecía que ya habíamos visto todo en el mundo de las series, llega “Adolescencia”, una producción británica que no solo se metió en el radar de los seriéfilos más exigentes, sino que también puso a hablar a padres, profesores, psicólogos y hasta a políticos. Con apenas cuatro episodios —todos filmados en plano secuencia, una apuesta técnica que no es para cualquiera— esta serie nos mete de lleno en una historia que incomoda, sacude y obliga a mirar de frente realidades que muchas veces preferimos evitar. Lea también: Medusa: Netflix confirma segunda temporada y revela el nuevo misterio a resolver
La trama gira en torno a Jamie Miller, un chico de 13 años acusado del asesinato de su compañera de colegio, Katie Leonard. A partir de ahí, la serie abre una caja de Pandora: acoso escolar, redes sociales, violencia de género, masculinidades tóxicas, y la desconexión brutal que existe muchas veces entre padres e hijos. Todo contado en tiempo real, sin cortes, con una crudeza que no da tregua.
Desde lo técnico, “Adolescencia” es una joya. El plano secuencia no es solo un truco visual; es una decisión narrativa que nos obliga a acompañar a los personajes sin escapatoria, como si estuviéramos ahí, viviendo el horror y la confusión con ellos. Y lo logra: nos arrastra como un torbellino, como bien lo dijo el crítico español Javier Ocaña. El resultado es una sensación constante de ansiedad, impotencia y reflexión.

Pero lo que realmente ha hecho que esta serie trascienda la pantalla es su capacidad para generar conversación. ¿Qué estamos haciendo como sociedad con nuestros jóvenes? ¿Estamos escuchándolos o simplemente sobreviviendo con ellos bajo el mismo techo? ¿Qué rol juegan los adultos en un mundo donde Instagram y TikTok tienen más peso que la voz de una madre o un profesor?
En el Reino Unido, incluso hubo quienes propusieron incluirla en el currículo escolar. Y no es para menos. El primer ministro británico, Keir Starmer, habló públicamente sobre la necesidad urgente de abordar la misoginia y la violencia digital, después de ver la serie. Porque “Adolescencia” no suaviza ni endulza: muestra lo que pasa cuando los adultos se desconectan y el mundo digital se convierte en juez, jurado y verdugo.
¿Es una serie para ver con los hijos? Tal vez. Pero lo más importante es que es una serie para verla con los ojos bien abiertos y el corazón dispuesto a incomodarse. Porque lo que plantea “Adolescencia” no se queda en la pantalla: nos interpela, nos desafía y nos obliga a mirar hacia adentro. Y en un momento donde pareciera que todo es entretenimiento fugaz, eso es bastante decir.
¿Por qué ha dado tanto de qué hablar?
Por un lado, la crítica ha aplaudido la serie por su ambición técnica. El plano secuencia no es solo una decisión estética, sino una forma de meter al espectador en el mismo encierro emocional del protagonista. Las actuaciones, especialmente la de Owen Cooper, quien interpreta a Jamie, son brutales, desgarradoras. Uno termina con un nudo en la garganta, no por efectos dramáticos forzados, sino por la crudeza con la que se vive cada escena. Lea también: Ana de Armas desata el caos en el nuevo tráiler de Ballerina, el spin-off de John Wick
Sin embargo, no todo han sido aplausos. Algunas voces han cuestionado el enfoque narrativo de la serie. Se le critica, por ejemplo, que pone el foco demasiado en el victimario, dejando a un lado la historia y el dolor de la víctima. También hay quienes creen que la serie cae por momentos en el efectismo técnico: tanto plano secuencia podría terminar distrayendo del fondo del asunto.
Además, ha generado debate por la forma en que retrata la misoginia y la llamada “cultura incel”. ¿Está la serie visibilizando un problema real o, por el contrario, está simplificando un fenómeno complejo? Esa discusión sigue abierta, y tal vez ahí esté parte del valor de esta producción: no da respuestas fáciles, sino que lanza preguntas incómodas.














